Medidas que no alcanzan a resolver un problema de matriz cultural

La noticia que este diario publicó hace algunas ediciones, acerca de la decisión resignada del productor olivícola catamarqueño Oscar De La Barrera de regalar la cosecha de aceitunas de su finca de Colonia del Valle a quienes quisieran ir a cosechar la fruta, es una muestra de las severas dificultades que existen para encontrar mano de obra dispuesta a trabajar, en blanco y por una remuneración bajo convenio, en el trabajo rural.
La problemática para encontrar mano de obra para la cosecha, en Catamarca, comenzó desde el mismo momento en que el olivo se posicionó como primera producción provincial. Pero la escasez de trabajadores fue en aumento a medida que el Estado benefactor ampliaba su oferta de planes sociales y laborales que, paradójicamente, son incompatibles con cualquier empleo.

Minada la cultura del trabajo, la gente optó por mantener ese ingreso mínimo de los planes, en lugar de tomar un trabajo temporario que, en dos meses, les permitiría duplicar lo que recibirían del Estado en todo el año.

Intentando revertir la situación, la Provincia dio un primer paso al respecto: dispuso por decreto que los beneficiarios de los planes sociales que trabajen en la cosecha olivícola no perderán el beneficio en el período de cosecha.

Idéntico reclamo se le hizo a Nación: que la AUH se mantuviera, aún en tiempos de cosecha, al margen de que a los empleadores se les exigiera el pago de sus contribuciones por asignaciones familiares. Pero la solución ofrecida por Nación-pagar en período de alta la asignación familiar y en período de baja laboral la AUH- implica un cambio burocrático de situación en ANSES y, para el cosechero, el riesgo de perder de cobrar algunos meses ese beneficio social. La medida, entonces, sigue sin dar respuesta a las peculiaridades de la problemática del trabajo rural golondrina.

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