Miles de manifestantes protestaron contra el gobierno; enfrentamientos aislados con la policía
Los peores choques, con piedras y cócteles molotov de un lado y disparos de balas de goma y gases lacrimógenos del otro, ocurrieron en Brasilia y en Río de Janeiro, donde se realizaron los principales desfiles militares.
Unas 40 personas fueron detenidas en la capital, donde la presidenta Dilma Rousseff encabezó la ceremonia cívico-militar, mientras que en la Cidade Maravilhosa por lo menos 27 fueron arrestadas por causar disturbios y destrozos. También se produjeron algunos enfrentamientos menores en San Pablo, Belo Horizonte, Salvador y Porto Alegre, y una treintena de personas resultó herida.
Según cálculos de la prensa brasileña, sin embargo, la concurrencia a las manifestaciones no alcanzó las 50.000 personas en todo el país. Muy lejos del más de un millón de brasileños que salieron a las calles tres meses atrás en reclamo de mejores servicios públicos y contra la corrupción política y el despilfarro en estadios para la Copa de Confederaciones y el Mundial de fútbol.
"No nos podemos considerar un país independiente cuando estamos regidos por la FIFA, por grandes corporaciones internacionales, nuestra propia presidenta es espiada por Estados Unidos y seguimos teniendo millones de personas sin acceso a salud y educación", explicó en televisión la estudiante Celia Frías, que protestaba en la Explanada de los Ministerios, en Brasilia, antes de que se generara desorden.
CAOS PREMEDITADO
Si bien muchos manifestantes convocados a través de Facebook y Twitter marcharon con reivindicaciones claras y variadas, expresadas en carteles, las protestas en Brasilia, Río de Janeiro y San Pablo se vieron presas de los llamados grupos "Black blocs", anarquistas violentos totalmente vestidos de negro, que llevaban los rostros cubiertos y acudieron con piedras, palos, hondas y bombas caseras con la clara intención de generar el caos.
En Río, un centenar de ellos logró invadir la pista central de la Avenida Presidente Vargas, en el centro, por donde pasaba el desfile militar, lo que causó momentos de gran tensión. A pesar de que las fuerzas armadas habían advertido que responderían con "acciones de autodefensa", no actuaron.
Por la noche, hubo nuevos choques frente al Palacio de Guanabara, sede de la gobernación estatal. En Brasilia, los enfrentamientos tuvieron lugar después del desfile presidido por Rousseff en la mañana, en las inmediaciones del estadio Mané Garrincha, donde las selecciones de Brasil y Australia jugaron por la tarde. En San Pablo, unos 200 "Black blocs" cortaron brevemente el tránsito en la avenida Paulista y depredaron varias agencias bancarias antes de ser dispersados por las fuerzas de seguridad.
Temerosos de la eventual violencia en las protestas, muchas familias desistieron de participar de los actos y las gradas de público estuvieron semivacías. Hasta la presidenta Rousseff había llamado a manifestarse en paz en su mensaje a la nación, en el que reconoció que Brasil aún tiene mucho trabajo por delante.
"El gobierno debe tener la humildad y autocrítica para admitir que existe un Brasil con problemas urgentes por vencer, y la población tiene todo el derecho a indignarse con lo que está mal y exigir cambios", resaltó la mandataria, quien tras las protestas de junio presentó varios pactos nacionales para aumentar las inversiones en transporte, educación y salud.
EL GOBIERNO COMPRA SATÉLITES ANTIESPIONAJE
Enfurecido por las recientes revelaciones de que Estados Unidos espió los correos y llamadas telefónicas hasta de la presidenta Dilma Rousseff, el gobierno brasileño aceleró sus esfuerzos por mejorar la seguridad de sus comunicaciones y proteger mejor sus secretos. Para esto acaba de comprar un nuevo satélite de comunicaciones a la empresa francesa Thales; además impuso la utilización de nuevas plataformas seguras de correo electrónico para sus funcionarios en Brasilia y decidió tender sus propios cables de fibra óptica para comunicarse con sus países vecinos, sin necesidad de utilizar las redes norteamericanas.
Funcionarios brasileños admiten que enfrentan problemas parecidos a los de otros países, molestos con las revelaciones sobre el vasto espionaje de la Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos: construir nueva tecnología es costoso y difícil, y no garantiza que los secretos estén a salvo del espionaje estadounidense. Por eso acudieron a empresas extranjeras de mayor confianza..

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