Oriana, la joven que movilizó a Corrientes y apareció involucrada en un asesinato

Oriana, la joven que movilizó a Corrientes y apareció involucrada en un asesinato
Estuvo desaparecida casi un mes con un hombre de 56 años al que luego encontraron descuartizado. Para la Justicia, fue una fuga, pero los familiares sostienen que fue secuestrada para explotación sexual.

Para los investigadores, existe un manto de dudas sobre lo que aconteció durante los 27 días en que la joven estuvo ausente.

Entre enero y febrero de 2011, Oriana Aymará Caballero, una jovencita de 14 años, causó una gran movilización en la provincia. Su madre denunció que había desaparecido de su hogar en el barrio Quintana de la Capital y acusó al dueño de una verdulería de haberla secuestrado. Estuvo ausente 27 días, y la encontraron viviendo en una carpa junto a un joven de 22 años en el patio de una vivienda de la localidad de Empedrado. Al día siguiente, hallaron el cuerpo del acusado, estaba descuartizado y sus partes fueron diseminadas en fosas, a metros de donde estaba la pareja.

El drama para la familia Caballero se inició la tarde del 20 de enero, cuando la menor fue vista por última vez. Su padres acusaron directamente a Jorge Rondoni, un hombre de 56 años con supuestos antecedentes por delitos sexuales que vivía en el mismo barrio y desapareció el mismo día que la menor. Oriana había estado trabajando para él y desde ese día no hubo más noticias de los dos.

La denuncia fue radicada en la Comisaría de la Mujer y el Menor, donde tomaron el caso como una Supuesta Fuga de Hogar. Desde entonces, la fotografía con la imagen de la adolescente y el hombre circuló a través de los medios locales. Incluso se organizaron marchas para pedir por su pronta aparición, y los operativos de búsqueda se extendieron hasta la provincia de Misiones. Pasó casi un mes hasta que se tuvieron novedades.

En la mañana del 16 de febrero, una mujer, que se identificó como Susana, llamó desde Empedrado a un programa radial de la emisora LT7. Dijo al aire que había visto caminando a una jovencita muy parecida a Oriana en la zona de la playa y que estaba acompañada por otros hombres. La Policía tomó conocimiento del dato y fue hasta el lugar para iniciar el rastrillaje. En pocas horas dieron con la menor, estaba viviendo en el patio trasero de una casa cercana a la costa del río, pero no estaba con Rondoni como se temía, sino con Jacobo Guerra, un joven de 22 años, oriundo de Paso de los Libres.

SORPRESA

La adolescente fue puesta a resguardo de la Justicia y la trasladaron hasta la Capital, donde quedó alojada en la Comisaría que intervino en su búsqueda. La sometieron a estudios médicos y determinaron que estaba bien de salud, más allá de un estado de shock por la situación vivida. En Empedrado, Guerra quedó demorado para prestar declaraciones, y los policías comenzaron a buscar al presunto secuestrador al que creían prófugo.

El trabajo no demoró mucho tiempo. Al día siguiente, los perros entrenados de la Fuerza se mostraron nerviosos en ciertos puntos del patio de la casa, cerca de la carpa en la que encontraron a los jóvenes. Los policías comenzaron a excavar y desenterraron diferentes bultos. Cada uno era una parte del cuerpo descuartizado de Rondoni.

El informe forense reveló que llevaba, al menos, tres días muerto y que la causa había sido un profundo corte en el cuello. La causa tomó así un giro inesperado, y Oriana debió prestar declaración a través del método de la Cámara Gesell. La jueza de Menores, Irma Domínguez, determinó su traslado al hospital de salud mental San Francisco de Asís, generando una fuerte polémica por los reclamos de sus padres y del abogado de la familia, Hermindo González.

Su estadía se extendió casi una semana, durante la cual Guerra se quebró y confesó ser el autor del crimen y develó otros detalles del tiempo en que Oriana vivió con él. Dijo que conoció a la joven cuando ella llegó a Empedrado con la víctima, entabló relación con ambos y en especial con ella. Sin embargo, la tragedia se dio una noche cuando el dueño de la casa no estaba y el propio Guerra se encargó de cortar y enterrar los restos.

Su confesión fue suficiente para la Justicia y desde ese momento el asesino fue llevado hasta la Unidad Penal de San Cayetano, donde todavía aguarda un juicio. En cuanto a Oriana, su custodia fue otorgada al padre, con quien fue a vivir a los pocos días. Hoy, a más de dos años de los hechos, la joven sigue tratando de recuperarse de ese oscuro episodio. Guerra dijo esperarla en la cárcel.

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