Finalmente, algunos episodios de la coyuntura obligan al gobernador Daniel Scioli a dejar de lado horizontes que parecían dominados por los efectos de lo previsible. En algunos casos, como en la inseguridad, no todo es color de rosa. Supone que mostrando una imagen de "alguien que se ocupa" es suficiente.
Pero no todo es tan marcado como un libreto que enuncia la realidad a discreción y a capricho del autor. El mandatario, en base a determinados elementos, vinculó arbitrariamente ciertas detenciones con el caso trágico de asalto a un blindado en Garín. En tanto, la otra realidad, la de la investigación, respondió duramente con una puesta en escena que dejó al descubierto su equivocación.
Hay una copia de estilos con respecto a su antecesor Carlos Ruckauf, quien ordenaba a sus ministros del área que se presenten de inmediato en los lugares calientes del conflicto con aquellos crímenes aberrantes que exigían la rápida resolución bajo la influencia de la lupa mediática. Pero esa gestión y ese estilo no son precisamente recordados de la mejor manera.
Scioli aprovechó su estadía en Israel para demostrar su poder de agenda. No se sabe seriamente si al presentarse como "presidenciable" consiguió las audiencias que finalmente se registraron, o si algún talento debe reconocerse en haberlas obtenido para, a partir de esa instancia, mostrarse a la gran carrera política.
Llamó la atención esa postulación, que Scioli deja crecer virtualmente en los medios, y no por casualidad, sino porque alguien opera esa hipótesis. Sobre todo cuando el kirchnerismo en su conjunto no pone en duda la posible reelección de Cristina Fernández a la luz de encuestas independientes. Tal vez quiera dejar en claro que un eventual renunciamiento de ella lo dejaría en un lugar de sucesión en esa candidatura.
En el plano interno, Scioli sigue mostrando sus estilos diferentes del kirchnerismo histórico. En la Provincia, cumplió con la cuota de consenso para el Presupuesto. No fue fácil para el Ejecutivo hacer importantes concesiones a la oposición, e incluso hacia algunos representantes del oficialismo.
Entre las exigencias opositoras estaban las de "capitalizar", por así decirlo, a las comunas, tratando de transformar parcialmente algún adelanto de coparticipación en ampliación. Incluso se prometieron algunos suplementos importantes en materia financiera. El alivio llegó sobre el final del año. Hay muchos intendentes preocupados. Si no fuera que son conductores de entes estatales, estarían llamando a concursos o quiebras. Pero, por otro lado, hay municipios donde son los principales proveedores de empleo. Y el atraso salarial o la situación precaria son permanentemente denunciadas desde ámbitos sindicales. Y la situación financiera lleva a lo social. Por ejemplo, en José C. Paz hay sólo 200 empleados de planta permanente, 1500 temporarios y 12 mil en cooperativas de servicios. El primer rubro tiene la garantía de la estabilidad, pero el resto, que es un 80 por ciento de la fuerza del trabajo real, está siempre a las expectativas de caminar por la cornisa social.
Los trabajadores provinciales no tienen mucho para diferenciarse de las zozobras de muchos municipales. Reclaman la recomposición correspondiente al segundo semestre, período sobre el cual el Gobierno mantuvo su firmeza en no reconocer pérdida del poder adquisitivo y, por consecuencia, no otorgar incrementos.
Sin embargo, por presiones de las últimas huelgas y movilizaciones, se adelantó la agenda de la discusión salarial para enero. Como gesto, tal vez, y en consonancia con anticipos realizados durante la semana pasada, Scioli está dispuesto a otorgar una suma fija a todos los estatales en base a la importante recaudación que dejó un remanente de 300 millones sobre diciembre.
Más allá de la noticia macroeconómica favorable, la información no fue muy alentadora para el consumo interno del gobierno provincial, y menos del actual director del ARBA, Martín Di Bella. Si bien esa recaudación fue importante, no fue suficiente para el gusto del gobernador Daniel Scioli. Los pronósticos debían indicar un promedio de incremento de recaudación del 38 por ciento y no del 24 por ciento, como finalmente ocurrió.
Según algunos analistas, no se le puede achacar a niveles de actividad económica sino a una mayor falta de precisión y eficiencia. Como ejemplo, los detractores indican que la Afip estuvo más cerca del 40 por ciento. Ese era el norte fijado por Scioli y no otro.
Detrás de esos números y estadísticas insuficientes aparecen los espectros o, mejor dicho, los efectos del padre de la criatura, Santiago Montoya, recientemente regresado al gobierno bonaerense.
Desde el grupo Banco Provincia, en el cual se encuentra ahora el ex recaudador, están acostumbrados a escuchar versiones desde hace meses. Al virtual reemplazo de Di Bella se llegó a escuchar la especie de un cambio por el titular de Hacienda, Alejandro Arlía.
Pero muchos atribuyen esos rumores a cierto "lobby" enemigo de la regionalización de la Provincia que está en etapa bastante avanzada y que podría dejar inhabilitados o con importante recorte de poder a muchos sectores, incluso de la dirigencia política.
Scioli, según pudo saberse, dio luz verde total a ese proyecto, que la semana entrante será presentado en importantes paneles compuestos por expertos internacionales, entre ellos de Chile, Francia y Brasil.
La regionalización tiene aspectos estructurales y coyunturales. Entre los primeros tendrá que ver con un nuevo esquema de Estado para dar respuestas en cuanto a servicios públicos, según señalan voceros provinciales. Entre los coyunturales está el reflejo que se dio oportunamente ante el avance del grupo de los ocho intendentes bonaerenses -encabezados por el jefe comunal de Tigre, Sergio Massa- y su proyecto de policía comunal.
Scioli intuye que habrá un importante sello de historia para su paso en la Provincia y no está dispuesto a desperdiciarlo, deslizan en la intimidad del gobernador.
Otras preocupaciones del día a día, sin embargo, existirán siempre y es posible que las enfrente con su habitual estilo de optimismo, por más que no se encuentre claro el rumbo de sus decisiones.






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