Obama y "la muerte que cayó del cielo"

 Obama y

 La visita del presidente Barack Obama a Hiroshima tiene un enorme valor simbólico para entender el horror del primer holocausto nuclear en momentos en que se ciernen nuevas amenazas de un ataque atómico sobre el planeta.

Por Alberto Galeano

Esa sería la parte positiva del viaje de Obama que lo convirtió en el primer presidente estadounidense que visita Hiroshima, setenta y un años después de que fuera arrojada allí la primera bomba atómica durante el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Obama no es un presidente común. Su progresismo es repudiado por los conservadores, pero muchos estadounidenses admiran su coraje para tomar decisiones que antes eran impensables en otros mandatarios norteamericanos.

Quizás la historia recordará esta frase suya: "En una mañana clara y sin nubes, la muerte cayó del cielo y el mundo cambió".

Lo paradójico de esta visita o, mejor dicho, lo real es que Estados Unidos con sus misiles nucleares y sus inmensos arsenales forma también parte de esa amenaza de un tercer ataque nuclear, aunque existen nuevos actores como Corea del Norte.

Hoy, la Casa Blanca reclama el desarme atómico. Pero ¿qué pasaría si asumiera la presidencia de ese país el republicano Donal Trump, quien recomienda a Japón dotarse de sus propias armas nucleares?

La sombra del virtual candidato presidencial republicano, que según algunas encuestas podría derrotar a la demócrata Hillary Clinton, estuvo presente durante toda la ceremonia realizada en esa ciudad japonesa.

Bien o mal todo el mundo habla del magnate neoyorquino, incluso durante la cumbre del Grupo de los Siete (G7), que se realizó en la ciudad japonesa de Ise-shima, con la participación de los jefes de Estado de Canadá, Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Alemania, Italia y Japón.

Al visitar Hiroshima, Obama se distinguió de otros presidentes estadounidenses, aunque Jimmy Carter y Richard Nixon ya la habían visitado cuando no ejercían su mandato.

"No (pido perdón), porque creo que es importante reconocer que en medio de una guerra los líderes toman todo tipo de decisiones", dijo Obama a la cadena japonesa NHK.

Para la representante de la Fundación Sadako, Tomoko Aikawa, "es insólito que Obama tenga que pedir perdón" por las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki.

"Nosotros estamos muy contentos de que haya viajado a Japón. Porque Obama es uno de los grandes dirigentes del mundo. Gracias a Obama mucha gente va a pensar en las armas nucleares. Nosotros deseamos la abolición total de esas armas", afirmó Aikawa a Télam.

El gesto de Obama recuerda al de otros líderes mundiales que trataron en su momento de cerrar heridas del pasado, entre ellos el ex jefe del gobierno alemán, Willy Brandt, quien se puso de rodillas ante el gueto de Varsovia (donde los nazis mataron a por lo menos 71.000 judíos).

Hay quienes creen, sin embargo, que los ideales de Hiroshima se están deteriorando en Japón.

El rechazo a implicarse en aventuras militares está siendo analizado como nunca antes por el movimiento que lidera el primer ministro japonés, Shinzo Abe.

Abe, del Partido Liberal Democrático, dice que las restricciones impuestas a Japón son anticuadas y débiles, por lo que ha propuesto una serie de enmiendas constitucionales, incluyendo la retirada de la cláusula pacifista.

El líder japonés señala que el cambio es vital porque ha emergido China y una agresiva Corea del Norte nuclear, por lo que quiere transformar a Japón en un país con más libertad militar y un mayor involucramiento en los asuntos globales.

Para algunos japoneses, esta visión va en contra del "nunca más" inscripto en el memorial de guerra de Hiroshima.

Cualquier cambio de esta postura requiere la aprobación de los dos tercios de ambas cámaras del Parlamento y una mayoría de votos en un referendo nacional. El documento no ha sido alterado desde que entró en vigor en 1947, informó el diario The New York Times.

Pero cuando Abe llegó al poder en 2012 ordenó incrementar los gastos de defensa, levantó la prohibición que regía desde hace décadas para exportar armas y aprobó leyes de seguridad que por primera vez permiten a las fuerzas de defensa llevar a cabo misiones de combate en el extranjero.

Estos cambios han causado inquietud en muchas partes de Asia donde la memoria de la conquista y colonización japonesa aún permanece fresca, especialmente en China.

De todos modos, los japoneses reaccionaron muy bien ante la visita de Obama a Hiroshima, pero el primer ministro Abe dijo que no tiene previsto visitar el puerto de Pearl Harbor, en Hawai, donde en 1941 fue destruida parte de la flota estadounidense, lo que provocó el ingreso de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial.

China, por su parte, reaccionó de otra manera por la visita de Obama a dicha ciudad japonesa.

"La muerte de civiles japoneses en el ataque de Hiroshima merece la simpatía global, pero fue una tragedia que gestó el propio Japón", dijo el Partido Comunista Chino, según la agencia Xinhua.

Lo cierto es que luego de más siete décadas Washington asumió su responsabilidad moral por haber lanzado dos bombas atómicas, hecho que algunos historiadores consideraron innecesario ante la debilidad que mostraba Japón en aquellos momentos de la guerra.

Por el contrario, el presidente estadounidense, Harry S. Truman dijo que adoptó esa actitud para salvar la vida de miles de estadounidenses, ya que el Japón imperial no quería rendirse.

Comentá la nota