Algunos no salen del shock por la noticia y otros esperan un papa más moderno
En Madrid, ante la catedral de la Almudena, los fieles manifestaron una cierta incredulidad, pero también una pizca de crítica ante el sorpresivo paso al costado del Santo Padre. "No sabía que el Papa pudiera renunciar, creía que debía seguir siendo papa hasta su muerte", dijo Gabriel Gar, un empresario de 46 años.
Por su parte, el jubilado Julio Ferreiro estimó que no se debería "haber elegido a un hombre tan mayor" para estar al frente de la Iglesia Católica. En abril de 2005, cuando Joseph Ratzinger asumió el pontificado tras la muerte de Juan Pablo II, tenía 77 años.
"La Iglesia necesita en estos tiempos que corren un papa progresista como Juan XXIII, que mire la vida de hoy y vea cómo avanza la sociedad", agregó.
Cerca de la catedral de Valencia, que Benedicto XVI visitó en 2006, Jesús González se mostró dubitativo. "Quizá está cansado de lo que ocurre en este momento en la Iglesia", especuló.
"Siempre pensé que una renuncia del Papa es como un divorcio, no es posible. Se sigue hasta el último suspiro", declaró con la misma sorpresa Hugh Stafford Northcote, director de una escuela de Gran Bretaña que estuvo con el Papa en Roma el sábado pasado.
"Recuerdo que nuestras miradas se cruzaron por una fracción de segundo y pensé que él no iba a permanecer mucho tiempo más en esta tierra", contó su esposa, Hillary.
"Me parece muy bien que no se quede hasta la muerte. Yo también tengo 82 años y sé que no se puede a esta edad seguir el ritmo al que está obligado un papa", estimó Olga Camus delante de la iglesia San Eustaquio, en París.
Junto a ella, otra jubilada, Bertille Vincent, dijo que siempre soñó con el día en que asuma la silla de San Pedro "un papa negro, descalzo y en andrajos".
En Polonia, la tierra natal de Juan Pablo II, Henryk Damaszewski se alegró desde Varsovia de que Benedicto XVI pueda descansar y dejar el camino abierto a la elección de un nuevo pontífice.
En Tierra Santa, la noticia dio lugar a todo tipo de rumores, como en Jerusalén, en donde se dijo que el Papa ya estaba muerto y que el Vaticano lo ocultaba.
Especulaciones
Religiosos polacos que se dirigían a la iglesia del Santo Sepulcro especularon acerca de las causas de la decisión del Papa, aunque sin mostrarse muy locuaces.
Por su parte, Enzo, un turista francés, aportó una nota de humor a la noticia. "Quizás encontró una mujer, si quiere empezar una nueva vida es ahora o nunca", comentó, jocoso.
En la iglesia de la Natividad de Belén, un joven palestino estimó que la gente común no sabía las razones de la renuncia, pero que creía que "el Vaticano sí las sabe".
También en África la noticia tuvo repercusión entre los fieles católicos. En Cotonou (Benín), Guy Kpakpo recalcó que el Papa se va en el momento en que la Iglesia atraviesa una "crisis profunda". Sin embargo, muy cerca de él, Rosalie Quenum Assogba consideró que la renuncia del Santo Padre es "un mensaje que va más allá de la Iglesia Católica".
Ante la catedral de Abidjan, en Costa de Marfil, Victor Seguei lamentó la renuncia del Sumo Pontífice. "Es el jefe de la Iglesia, debía dirigir su pueblo hasta el final y no dimitir", indicó.
En Manila, la capital filipina, Elvira Go fue categórica acerca de la noticia: "No habría renunciado si pensara que tiene fuerzas para continuar" la tarea, puntualizó. Ivy Taalip, empleada doméstica en la misma ciudad, se limitó a afirmar que la renuncia fue una expresión de la "voluntad de Dios".
"La iglesia nos ha enseñado siempre que los designios del Señor son impenetrables", agregó.
Incredulidad
La dimisión de Benedicto XVI tomó por sorpresa a los brasileños, que se encuentran celebrando el Carnaval, su mayor fiesta anual, en cientos de ciudades del país.
En Río de Janeiro es feriado, las iglesias están en su mayoría cerradas y las pocas que mantienen sus puertas abiertas están semivacías.
"Quedé muy sorprendido con la noticia, en general los papas trabajan hasta la muerte", dijo Valdecir Gonçalves, un comerciante de 48 años de Río de Janeiro, mientras hacía la fila del tren que sube a la famosa estatua del Cristo Redentor.
"Los que deben estar contentos son los evangélicos, porque esto debilita a la Iglesia Católica. Me gustaría que el nuevo papa fuera brasileño o al menos latino", destacó.
En México la noticia también causó una gran conmoción. En la capital mexicana, uno de los creyentes, Marco Antonio Chistz, de 60 años y corredor de bienes raíces, dijo que estaba muy "sorprendido" por la renuncia de Benedicto XVI.
"Todavía lo tengo que digerir, estoy como en shock. ¿Qué tan grave es su enfermedad como para que tenga que renunciar?", se preguntó.
Carmen Sánchez, ama de casa de 81 años que vive en Ciudad de México, comentó: "Siento mucha tristeza. Escuché en las noticias que a fin de mes renuncia. ¿Cuál es el motivo? Solamente Dios lo sabe".
Agencias AFP y AP.


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