En medio del caos se impuso la solidaridad

En medio del caos se impuso la solidaridad
Vecinos de las cuadras próximas a las vías del tren donde se produjo el accidente dejaron todo para colaborar

IDA FIGUEROA

Abrió las puertas de su casa a los heridos y a los médicos de emergencias

Ida vive en Rivadavia y Lobos, justo enfrente de donde se produjo el impacto entre los trenes. Se despertó al escuchar la colisión, y ni bien empezó a ver llegar los primeros heridos, no lo dudó: les ofreció su casa como punto de reparo. "La gente que salía de los trenes, desorientada y con lastimaduras, empezó a sentarse en las veredas y los frentes de las casas. Abrí la puerta y de repente había personas con quebraduras, cortes... No podía dejarlos ahí tirados", explicó a LA NACION. Como hasta ese momento había llegado sólo una ambulancia con un médico, que no daban abasto para atender a todos, ella sacó un colchón y lo puso en el living de su casa para que pudieran recostarse los heridos más graves. Les dio sábanas y una manta. Más tarde, cuando llegaron los médicos, su casa se convirtió, durante unas horas, en una sala de enfermería: ahí se curaron torceduras, quebraduras y cortes. A médicos y pacientes les preparó té y café. Ayer, a un día de la tragedia, miraba las vías y recordaba: "Fue muy triste, espero que no se repita nunca más".

DANIEL FERNÁNDEZ

Ayudó a la gente que salía de los vagones a cruzar el vallado hasta la calle

Antes de las 7, en los minutos previos al accidente, Daniel se acercaba al puesto de seguridad de Navarro y Rivadavia para empezar su turno de vigilancia. Tras intercambiar unas palabras con Oscar, el otro cuidador, escucharon primero un chirrido y después la explosión. Según recuerda, luego de unos segundos de silencio y del apagón de luz de los vagones, empezaron los gritos. Se acercaron hasta las rejas que separan la vía de la calle y vieron a la gente que salía del tren y se topaba con el vallado, y a los que pedían a gritos, desde los vagones, que les abrieran las puertas. Con una linterna del puesto de seguridad, Daniel iluminó las vías oscuras y ayudó a los pasajeros a cruzar la reja; entre ellos, un joven con un corte muy profundo en el pie. "Venía muchísima gente lastimada, la mayoría con golpes en la cabeza", recordó Daniel. Más tarde, con la llegada de las ambulancias, en el terreno baldío de la esquina se montó una carpa para heridos. Mientras tanto, él y Oscar iban y venían de la esquina a las casas de los vecinos, con sábanas, frazadas, puertas y bidones con agua.

TERESA CASTELLANOS

Colaboró con mantas, frazadas y materiales junto a su familia

Como hace poco su casa estuvo en obras, Teresa no dudó en donar maderas, tablones, andamios y planchas de poliuretano que ya no usaba, y que terminaron convirtiéndose en camillas para trasladar a los pasajeros heridos del Sarmiento. Además de materiales, esta vecina de Castelar ofreció toallas, frazadas y sábanas: "Fue una solidaridad increíble entre los vecinos", destacó, mientras recordaba el trajín en la cuadra de quienes se dispusieron a ayudar. Al igual que los demás, ni bien se despertó se encontró con la imagen de la tragedia: "Vimos algo terrorífico. La gente salía del tren aturdida y no había nadie que los atendiera", recordó. Su cuñado, junto con Daniel Fernández, el cuidador de la esquina, llevaron los materiales hasta las vías y ayudaron a los heridos. Más tarde, sus hijas se sumaron a la partida. María Teresa, una de ellas, se encargó de ofrecer mantas. "Esa mañana hacía calor, pero la gente estaba tan asustada, y algunos estuvieron sin atención durante tanto tiempo, que igual sentían frío", comentó. Y agregó: "En casos así, lo primero que te sale es ayudar"..

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