Desde Texas, reprochó la "politiquería" de los republicanos, que lo acusan porla crisis de los migrantes ilegales
Sin sorpresas, la crisis de los "chicos migrantes" se convirtió en nueva materia de reproche entre el gobierno y la oposición republicana, con una escalada que puso al presidente Barack Obama a la defensiva y sin más reacción que reprocharles a los críticos que "busquen hacer política en lugar de resolver las cosas".
Con el presidente norteamericano cerca de la frontera por donde se filtra el sangrante tráfico de menores indocumentados -pero sin hacerse presente en el punto neurálgico- el cruce de reproches ganó voltaje. "No pensamos firmarle un cheque en blanco" al mandatario, dijeron los republicanos. "En vez de hacer politiquería, podrían sentarse a buscar una solución a las cosas", terció Obama.
No es la primera vez que ambos cruzan armas amparados, precisamente, en esos mismos escudos: la Casa Blanca reprocha "politiquería" y los republicanos sacan a relucir la "responsabilidad de no firmar cheques en blanco".
Pero, por debajo de esos fuegos de artificio, esta vez se lo ve incómodo a Obama, incapaz de dar una solución hasta ahora al penoso escenario de los chicos que llegan a través de la frontera en busca de sus padres, ya instalados en Estados Unidos e incapaces de darles una visa para que entren legalmente.
"Yo trabajo en soluciones y no para sacar provecho de una foto", se excusó al presidente ante los reproches de quienes objetaron que no aprovechara su gira por Texas para acercarse al epicentro de la crisis. Obama fue criticado especialmente por no visitar ninguno de los albergues en los que se da cobijo a los menores que son capturados por las patrullas fronterizas.
La situación en la frontera estalló en momentos en que la Casa Blanca buscaba, sin éxito, una victoria en el ámbito migratorio, en especial con los votantes hispanos. Algo que ahora, y de cara a las elecciones legislativas de noviembre, parece alejarse.
Se trata de un desafío que incomoda a ambos partidos por igual, pero, en el corto plazo, parece dar más rédito a los republicanos, amparados en el reproche permanente al presidente. Sus principales referentes en la materia endurecieron su discurso en las últimas horas y responsabilizaron directamente a la Casa Blanca por lo que pasa.
"Esto es consecuencia de los errores en política migratoria oficial", dijo el gobernador de Texas y posible candidato presidencial por los republicanos Rick Perry, el mismo que en la campaña de 2013 se olvidaba de lo que quería decir en pleno debate.
Como anfitrión de Obama en su gira, Perry emitió un duro comunicado al término de una reunión de trabajo a puertas cerradas. El texto no sólo evita cualquier compromiso para el paquete de gastos suplementarios por 3700 millones de dólares para atender la emergencia que pide la Casa Blanca, sino que insiste en culpar a sus "errores" por lo que está sucediendo.
Al mismo tiempo, en esta ciudad, la cúpula republicana en el Congreso puso muy en duda el voto de esa partida extraordinaria. "No me parece que haya que firmarle otro cheque en blanco al presidente", dijo el saliente líder republicano en la Cámara baja, John Boehner.
A coro, los senadores John Cornyn y Ted Cruz criticaron el plan de Obama, mientras que su ex adversario por la presidencia y referente partidario, el senador por Arizona John McCain, se sumó al rechazo. "Hace falta bastante más que seguir pidiendo dinero", dijeron.
Pero dentro de las filas republicanas también hay quienes objetan esa posición y temen que pase facturas. "Fuimos enviados al Capitolio para hacer frente a los problemas difíciles, no para tomar el camino más fácil', reprochó el congresista republicano Mario Díaz-Balart, molesto por la negativa de su bloque a abordar una reforma migratoria.
Ésa es la misma línea en la que cargó Obama en la defensa de su posición. "La única pregunta válida es por qué los republicanos preocupados por este tema no firman de una vez la reforma migratoria en lugar de seguir dando vueltas", reprochó..


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