Hace sólo tres días, la cuestión formó parte del encuentro que, a puertas cerradas, mantuvieron el presidente Barack Obama y su par cubano, Raúl Castro.
Lo cierto es que, como parte innegociable de la nueva era diplomática entre Washington y La Habana, el líder demócrata decidió ayer comunicar al Capitolio la decisión de remover a Cuba de la lista negra de países que patrocinan el terrorismo.
"Llegó la hora de remover a Cuba de ese listado", sostuvo la nota oficial del presidente a los legisladores. El Departamento de Estado, a su vez, comunicó que ese giro se impulsaba tras una "cuidadosa revisión".
Convertido en el primer paso concreto que se produce luego del histórico encuentro entre Obama y Castro, el retiro había sido una de las exigencias de agenda que impulsó el gobierno de La Habana en esta nueva etapa de la relación con Washington.
"Vimos algunos gestos, pero lo que esperamos ahora son los pasos efectivos", había subrayado luego de ese encuentro el ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez.
En la misma dirección pareció apuntar el propio Castro cuando, sentado junto a Obama tras su encuentro reservado, instruyó a las respectivas cancillerías para que ahora "llevaran adelante las directivas" de sus presidentes.
Ésa fue una de las sentencias más sugestivas que tuvo Castro en los minutos en los que, en un gesto tan inédito como el encuentro en sí mismo, compareció junto a Obama para informar lo que allí habían hablado.
Anoche no se conocían, por lo menos en lo formal, comentarios de La Habana sobre el anuncio. En esta ciudad, en cambio, el cruce de opiniones comenzó en el acto y de modo bastante virulento.
Hubo expresiones de júbilo por parte de quienes apoyan la nueva etapa diplomática. "El nuevo acercamiento ayudará a distender el clima en toda la región", dijo a LA NACION Carl Meacham, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés) con sede en esta ciudad.
En el Capitolio, si bien el grueso de las críticas provino de republicanos, no faltaron también entre demócratas. "Esto es un paso imprudente. Parece que ahora nos estamos haciendo amigos de nuestros enemigos", sostuvo el titular de la Cámara de Representantes, el republicano John Boehner, para quien el paso dado por el presidente es, cuando menos, "apresurado". Sin sorpresas, del lado demócrata, una de las principales críticas provino del senador por Nueva Jersey Bob Menéndez. El legislador, de origen hispano, no encontró justificación firme para retirar a la isla del listado. "Yo no veo una explicación", insistió.
Obama acompañó su decisión con una nota al Congreso en la que, apenas en cuatro párrafos, aseguró que su administración estaba en condiciones de afirmar que, "en los últimos seis meses", Cuba no ha dado apoyo al terrorismo.
El punto es clave. Según se explicó a LA NACION, uno de los requisitos de peso para salir de esa lista es comprobar que no haya habido actividad sospechosa de índole terrorista en un plazo no menor de seis meses.
La misma fuente explicó que, muy posiblemente, esa condición podría haberse constatado antes. Si no ocurrió fue por una mezcla de razones entre los que podría citarse cierta inercia política y un escenario político diferente al que abrió la decisión de normalizar relaciones.
En la misma nota, Obama señala que el gobierno cubano "dio garantías" de que no apoyará ninguna actividad de ese tipo. Las mismas fuentes indicaron que, en caso de constatarse evidencia en contrario, se dará marcha atrás con el procedimiento.
"Cuba no es una amenaza para los Estados Unidos", fue la categórica afirmación del presidente durante la reciente Cumbre de las Américas, que deliberó el fin de semana pasado en la ciudad de Panamá.
La cita regional sirvió de escenario para retratar los primeros contactos directos en medio siglo entre ambos gobiernos y la declarada apertura de una "nueva era" en su diplomacia, tras medio siglo de Guerra Fría.
LISTA NEGRA
Como parte del antagonismo que ahora se quiere superar, Cuba fue incluida en 1982 en el listado de países patrocinadores del terrorismo. Fue durante el gobierno del republicano Ronald Reagan.
La permanencia en esa lista implica serias limitaciones para operar con los Estados Unidos, sobre todo, en materia financiera, uno de los terrenos en los que el gobierno de La Habana está buscando oxígeno.
La norma es que, a partir de la comunicación, transcurran por lo menos 45 días antes de que pueda adoptarse una decisión concreta. En ese plazo, el Congreso, en manos republicanas, puede bloquearla.
Pero muchos creían anoche que era muy improbable que prospere esa votación, dado que hay republicanos que defienden la idea del acercamiento y de las nuevas oportunidades que eso puede implicar para el negocio de empresas norteamericanas.
LAS CARGAS DE ESTAR EN LA LISTA
Embargo de armas
Formar parte de la lista negra de la Casa Blanca implica la cancelación de la exportación de armas por parte de empresas norteamericanas
Monitoreo
La vigilancia de exportaciones con doble propósito
Fondos
Restricciones en la ayuda económica que envían las diferentes áreas del gobierno norteamericano
Créditos
Se suman restricciones o inhibiciones financieras, como el bloqueo de créditos en el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional e instituciones similares
Justicia
Ignorar la soberanía de esos países para permitir denuncias contra ellos en tribunales norteamericanos por daños civiles a las familias de víctimas del terrorismo
Impuestos
Denegación de deducciones fiscales para sueldos cobrados en esos países
Comercio
Eliminación del duty-free a importaciones provenientes de esos países. Posibilidad de prohibir a ciudadanos norteamericanos entablar relaciones financieras con esos países
Limitaciones
Se le prohíbe al Departamento de Defensa establecer contratos por más de 100.000 dólares con compañías controladas por los países de la lista.


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