El gobierno y la oposición sirias iniciarán el viernes una nueva ronda de negociaciones en Suiza que tendrá la difícil meta de poner fin a una guerra de cinco años que arrastró a las principales potencias y a los grupos islamistas más temidos: el EI y Al Qaeda.
Después de semanas de arduas negociaciones, y aún sin definición ni acuerdos en algunas de las cuestiones centrales, el enviado especial de la ONU para el conflicto en Siria, Staffan de Mistura, anunció que las conversaciones, que debían empezar hoy, arrancarán recién el 29 de enero y durarán seis meses.
El funcionario hizo el anuncio en conferencia de prensa en Ginebra, horas después de que Estados Unidos y Rusia presionaran públicamente para que el diálogo de paz comenzara antes de fin de enero, luego de un acuerdo multilateral alcanzado el mes pasado para dar inicio al proceso.
Unas 250.000 personas murieron en Siria y más de 11 millones se convirtieron en desplazados o refugiados desde que se desató el conflicto, que comenzó en 2011 con una revuelta contra el presidente Bashar Al Assad que rápidamente se tornó una guerra entre Damasco y grupos insurgentes, en su mayoría islamistas.
El mes pasado, con Estados Unidos y Rusia interviniendo militarmente en Siria, todas las partes involucradas, sirias y extranjeras, firmaron una hoja de ruta para iniciar un proceso de paz que establece una transición de 18 meses hasta la celebración de elecciones generales y el final definitivo de una guerra
Ayer, luego de conversar por teléfono, el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, y su par ruso, Serguei Lavrov, urgieron a todas las partes involucradas a aceptar el inicio de un diálogo de paz esta semana, según informó la Cancillería rusa en un comunicado citado por la agencia de noticias EFE.
De Mistura explicó en Ginebra que mañana enviará las invitaciones a las partes involucradas, pero aclaró que aún no se había resuelto el debate sobre qué grupo opositor debe participar de las conversaciones y cuál debe ser excluido por ser "terrorista", una de las cuestiones que más han demorado el inicio del diálogo.
Aunque existe consenso en que ni el EI ni la filial siria de Al Qaeda deben tomar parte del proceso de paz, Rusia -que junto con Irán es el principal aliado de Al Assad- rechaza la participación de grupos rebeldes apoyados por Estados Unidos, Arabia Saudita o Turquía por considerarlos "terroristas".
Tampoco hay acuerdo entre la misma oposición siria, que se encuentra dividida, sobre quién tiene derecho a participar de las conversaciones.
"El mandato que me dio el Consejo de Seguridad es ser lo más inclusivo posible y lo voy a ser", prometió De Mistura sin dar más detalles sobre quiénes serán, finalmente, invitados a sentarse a negociar en Ginebra.
La semana pasada el presidente de la Coalición Nacional Siria (Cnfros), la principal alianza en el exilio, George Sabra, anunció la conformación de la delegación que, según él, será la encargada de representar a las fuerzas contrarias a Al Assad.
Compuesta por 17 personas, la delegación opositora está presidida por el general desertor y referente del Ejército Libre de Siria, Asad al Zubi, y su jefe negociador será Mohamed Alush, responsable del Ejército del Islam, una milicia islamista que controla amplios territorios en la periferia de Damasco, la capital del país.
Esta delegación incluye también representantes del Consejo de Coordinación Nacional, la alianza que aglutina a la oposición dentro del país, pero este grupo se negó a aceptarla ya que considera que las milicias no deben participar de los intentos diplomáticos para encontrar una solución pacífica al conflicto sirio.
Por su parte, Damasco y sus aliados internacionales siguen rechazando la inclusión de grupos insurgentes islamistas en el proceso de paz.
Otro problema en este inicio del diálogo son las precondiciones que reclama el heterogéneo frente opositor sirio y la intransigencia que ya adelantó públicamente el gobierno de al Assad, que prometió no ceder nada.
El texto de acuerdo firmado en diciembre es ambiguo y poco detallado, por lo que ahora los grupos y milicias opositores sirios tienen varias exigencias antes de sentarse en la mesa de negociación en Suiza a finales de mes.
Piden que Damasco deje de atacar a la población civil, que ponga fin a todos los bloqueos militares a ciudades y pueblos que, según la ONU, están provocando una crisis humanitaria, y reclaman que Al Assad dé un paso al costado definitivo.
"Soy muy consciente del peligro de lo que pasó en Ginebra II, por lo que hay que ser muy cuidadoso", aseguró De Mistura y recordó que en la sesión inaugural de la segunda gran reunión negociadora de principio de 2014 los dos bandos sirios se acusaron públicamente y el proceso fracasó casi de inmediato.
Para evitar que esto se repita, el enviado de la ONU adelantó que el viernes que viene no habrá ceremonia inaugural y que, al menos en un principio, las dos partes sirias -el gobierno y la delegación opositora- no estarán en la misma sala, sino que se comunicarán a través de un mediador, que llevará y traerá las propuestas y contrapropuestas en el Palacio de la ONU en Ginebra.
De Mistura no adelantó cuál será el temario de la negociación, pero sí prometió que una de las prioridades será intentar alcanzar "un cese el fuego, una suspensión de hostilidades o una pausa de los combates".
El enviado de la ONU aclaró que las dos milicias insurgentes consideradas por todas las partes, locales e internacionales, como extremistas, el EI y el Frente al Nusra -la rama siria de Al Qaeda, no serán parte de dicho acuerdo, en caso de que se alcance.


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