Un miedo nuevo: la obsesión por el precio del dólar llegó a Brasil

La moneda norteamericana ya se cotiza a su máximo nivel en 12 años, US$ 3,30 por real; los brasileños no saben ahora cómo resguardar su dinero de la pérdida de valor; el espejo argentino.

Aparece ya todos los días en las tapas de los diarios: el dólar subió a su máximo valor en casi 12 años; el dólar retrocedió 10 centavos; el dólar vuelve a dispararse. En la televisión y las revistas se publican avisos de agencias de viaje con ofertas de paquetes del estilo "pague ahora con un dólar a 3,30 y despreocúpese cuando esté en Miami", junto a listas de qué conviene comprar acá y qué en el exterior, en dólares.

Se volvió también tema obligado en las charlas entre compañeros de oficina: ¿a cuánto cerró ayer?, ¿creés que va a llegar a cuatro reales? Y hasta se cuela en las mesas familiares: fulano te consigue un mejor tipo de cambio, ¿para el viaje conviene usar la tarjeta o llevar dólares y pagar en efectivo? Si no fueron porque estas cuestiones se pronuncian en portugués, hoy a los brasileños se los podría confundir con argentinos, siempre obsesionados por el valor de la moneda estadounidense en medio de las incertidumbres locales.

Hasta hace apenas un año, más allá de aquellos que trabajan en finanzas, los brasileños no seguían el día tras día de la cotización del dólar. Todos, absolutamente todos, los precios eran expuestos o negociados en reales. Además, con la moneda brasileña fortalecida, la gente viajaba al exterior regularmente -muchas más personas también accedieron a esta posibilidad gracias a los cambios sociales ocurridos en Brasil, especialmente en la última década- y no se hacía mucho problema por los gastos en dólares ni por el recargo impositivo por pagar con tarjeta de crédito brasileña.

Tal fue el caso de la carioca Simone Freitas, de 31 años, empleada de una tienda de muebles en Copacabana, quien se fue con dos amigas a Nueva York a pasar Año Nuevo, cuando el dólar cotizaba a 2,65 reales, y hoy tiene que hacer esfuerzos para pagar los gastos en su tarjeta, con un dólar que la semana pasada alcanzó los 3,30 reales (para luego acabar la semana a 3,23).

"Como siempre, había ahorrado en reales y no llevé más dólares que lo necesario para tener algo de cambio en la billetera. Pagué el hotel, el pasaje y todas las compras con tarjeta; cuando me llegó el resumen, representó un 20% más de lo que tenía planeado, además del 6,38% más por el impuesto a las operaciones financieras con tarjeta en el exterior. ¡Es mucha la diferencia! Si hubiera sabido que el real se depreciaría tanto, habría ido comprando dólares para ahorrar", se lamentó a LA NACION.

A diferencia de los argentinos, para los brasileños de hoy el ahorro en dólares es un concepto extraño. Desde que se introdujo el Plan Real, en 1994, durante el gobierno de Itamar Franco, con Fernando Henrique Cardoso como ministro de Economía, poco a poco, los brasileños comenzaron a confiar más en su moneda y en la estabilidad económica.

Atravesaron algunos picos de devaluación, como en 1999, cuando Cardoso ya era presidente y se pasó del régimen de cambio fijo a cambio fluctuante, o en 2003 cuando los mercados temieron un dramático giro a la izquierda con la llegada de Lula al poder.

Pero más allá de esos breves períodos, el mayor enemigo del valor del real fue la inflación, que en las últimas dos décadas se fue controlando a la par del crecimiento de la economía, con metas oficiales del 4,5% anual y un margen de dos puntos más o menos.

Ahora, sin embargo, el techo de esa meta ya fue perforado y la inflación de los últimos 12 meses es de 7,9%, el mayor nivel en diez años, mientras que la economía no da señales de recuperación y está al borde de la recesión (se estima que el PBI de Brasil se reducirá este año en torno al 0,7%).

"Para las generaciones actuales de brasileños, acostumbrados a una economía pujante y un real valorizado, el ahorro en reales es una cuestión cultural. A nadie se le ocurre ahorrar en dólares en casa, como se hacía antes del Plan Real, cuando la inflación mensual del 30% erosionaba mucho el salario. Todavía no se ve un movimiento hacia el dólar ahorro, la gente sigue poniendo su dinero en otros productos como cuentas de ahorro o títulos del gobierno. Pero sí ya vemos que hay empresas con deudas en moneda extranjera que están comprando más dólares para protegerse ante una depreciación mayor del real", señaló a este diario Reginaldo Galhardo, gerente de cambio de la agencia Treviso Corretora, en San Pablo.

