Mejoras que se mueven al ritmo de la política

Hernán de Goñi

El ministro de Economía, Amado Boudou sabe que si hay una dote que puede aportar a la propuesta electoral con la que Cristina Kirchner buscará la reelección, es un acuerdo por la deuda con el Club de París.

Está claro que un compromiso que permita alejar a la Argentina del estigma del default y libere nuevos créditos de sus estados asociados para financiar inversiones en el país será saludado por toda la comunidad financiera. Pero el kirchnerismo no debería trabajar con la expectativa de que una buena noticia conseguirá borrar los temores que le quitaron confianza en el pasado.

El acuerdo no debería configurar una negociación especulativa, como parece haber sido hasta ahora. Aunque hay factores técnicos complejos que demandan tiempo y trabajo, lo que impulsa los avances es sobre todo la voluntad política. Si en 2008 había convicción como para pagar con reservas (días antes de que se produzca la caída de Lehman), desde esa fecha la conciliación de cifras se movió a paso de tortuga.

Algo similar, pero en sentido contrario, es lo que puede suceder con el FMI y la discusión del nuevo IPC nacional. Aquí al Gobierno no le conviene apurar (de hecho se hará en 2012) porque el blanqueo del Indec no será un premio electoral, sino un lastre.

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