Raúl Tuama tenía 41 años y antecedentes delictivos de temer. El jueves a la noche otro interno, su ladero hasta entonces, lo ultimó con un cuchillo y un palo de escoba con punta afilada. En los últimos días hubo agitación en las dos unidades penales más importantes.
Con un cuchillo y un palo de escoba con punta afilada dieron muerte de varios puntazos a uno de los presos más respetados y poderosos de las cárceles correntinas: José Raúl Tuama (41).
El homicidio se produjo el jueves, pocos minutos antes de la medianoche, en el área de máxima seguridad de la Unidad Penal número 6, ubicada en la localidad de San Cayetano.
Fuentes ligadas a la investigación dijeron a época que Tuama, también conocido como “Monchi”, perdió la vida como consecuencia de al menos 13 heridas ocasionadas con arma blanca.
El autor del crimen sería Luis Caballero, quien mantenía relación directa con su víctima desde hace algunos años.
El jefe del Servicio Penitenciario, comisario General Miguel Ángel Domínguez, manifestó que efectivos de la guardia escucharon ruidos y gritos provenientes del pabellón del anexo 1, lugar que ambos condenados ocupaban.
Cuando los agentes ingresaron, hallaron a Tuama tirado en el piso, boca hacia arriba, totalmente ensangrentado y ya sin algún tipo de signo vital. Tenía heridas en el cuello, la espalda, el muslo derecho, el pecho y el abdomen. Sobre él quedó el cuchillo utilizado para ultimarlo, además de restos astillados de la madera.
En otro sector de la dependencia, precisamente en el interior de su celda, estaba Caballero, con la ropa salpicada con sangre y admitiendo ser el responsable.
Luego de las pericias correspondientes en el escenario de la agresión el cadáver del hombre fue llevado a la morgue judicial para ser sometido a una autopsia.
Desde hace al menos diez días el aire en la Unidad 6 estaba enrarecido. Sumado a la detención de un guardiacárcel con un paquete de 800 gramos de marihuana (presuntamente para ser entregado a estos presos) se sumó un ataque en el anexo de condenados, en el que Miguel Ángel Enrique (también detenido por homicidio) sufrió una cuchillada en el cuello.
Para agregar un poco más de suspicacias a este tema tan delicado, ayer el fiscal de instrucción, Buenaventura Duarte, afirmó respecto del crimen que “primero fueron avisados el director del penal y el subsecretario de Seguridad. Unas horas después me llamaron a mi”. Así, el hombre de la Justicia dejó en claro que no le gustó nada la tardanza en la comunicación porque debió ser, para darle un marco de claridad a la causa, uno de los primeros en estar en el lugar del asesinato.
Por su lado, el comisario Domínguez señaló que “no había elementos” para que el personal a su cargo pudiera sospechar que Tuama pudiera ser víctima de un ataque por parte de Caballero.
“Estaban siempre juntos, no podría decir si eran amigos o no, pero compartían todos los espacios del penal, los recreos y una relación de hace muchos años ya que los dos estaban acusados en las mismas causas”, explicó.
El reo muerto cumplía una sentencia a cadena perpetua por un doble crimen que tuvo como víctimas a dos ancianos, en ocasión de robo en una casa del barrio Cambá Cuá.
Mala fama
Adentro de los distintos penales su “fama” de rudo fue cobrando mayor auge y el pico de popularidad sucedió el 19 de marzo de 2007, cuando encabezó una cacería humana para aniquilar a sus oponentes en la Cárcel 1. Aquella vez, tres convictos fueron masacrados a balazos, facazos y hachazos.
Las personas muertas fueron Ramón María “Arnold” Centurión, José María “Huevo Frito” Ramírez y Samuel Antonio Céspedes.
Existieron fuertes sospechas, nunca probadas, de que los penitenciarios facilitaron y proveyeron de las armas a una treintena de hombres comandados por “Monchi”.
“Arnold” y Tuama habían formado parte de la banda que en noviembre de 2004 asesinó, de igual manera, a Carlos Soto, quien no sólo era dueño de los negocios internos, de las salidas para robar, del reparto de droga y alcohol y de buena parte de las bailantas de la capital: además, tenía tanto dinero que era el presunto prestamista de los guardias de bolsillos magros.
Las autoridades provinciales decidieron intervenir el Servicio Penitenciario y dejarlo en manos de la Policía.
Lo sucedido ayer nada más parece otro capítulo de violencia en los penales correntinos, en los cuales han muerto casi una veintena de internos en el último lustro.
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