Momento de ebullición entre Scioli y sus diputados

"Es como el marido que llega a su casa con un ramo de flores tras haber estado con su amante", ejemplifican desde el sciolismo tras la ebullición en el bloque del FpV. Los diputados amenazan con abroquelarse ante la posible embestida del Ejecutivo provincial. Mientras los legisladores oficialistas dicen: "Lo hemos tratado mejor que a Felipe"
"Ya pasó", dice cada uno de los protagonistas del enredo para referirse al posible desenlace de la historia que comenzó hace algunas semanas durante un asado en Pinamar. Buscan bajarle el tono al culebrón estival de la política bonaerense.

Pero lo cierto es que el encuentro, del que participó una veintena de legisladores oficialistas (en el que se oyeron duras críticas a la conducción política de Néstor Kirchner y de Daniel Scioli), dejó heridas abiertas en los gobiernos nacional y provincial. Y la sed de castigo brota del látigo K.

En el Ejecutivo bonaerense descreen de las declaraciones públicas de fidelidad hacia "el proyecto" realizadas por los legisladores rebeldes, tanto como de los pedidos de disculpas camuflados detrás de entrevistas pacificadoras.

Tampoco confían en los comunicados que desmintieron el tenor de los cuestionamientos, ni en la sobreactuación de la solicitada de respaldo a Cristina, a Néstor y al ex motonauta.

"Es como el marido que llega a su casa con un ramo de flores para su esposa tras haber estado con su amante", ejemplifican desde el sciolismo.

Aseguran, además, que el santacruceño pide que ruede una cabeza. Enfurecido, quiere demostrar lo que les sucede a quienes cuestionan el "modelo".

La idea, entonces, sería esperar hasta marzo, cuando comiencen las sesiones ordinarias, para evaluar el impacto de las críticas en la dinámica legislativa.

Mientras tanto, piden pruebas de fidelidad al presidente de la bancada, Raúl Pérez (aliado del ahora massista Pablo Bruera), a quien endilgan haber oficiado de "vocero" del almuerzo. Amenazan con que, si no, impulsarán su reemplazo.

Con todo, la titularidad de una bancada es facultad exclusiva de los diputados que la componen.

"Ni Scioli ni sus ministros tienen representación territorial como para imponer cambios en la conducción de la Cámara. Sólo tienen 2 diputados en 92 y un senador en 46", explica una importante fuente del bloque justicialista.

"Scioli no se puede quejar porque trasciendan críticas, porque hasta ahora tuvo pleno acompañamiento de nuestra parte (más por una actitud institucional que por alineamiento político). Fue tratado incluso mejor que el propio Felipe", explica otra fuente.

El planteo de los diputados peronistas es mantener las autoridades elegidas en diciembre. "No porque Pérez sea el mejor referente, sino porque no estamos en condiciones de romper", manifiesta un legislador.

"No vamos a correr a Raúl. Menos, por lo que se dijo en una reunión informal. Eso sería asumir que estábamos ‘conspirando’", dice un aliado del platense. Y agrega: "No le conviene a nadie, porque si se rompe el bloque, se lleva a seis diputados consigo".

Unos y otros coinciden en dejar en claro que, como sea, no será el Ejecutivo provincial el que decida el destino de la bancada.

"Así como nos plantamos cada vez que quisieron entrometerse, o cuando pretendieron imponer a un presidente del Cuerpo, estamos firmes en esto. Les vamos a sacar todas las leyes que necesiten, pero no seremos la escribanía de la Gobernación", analiza una diputada.

"Scioli seguirá teniendo las leyes que podamos sacarle. Pero no inventemos crisis donde no las hay. No tiene problemas con el oficialismo, sus problemas son de financiamiento y que la oposición es mayoría", resume otro legislador.

Es claro que la idea común es que, ante cualquier amenaza de intromisión externa (más por mantener el espíritu de cuerpo que por profesarse sincero amor recíproco) los diputados se abroquelarán.

Esta vez -una vez más- juran que resistirán el intento de imposición de autoridades, provenga éste desde el sciolismo o desde Balcarce 50.

El final del relato permanece aún abierto. Sus páginas continuarán escribiéndose cuando comiencen las sesiones, y, como señala el dicho campero, en la cancha se ven los pingos.

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