Estados Unidos se puso ayer a la cabeza de la ayuda internacional a Haití. El presidente Barack Obama ordenó a su gabinete que colocara al devastado país caribeño como su prioridad y anunció que Washington dará una ayuda inicial de emergencia de 100 millones de dólares, una cantidad que irá creciendo al correr del año.
Pero la ayuda de Omaba es más que caridad. Al presidente lo mueve la preocupación concreta de que la devastadora situación abierta por el terremoto genere que una oleada de refugiados haitianos acabe llamando a las puertas de Estados Unidos, donde viven 850.000 inmigrantes haitianos. La mitad de ellos reside en Florida, cuya principal metrópolis, Miami, sólo dista a una hora de vuelo de Puerto Príncipe.
El martes, Obama detuvo el proceso de deportación de unos 30.000 inmigrantes haitianos ilegales y pidió a su antecesor, George W. Bush, y al ex presidente Bill Clinton, que sean los encargados de coordinar de forma conjunta la ayuda de EE.UU. Clinton está muy vinculado a Haití desde 1994, cuando intervino para ayudar a reponer en el poder al depuesto Jean Bertrand Aristide, el primer mandatario electo por voto popular tras décadas de dictaduras militares. En la actualidad, además, Clinton es el enviado de la ONU para la isla. Mientras Wasghinton encabeza la movilización mundial de ayuda a Puerto Príncipe, el presidente francés Nicolas Sarkozy pidió que Estados Unidos, Brasil, Canadá, junto a Francia, convoquen una "gran conferencia" para la reconstrucción del devastado país.




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