Pese a la caída de su popularidad, el mandatario, según un sondeo, superaría en una hipotética elección a cualquier candidato opositor
WASHINGTON.- Pese a la caída constante que arrastra desde hace un año en las encuestas y a la apabullante derrota que sufrió el Partido Demócrata en las elecciones legislativas de noviembre, la probabilidad de que Barack Obama logre la reelección para la presidencia de Estados Unidos en 2012 está intacta.
El mandatario le ganaría hoy de nuevo a cualquier candidato republicano en un hipotético enfrentamiento, según reveló un sondeo de la cadena NBC y The Wall Street Journal.
Según la encuesta, la popularidad de Obama cayó al 45%, la más baja de su mandato, pero, incluso con ese nivel, el presidente derrotaría a la ex gobernadora de Alaska y referente del movimiento ultraconservador Tea Party, Sarah Palin, por 22 puntos (55% a 33%). Contra el ex aspirante a la candidatura presidencial republicana en 2008 Mitt Romney se impondría con el 47% frente al 40%.
Y en un hipotético mano a mano con el senador por Dakota del Sur John Thune, posible candidato para las presidenciales de 2012, la ventaja sería de 20 puntos (del 47% al 27%).
En tanto, en una votación genérica, en la que los encuestados debían elegir entre Obama y cualquiera que se le opusiera del bando republicano, el presidente siguió con ventaja, aunque sólo por tres puntos: del 42% al 39%.
Las cifras sorprenden por la serie de golpes que ha sufrido la gestión del presidente: la reciente derrota electoral demócrata en los comicios de medio término del 2 de noviembre; el lento crecimiento de la economía (sólo un tercio de los votantes cree que las cifras mejorarán en 2011); la guerra en Afganistán; el alto nivel de desempleo y el avance del Tea Party.
Respecto del triunfo republicano en las legislativas, la encuesta reveló que el voto castigo no fue dirigido expresamente contra Obama, sino contra algunas de sus políticas y la dificultad de los demócratas de llegar a acuerdos con la oposición para sacar adelante asuntos de importancia.
En ese sentido, el 41% consideró favorable que los republicanos tomaran el control de la Cámara de Representantes, y sólo para el 27% de los consultados fue negativo.
La "paliza" electoral -como la calificó el propio Obama- no le ha sentado tan mal al mandatario. Desde entonces, el 63% de los norteamericanos aprueba su viraje hacia el centro y su deseo de alcanzar compromisos con la oposición.
El actual alineamiento de Obama con los republicanos para prorrogar los recortes de impuestos para los ricos lo enemistó temporalmente con los demócratas progresistas, aunque los analistas consideran que el presidente aún cuenta con el apoyo de una base consistente.
Lucha partisana
Anteanoche, luego de una desgastante lucha partisana, el Congreso norteamericano aprobó un controvertido plan de 858.000 millones de dólares en recortes tributarios hasta 2012 y en subsidios de desempleo.
Con 277 votos a favor y 148 en contra, la Cámara de Representantes aprobó el paquete tributario negociado por la Casa Blanca con los republicanos la semana pasada.
La medida, que los demócratas intentaron modificar durante tres horas de áspero debate, fue promulgada ayer mismo por Obama. "Es una gran victoria para el presidente. Este acuerdo ayudará a la economía y a los que han perdido su empleo", dijo su vocero, Robert Gibbs.
Los recortes, aprobados durante la gestión de George W. Bush, vencían el próximo 31 de diciembre. El apoyo de Obama a la medida de su predecesor le vale, en estos días, bromas y enojos.
"Un estudio reveló que, aunque su nivel de aprobación es bajo, Obama todavía supera a los republicanos. ¿Han visto su plan de impuestos? El es el más prominente republicano", ironizó el popular animador televisivo norteamericano Jay Leno.
El plan, que se convirtió en máxima prioridad del gobierno, extiende por dos años los recortes de impuestos para todos los niveles salariales y a 13 meses los subsidios para dos millones de desempleados, por lo que el problema volverá a ser tema de discusión en la campaña presidencial de 2012.
Tras una larga jornada, el debate en el Congreso se vio caracterizado por acusaciones de ambos partidos de una lucha de clases en el país.
En general, los demócratas, molestos porque fueron marginados de las negociaciones por la Casa Blanca, se quejaron de que el plan extiende los recortes tributarios también a los ricos, que, a su juicio, no los necesitan.
Visiblemente agotada, la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, arrancó aplausos con un apasionado discurso en el que criticó las concesiones hechas a los republicanos, a cambio de recortar los impuestos a unos 155 millones de estadounidenses, entre ellos 6600 familias multimillonarias.
La aprobación del plan fiscal dio esperanza a la Casa Blanca de conseguir nuevas victorias legislativas.


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