Obama, ante la encrucijada de intervenir o dejar hacer

Analiza una acción militar, pero teme desatar una ola de críticas

WASHINGTON.- Libia vive una virtual guerra civil y, en la medida en que el caos se profundiza, crece el desafío para el gobierno de Barack Obama, ante la mirada de quienes esperan que ejerza de algún modo más efectivo su papel de líder mundial.

Desde que la revuelta empezó, los libios que se movilizan contra Muammar Khadafy vienen pidiendo apoyo a las potencias extranjeras para expulsarlo. Algunos hasta solicitaron que se lancen ataques aéreos contra los centros de poder del desgastado líder o que les suministren armas para mantener la batalla. Nada de eso parece haber cuajado, incluso, entre quienes aquí cuestionan a la Casa Blanca por no apoyar más abiertamente a los rebeldes.

"Me encantaría poder entregar armas a las fuerzas de oposición en Libia, pero no sé quiénes son ni a qué apuestan", admitió el senador republicano Lindsey Graham.

"Si algo hemos aprendido de las experiencias de Irak y de Afganistán es que es necesario saber con quién te estás asociando y la verdad es que hay, al menos, una treintena de líderes tribales en Libia", añadió quien es uno de los principales voceros del bloque opositor en el Senado.

Hasta ahora, nadie piensa en ver una bota norteamericana sobre la arena del país africano.

Khadafy, en tanto, pone en evidencia otro cerco, al operar como un recordatorio viviente del limitado poder de una potencia -o de la comunidad internacional- cuando se enfrenta con líderes fanáticos dispuestos a resistir al precio que fuera. Y esto es lo que empieza a molestar aquí.

"Estamos considerando opciones, militares y no militares" para Libia, admitió el jueves último Obama, al reconocer que la participación de Estados Unidos en el conflicto podría ser mayor. Con ello, se hizo cargo también de la presión que empieza a notarse en esta ciudad a favor de no abandonar a los rebeldes.

Los primeros en enarbolar ese discurso vienen de la derecha. "Abandonó a la gente que, en el terreno, esperó mayor apoyo moral de los Estados Unidos, mientras que, fronteras adentro, decepcionó a los norteamericanos que esperan un poco más de liderazgo norteamericano en el mundo", dijo Danielle Pletka, del American Enterprise Institute.

Contradicción

En rigor, lo que cuesta despejar en la Casa Blanca es cierto aroma de contradicción entre la idea de "transformación" de la que Obama se hizo carne, casi como una ofrenda personal, y esta suerte de "manos afuera" que viene aplicando en la Primavera de Medio Oriente y de Africa.

"El problema de Obama es que, al presentarse como el non plus ultra de la transformación, parece obligado a estar ahí donde la transformación ocurre", dijo a La Nacion Aaron David Miller, ex miembro del Departamento de Estado que hoy se desempeña como analista en el Woodrow Wilson International Center.

Hasta ahora, la Casa Blanca dispuso el mayor congelamiento de activos libios -30.000 millones de dólares- como una respuesta a la "persistente violación de derechos humanos, amenazas y ataques" contra la propia población y sanciones diplomáticas. Pero Obama ya deslizó que la participación de la Casa Blanca podría aumentar. La duda es cómo.

"Quiero tener todas las opciones", dijo el presidente, tras admitir que había pedido a los Departamentos de Estado y de Defensa "escenarios alternativos" para actuar. Pero, por muchos planes que haya, de lo que sí hay certeza es que "ninguno es agradable", como dice Miller.

La primera que enarboló dudas sobre una intervención militar fue la secretaria de Estado. "Todos los sitios de Internet que siguen Medio Oriente están con el discurso de que lo único que quieren los Estados Unidos es invadir Libia para hacerse con el petróleo" y que "hay que impedirlo a toda costa", dijo Hillary Clinton.

Obama sabe que algo más hará. Lo más probable es que busque un consenso internacional para actuar. "Obama es un líder y lo que hace es persuadir el voto del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas", dijo Heather Hurlburt, de la National Security Network, uno de los grupos de base del Partido Demócrata.

El presidente, por lo pronto, dice que "estudia opciones". Khadafy resiste y los rebeldes hacen lo que pueden, mientras todos, seguramente, claman de algún modo al cielo.

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