LA POLÍTICA NO AYUDA

Los temores empresariales sobre una mayor devaluación del real tienen razones internas y externas. Del lado interno, además de la creciente inflación y el estancamiento económico, preocupan las turbulencias políticas con las que empezó el segundo mandato de la presidenta Dilma Rousseff, que dificultan la aprobación del programa de ajuste fiscal promovido por el ministro de Economía Joaquim Levy, de perfil neoliberal, para recuperar el crecimiento económico.

Ya antes de las elecciones de octubre había roces entre el oficialista Partido de los Trabajadores (PT) y su principal aliado en la coalición gobernante, el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), pero ahora las diferencias por las cuotas de poder se tradujeron en abiertos enfrentamientos entre el Ejecutivo y el Congreso, presidido por el PMDB. Las revelaciones del escándalo de corrupción en Petrobras, por el que están bajo investigación políticos tanto del PT como del PMDB, genera aún más tensiones y desconfianza en la base aliada y, por ende, incertidumbre económica.

Del lado externo, existe una gran expectativa de que, con la recuperación de la economía de Estados Unidos, la Reserva Federal comience a elevar las tasas de interés, lo que llevaría a que los capitales que fluyeron hacia economías emergentes -y más riesgosas- como Brasil busquen refugio en inversiones estadounidenses.

Por otra parte, China, principal socio comercial de Brasil, redujo sus proyecciones de expansión económica para este año y eso repercutirá en menores compras de productos brasileños, como soja y mineral de hierro. Estas commodities, como el petróleo, ya venían con una firme tendencia de caída en sus precios.

"En todo el mundo, el dólar se está valorizando, pero en Brasil el proceso se acentuó por los problemas económicos y políticos. Hay inquietud por lo que pueda pasar con una economía más deteriorada, si la inflación se sale de control, y por cómo se resuelven los problemas políticos, que, como vimos el último fin de semana, ya se trasladaron a las calles, y pueden generar una crisis social", advirtió a LA NACION el economista Rodolfo Oliveira, de la consultora Tendencias.

Frente a este complejo escenario que produce mucha volatilidad en el tipo de cambio entre el real y el dólar, el Banco Central brasileño mantuvo hasta ahora su programa de subastas de swaps cambiarios, iniciado en agosto de 2013 y que tiene como fecha para acabar el 31 de marzo. Los inversores esperan que, a partir del próximo mes, el banco retire algunos elementos del programa y reduzca su alcance, lo que podría llevar al real a depreciarse aún más. Se beneficiarían las empresas exportadoras para vender sus productos afuera, pero los brasileños que pretendan viajar al exterior se verán más perjudicados.

No obstante la caída del valor del real, el brasileño ya incorporó el hábito del viaje por placer a su presupuesto y no está dejando de planear salidas para Semana Santa o para las vacaciones de invierno. Según datos de CVC, la mayor agencia de viajes de Brasil y de América latina, Miami-Orlando se mantiene como primer destino, seguido por Buenos Aires, el Caribe y Europa.

"En períodos de alta del dólar, lo que percibimos es que el consumidor adapta su viaje al presupuesto con alternativas como, por ejemplo, alterar la categoría de hotel de cinco para cuatro estrellas, o hasta reducir los gastos de compras en el lugar. Estados Unidos y los países sudamericanos continúan siendo los destinos internacionales preferidos y más visitados por los brasileños, pese a que el alza del dólar favorece aún más los viajes domésticos -que hoy representan el 60% de nuestras ventas-, y estimula los viajes a Europa, ya que el euro está bastante atractivo frente al dólar", indicó Luiz Eduardo Falco, presidente de CVC.

Asustado por el aumento del dólar en los últimos dos meses, el comerciante paulista Sergio Andrade, de 45 años, decidió postergar un viaje familiar a Miami. Su esposa, Paola, lo está presionando para aprovechar ahora el euro barato e ir a conocer Lisboa con sus dos hijos, pero él se inclina por volver a la Argentina.

"Ya fuimos otras veces, nos manejamos muy bien con eso del dólar blue y pagar todo en efectivo. Es mejor que nos vayamos acostumbrando a esa realidad en crisis de nuestros hermanos", apuntó con resignación..

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