En medio del caos sirio, la economía se descontrola y crece el mercado negro

En medio del caos sirio, la economía se descontrola y crece el mercado negro
El contrabando desde los países fronterizos aumenta y da lugar al surgimiento de empresas pequeñas y rentables
LONDRES.- Con su camión cargado hasta el tope de aceite vegetal, el camionero Mustafa Demir hace su recorrido habitual desde Turquía hasta la frontera con Siria para venderles a los rebeldes, que necesitan víveres con desesperación, ya que con la guerra se interrumpieron los canales de intercambio comercial convencionales.

"Del lado sirio necesitan de todo. La última vez llevé servilletas de papel", dice Demir.

"Suelo hacerles entregas a los rebeldes sirios, del otro lado. Llegan en su propia camioneta, el intercambio se hace del otro lado, y yo después me voy", señala este comerciante de 55 años, parado junto a su vehículo, a la cabeza de una larga fila de camiones que esperan para atravesar el ajetreado cruce fronterizo turco de Oncupinar.

Todos los días, cientos de camiones cargados hasta arriba de mercaderías que van de aceite a pañales hacen una fila de kilómetros de largo frente a Oncupinar, hoy convertido en un pujante punto de intercambio comercial con Siria.

En otros pasos fronterizos a lo largo de la montañosa frontera de Siria con Turquía, también pueden verse personas con valijas repletas de víveres, como leche en polvo para bebés, que luego venden en sus diferentes poblados, donde los precios se dispararon.

"La caótica situación en Siria, donde cada vez hay menos control central de la economía, es una nueva fuente de oportunidades para los comerciantes extranjeros sin vínculos establecidos con el régimen", dijo Torbjorn Soltvedt, de la consultora de riesgo Maplecroft.

En medio del caos de una guerra que se cobró más de 100.000 vidas y desplazó de sus hogares a millones de personas, los contrabandistas, intermediarios y pequeñas empresas que trabajan con despachantes encontraron la manera de hacer negocios rentables, operando desde países vecinos, como el Líbano.

La profundización del conflicto y los crecientes problemas de pago que enfrentan los proveedores en sus intercambios con Siria llevaron a que las empresas internacionales se muestren reacias a comerciar con ese país.

"Estamos viendo la aparición de empresas más chicas, que son las que ahora empujan el comercio", dijo una fuente europea del sector de fletes. "Los dueños de los barcos no quieren pagar el seguro contra el riesgo que implica atracar en Siria. Ahora las grandes empresas envían sus productos a puertos como Mersin, en Turquía, y a partir de allí se hacen cargo las empresas locales", agregó.

Los despachantes, camioneros y funcionarios locales dicen que surgió una nueva ruta comercial entre el puerto de Mersin, en el Mediterráneo turco, donde son desembarcadas las mercaderías cuyo destino final es Siria para ser subdivididas, y la zona de "amortiguación" en el interior de Siria, hasta donde llegan los cargamentos para ser recogidos por los sirios, en su mayoría rebeldes.

El pujante comercio fronterizo abrió una ruta mucho más rentable para los camioneros, que hasta dejaron de aceptar envíos a regiones más lejanas, ya que hacen tanto o más dinero cubriendo una ruta más corta, como la que une a Mersin con la zona de amortiguación de Siria.

En el Líbano también son las pequeñas empresas las que cubren las necesidades de los sirios. "Hay pequeñas empresas de fletes que siguen dispuestas a transportar mercaderías, incluyendo harina y azúcar, desde Beirut hasta Siria. Ahora funciona así", dijo una fuente en Medio Oriente.

Fuentes vinculadas al comercio internacional aseguran que hay una ruta terrestre muy activa de comercio de combustible que une el Líbano con Siria, y que no está muy controlada por las autoridades.

Mientras gran parte del mercado negro se desarrolla en zonas tomadas por los rebeldes, el Estado sirio sigue intentando procurarse mercaderías. Los compradores del Estado enfrentan dificultades cada vez mayores para adquirir alimentos de proveedores extranjeros, a pesar de la oferta de pago a través de cuentas de fondos congelados en el exterior, lo que obligó a Damasco a cancelar varias licitaciones para comprar harina, azúcar y arroz.

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