A medio camino entre los actos del Bicentenario y el de Vélez

A medio camino entre los actos del Bicentenario y el de Vélez
El Gobierno movilizó al aparato por la tarde y cerró los festejos con los militantes de a pie
medio camino entre la convocatoria histórica y políticamente heterogénea del Bicentenario y las demostraciones de fuerza del aparato del PJ y las organizaciones sociales en los estadios de Huracán (2011) y Vélez Sarsfield (2012), el Gobierno logró conjugar en torno de la Plaza de Mayo de ayer una síntesis entre militantes organizados y simpatizantes de a pie. Mientras los primeros aportaron el mayor número, los segundos garantizaron que la fiesta se estirara bien entrada la noche.

La convocatoria por los diez años de gobierno del matrimonio kirchnerista y el 203° aniversario de la Revolución de Mayo dejó, para quienes pisaron ayer la Plaza, una impresión similar a la movilización del 9 de diciembre del año pasado (9-D), en la que el Gobierno esperaba celebrar la derrota del Grupo Clarín. Con dos salvedades: la presencia de ayer no sólo fue mayor y, además, el kirchnerismo tenía motivos para festejar.

La Policía Federal -siempre generosa con los actos del Gobierno- estimó la concurrencia en 650.000 personas, un tercio de la asistencia a los festejos del Bicentenario, que reunieron a dos millones de personas. Sin embargo otros cálculos menos optimistas estimaban que anoche hubo 300.000 concurrentes.

Los shows musicales y la generosa puesta en escena, que incluyó fuegos artificiales, proyecciones (mapping) sobre los edificios y la actuación de la compañía Fuerza Bruta, remitieron a aquellos festejos.

Lo diferenciaron, sin embargo, el rol protagónico que asumió anoche la Presidenta , discurso incluido, frente a aquella Cristina Kirchner que se asumió como espectadora, junto a otros presidentes de la región, en el Bicentenario. También el aparato kirchnerista, que ayer exhibió en plenitud los colores de cada agrupación, municipio y sindicato, y monopolizó desde temprano la Plaza.

Si se pudiera establecer un corte en el acto de ayer, el aparato político fue protagonista de una primera plaza, que desde el mediodía se nutrió con militantes llegados del conurbano -e incluso de otras provincias- en centenares de colectivos. Esa postal, hasta las 18.30, se asemejó a la de los actos de Huracán, el 11 de marzo de 2011, o de Vélez Sarsfield, el 27 de abril de 2012.

Esos actos, sin embargo, estuvieron atados a debates propios de la coyuntura: la expropiación de YPF, en el caso de Vélez Sarsfield; los pedidos de unidad del Gobierno ante el cierre de listas, en el caso de Huracán, donde comenzaban a evidenciarse las grietas con el camionero Hugo Moyano, ausente aquella tarde.

Presa del agotamiento, algunos de los militantes que ayer arribaron temprano comenzaron a abandonar la plaza mientras aún hablaba la Presidenta. Sus ausencias no se notaron: a medida que caía la tarde se intensificaba la llegada de simpatizantes kirchneristas que, en grupo, en pareja o en familia, mantuvieron la Plaza de Mayo colmada. Para tener una medida de la convocatoria: tanto en la Plaza como en el abanico que forman las diagonales Norte y Sur, era necesario sobrepasar la calle Florida (o su continuación por el Sur, Perú), para encontrar algo de espacio para caminar. Los simpatizantes "de a pie" fueron mayoría por la noche. Algunos llegaron tarde, convencidos de que la Presidenta hablaría a las 20.30. Otros lo hicieron a sabiendas, con más ganas de escuchar las bandas que los discursos.

Hasta que se desmovilizó el aparato, muchos simpatizantes prefirieron esperar en los bares próximos a la Plaza. "Ya debe haber terminado Cristina, vamos", se apuraron tres compañeras de la Facultad de Arquitectura, al escuchar el estruendo de los fuegos artificiales y los primeros acordes de la cumbia de Pablo Lezcano. A las 21, casi no quedaban banderas en la plaza.

La misma dualidad se hacía evidente en los carteles que recibían a quienes llegaban a la Plaza desde Diagonal Norte. De un lado se leían consignas como "patria, libertad, igualdad", a tono con el espíritu del 25 de Mayo. Del otro lado, una defensa de las políticas del oficialismo, como "democracia comunicacional" o "inserción en el mundo".

Un vendedor ambulante entendió rápido la síntesis que ayer intentó el kirchnerismo entre la Revolución de Mayo y su "década ganada". Vendía pastelitos, pero no de cualquier tipo. "Pastelitos de la Presidenta", aclaraba a cada paso. Vendió todo.

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