Ahora sí, habrá debate. Será entre Daniel Scioli y Mauricio Macri, el 15 de noviembre. En estos dos nombres se sintetiza y concentra toda la política argentina de la coyuntura. Esto sucede en un escenario cambiado por el simple uso del voto. Una casi milagrosa aunque elemental recuperación de la fe en un país que oscila entre el jolgorio del éxito y la melancolía del fracaso.
Macri se siente el gran ganador del domingo. Percibe que la pelota está en su campo, y que solo debe ordenar bien el plan para llegar al arco contrario y convertir el gol de la victoria. Scioli está a la defensiva. Está en esa situación más allá de sus deseos, apretado por una realidad que comenzó a ser impiadosa. Cada cosa que decide parece una concesión. Lo es, ciertamente, el debate, al que se negó cuando se veía a sí mismo como un seguro ganador en primera vuelta, o –cuanto mucho- triunfante en una segunda anticipada por una ventaja apreciable, que el domingo se diluyó como en una pesadilla sorpresiva.
¿Cómo repercute este escenario Sico-político en Neuquén? En principio, pone en más problemas al MPN, que desde el sector mayoritario y oficialista había apostado por Scioli en primera vuelta. Sapag necesita dineros urgentes, y la dilación electoral lo fastidia. Tenía en marcha el reconocimiento de pago de deudas nacionales pendientes, entre ellas, la abultada del PAMI, que supera los 100 millones de pesos. El resultado del domingo no es una buena señal para el cumplimiento con lo prometido desde el gobierno de Cristina Fernández.
La posibilidad de que sea Macri el futuro presidente y no Scioli –hoy, objetivamente, más cerca de concretarse que antes del domingo- inquieta al gobierno neuquino, aunque lo tenía como variante en sus proyecciones futuras. Se sabe que el MPN tiene una habilidad singular en ubicarse rápidamente en el gusto y el sentir de los nuevos gobiernos nacionales. Pero, en fin, Macri sería una variable más dificultosa que la que podría ofrecer Scioli. No es que el MPN gubernamental vaya a encender velas en el altar del deseo sciolista a esta altura. Tal vez sea más lógico que acentúe sus buenos contactos (que los tiene) con el jefe del Gobierno porteño, mientras el sector que respaldó a Macri casi a último momento (en el que descolla un hombre, entendido en energía, José Brillo) dispone sus cubiertos, pone las servilletas, y se apresta a sentarse a una mesa con un festín austero aunque prometedor a punto de ser servido.
De aquí al 22 de noviembre seguirá, pues, la incertidumbre neuquina en cuanto a muchas cuestiones económicas que tienen que ver con lo inmediato. Serán meses difíciles, en medio de un tembladeral –positivo, pero tembladeral al fin- nacional, en el que nada puede asegurarse, nada puede recibir el certificado de inevitable.


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