La jueza Iara Silvestre pedirá hoy una batería de pruebas con vistas a esclarecer el homicidio de Marcos Maximiliano Luquín, el joven de 27 años que fue asesinado en una riña en el pabellón 1 alto de la Unidad Penitenciaria 4 la semana pasada.
Si bien la magistrada -que se reincorporó el lunes pasado tras sus vacaciones- no dio detalles de todas las medidas que solicitará hoy, se infiere que las pericias están ligadas al testimonio brindado el viernes pasado por un celador de la cárcel, quien es hasta el momento la única persona que declaró en la causa.
El viernes a las 10.30, el celador del pabellón donde fue asesinado Martín Maximiliano Luquín declaró durante más de una hora ante el juez federal subrogante, Enzo Rodríguez Dieguez, quien estuvo provisoriamente a cargo de la investigación hasta que se reintegró Silvestre. Sin embargo, la versión del agente penitenciario no ha trascendido porque los investigadores temen que algunas pistas podrían llegar a caerse.
"Las medidas están orientadas a determinar quiénes son los que participaron en la acción violenta y en función de eso determinar en qué calidad lo hicieron para después citarlos", dijo Silvestre a un cronista de este diario ayer a la tarde.
Por otra parte, LA ARENA logró saber también que la mujer de Marcos Luquín presentó un escrito en el que solicita constituirse en querellante en la causa que investiga el homicidio. La joven está siendo asesorada por el defensor oficial Carlos Riera. Hoy la jueza Silvestre también deberá resolver si hace lugar o no al requerimiento de la pareja.
El hecho.
El martes 27 de enero pasado el mediodía, Marcos Maximiliano Luquín y otros tres internos de la Unidad 4 fueron heridos en un incidente que se produjo en la planta baja del pabellón 1 de la cárcel. El enfrentamiento -o ataque, aún no se sabe a ciencia cierta- fue a punta de facas y ocurrió en medio del horario de visitas.
Tras el episodio, los heridos fueron trasladados de urgencia al Hospital Lucio Molas y dos de ellos dados de alta minutos más tarde y trasladados nuevamente a la U4.
No ocurrió lo mismo con Darío Aníbal Zapata, un interno de 35 años, que fue intervenido de urgencia por una herida cortopunzante y ahora permanece alojado en el área de terapia intensiva. Aparentemente, Luquín llegó sin vida al nosocomio: una puñalada certera le había perforado el corazón.
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