Medio Oriente: comienza un nuevo camino pleno de obstáculos Silvia Pisani

WASHINGTON.- Para muchos, es como si, a partir del próximo jueves, Barack Obama empezara a transpirar de verdad por el controvertido Premio Nobel de la Paz que recibió a fines de 2009.
Ese día comenzará aquí, bajo su auspicio, una nueva ronda de negociaciones directas entre israelíes y palestinos con el ambicioso propósito de alcanzar "en un año una solución global y duradera de paz" en la región, dijo la secretaria de Estado, Hillary Clinton.

Para Obama, es un momento de importante proyección internacional. Pero aquí no existe el mismo entusiasmo que en el Comité del Nobel sobre su gobierno y se percibe mayor cautela sobre lo que puedan arrojar las tratativas.

La principal duda estriba en el hecho de que los dos líderes -el premier israelí, Benjamin Netanyahu, y el líder palestino, Mahmoud Abbas- se sentarán a la "mesa para dos" sin que, en las negociaciones indirectas que se realizaron en los últimos meses, se haya alcanzado siquiera un encuadre o marco de referencia para las tratativas. "El diálogo se abre sin condiciones previas", dijo Clinton.

El otro punto oscuro es que la aislada Franja de Gaza parece haber quedado fuera de la mesa, luego de que el gobierno de Hamas anticipó su rechazo a una iniciativa que "sólo busca debilitar la causa palestina", según dijo su líder máximo, Khaled Mashaal.

Con ese negro presagio comienza la primera ronda de negociaciones directas en casi dos años; la más reciente terminó a fines de 2008, en el llamado Proceso de Annapolis. Y lo hace tan cargada de desconfianzas y de presiones como las que terminaron en fracaso en el pasado.

"Obama consigue con esto un paso importante para la recuperación de la influencia internacional de Estados Unidos. Pero los riesgos, las dudas y las dificultades son casi igual de grandes, si no más", dijo a LA NACION Thomas Groserclose, del Instituto de Ciencias Políticas de la Universidad de California (UCLA).

Aun así, la Casa Blanca aspira a llegar a buen puerto. Y entre los principales argumentos de quienes comparten su optimismo figura la apuesta política personal que hace el presidente.

"Estamos frente a un desafío formidable. El riesgo político que corre Obama es un dato importante", dijo a LA NACION Steve Cohen, autor del libro Un siglo de diplomacia fallida en Medio Oriente .

Añadió que el plazo de un año que se fijó para alcanzar resultados "expirará en coincidencia con el momento en que batallará por una segunda presidencia. Eso significa una apuesta política fuerte".

En el Departamento de Estado todo es expectativa. "Estamos viviendo el resultado de un trabajo diplomático continuo. El principal esfuerzo apuntó a tratar de mejorar la atmósfera para el diálogo. Y en eso seguiremos trabajando", dijeron a LA NACION fuentes de esa cartera.

Hasta ahora, no se conoce una "guía" para la negociación. Obama esbozó un marco en su celebrado discurso en Egipto, en junio del año pasado. "Israel debe reconocer el derecho de Palestina a existir", dijo entonces, convencido de que la creación de dos Estados es la única solución al largo conflicto.

Su buena voluntad presidencial no bastó para evitar que, aun antes de llegar a la mesa de negociación, existieran incomodidades.

Los palestinos llegan con la expresión "sin condiciones previas" de Clinton atravesada en la garganta: creen que esa exigencia, reclamada por los israelíes, de por sí es una concesión. "Toda negociación requiere términos de referencia, un calendario y obligaciones de ambas partes", objetó Saeb Erekat, el principal negociador palestino. Y, sin disimulo, deploró que Netanyahu haya logrado con sus repetidas peticiones de celebrar negociaciones "sin condiciones previas" dar la impresión de que la Autoridad Palestina se muestra renuente a negociar.

De todas formas, en sus primeras reacciones, dirigidas al público doméstico, ambas partes intentaron dejar en claro con qué pretensiones llegan a la convocatoria de la Casa Blanca.

Netanyahu dijo que las negociaciones "requerirán que ambas partes hagan concesiones" y reiteró varias exigencias rechazadas por los palestinos, como el reconocimiento de Israel como Estado judío y garantizar su seguridad.

También, la negativa a que refugiados palestinos regresen a lo que fueron sus antiguos hogares en Israel. Muchos de ellos aún conservan las llaves de viviendas que, en estos días, ocupan residentes israelíes, constató LA NACION.

Y, tras enumerar sus condiciones, el jefe del gobierno israelí advirtió "a los escépticos" ante las negociaciones directas con los palestinos que alcanzar la paz es "difícil", pero "posible".

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