El drama de la joven wichi violada en el norte deja al descubierto la frágil estructura de salud de los lugares más alejados.
El único médico que hay en Alto la Sierra es un hombre boliviano que ejerce en nuestro territorio, aparentemente sin la reválida correspondiente.
Si el médico de Alto La Sierra ejerce sin el título habilitante en nuestro país, estanos infringiendo normas que regulan las matrículas y habilitaciones profesionales.
Los profesionales médicos no se sienten atraídos para desarrollar parte de su carrera en esa zona de la provincia, alejada, llena de privaciones, con poca comunicación, escasez de servicios, carente de comodidades domésticas mínimas y a veces ni aceptan ciudades más grandes del interior.
Los acuerdos laborales con los médicos recién egresados al momento de sus prácticas deberían incluir la presencia de esos jóvenes profesionales en lugares menos favorecidos.
La especialización de médicos recién recibidos demanda al estado más de un millón de pesos por cada uno de ellos. Desde esa perspectiva es casi inadmisible que un médico recién egresado no haga sus prácticas, devolviendo al estado el dinero invertido y la experiencia adquirida.
El ministerio de Salud debe revisar cuanto antes estos mecanismos para garantizar atención en los lugares más inhóspitos cuyos habitantes también son dignos de buenos servicios, hacer cumplir los contratos vigentes con los médicos y disponer que los s recién egresados cumplan parte de su actividad profesional en lugares del interior más alejados y difíciles
Jacinto Arauz, en La Pampa, donde René Favaloro fue médico rural antes de una eminencia mundial por sus aportes a la ciencia, no tendrá las condiciones de Alto La Sierra, en nuestro interior profundo, pero sería bueno revalorizar ese aspecto de la formación profesional, en el que se conjugan la quimera, el deseo, donde juegan los valores adquiridos en la cátedra y el sentido solidario con todos los que contribuimos a la formación de nuestros médicos.
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