El líder del Frente Renovador habló de su proyecto político e hizo hincapié en los ejes que marcarán su propuesta de gobierno.
Vino y dijo las frases de ocasión que todo precandidato debe decir: que quería una “Argentina sin impunidad para los delincuentes y para la política”, que de acá a 2015 no habrá muchos cambios en la situación de nuestro país, pero que “el dato más importante es que el año que viene va a tener inversiones producto de que Argentina camina hacia un cambio inexorable”.
Evita hablar de su figura dentro del peronismo y dice: “Fui diputado provincial, director de Anses, jefe de gabinete de ministros y diputado nacional. Me falta sólo una cosa”, dice. Entonces Los Andes retruca:
- Le faltan dos. ¿No quiere hacer una escala como gobernador de Buenos Aires?
-No. Me falta una cosa. La solución del conurbano es resolver el interior, el federalismo. En el conurbano se escuchan chaqueños, correntinos, riojanos que fueron a buscar su oportunidad y que no la encontraron. La macrocefalia está hundiendo a la Argentina. Sino resolvemos el problema del desarrollo regional, vamos a seguir teniendo problemas en el conurbano- dice.
Más allá de las fórmulas, el personaje se construye desde las frases y desde la actitud en la charla. Sabe improvisar cuando se lo saca del discurso, está formado e informado y nunca sale de su postura tranquila, pausada, más propia de un provinciano.
En rigor, Sergio Massa no es porteño, sino de provincia de Buenos Aires. Nació hace 42 años en la localidad de San Martín, en el conurbano bonaerense. Estudió abogacía en la Universidad de Belgrano.
Es el momento de sus parrafadas como precandidato a presidente. Habla de acuerdos y políticas de Estado en energía, “por el peso que tiene en el gasto público y en la balanza comercial la importación de petróleo”; de educación, “por el cambio de paradigma de sociedad que estamos viviendo, incorporación de las TICs y la recuperación del rol del docente para que el colegio vuelva a ser centro de referencia en el barrio”; de “infraestructuras interregionales que influyen en el aumento de capacidad instalada industrial, para corregir asimetrías respecto de otras regiones”; de modificar la matriz tributaria, porque “el sistema es absolutamente regresivo, en el que un trabajador paga impuesto a las ganancias y no puede debitar el alquiler y una operación con bonos o acciones en la bolsa no paga”; de seguridad y lucha contra el narcotráfico, quizá su caballito de batalla con sus cámaras de seguridad y botones de pánico para agilizar la respuesta policial ante la urgencia ciudadana.
Luego agrega otro detalle no menor: la reforma política por vía del voto electrónico; instrumento que logrará que el ciudadano “no dependa de ningún intermediario y romper la sábana. Debajo de la sábana se esconde lo peor de la política”.
Después viene un baño de peronismo. Dice que “las dos herramientas más importantes que tienen los estados modernos para distribuir ingresos son el seguro social y las políticas tributarias. Tenemos que pensar a la seguridad social como una herramienta que tiene una virtud. La seguridad social establece requisitos de ingreso a un derecho, el plan tiene la discrecionalidad del puntero que lo da o no lo da, son utilizados para arrear al ciudadano”.
Boudou, Vila, Cazabán y la Ucedé
Ayer el tema Amado Boudou era inexorable. Massa recuerda que en la escuela secundaria empezó a militar en la liberal Ucedé, la misma fuerza de dónde proviene el Vice. Pero Massa jura en su modo pausado que no conoció al vice en aquellos años porque Boudou es diez años más joven que él y que luego fue Graciela Camaño quien lo afilió al peronismo. Más tarde dirá que la indagatoria a Boudou “es un hecho institucional grave, triste. Lo mejor que puede pasar es que rápidamente y en absoluta libertad que el juez resuelva”.
También se le señala su cercanía al grupo Vila-Manzano y Massa dice “tengo relación con mucha gente. Empleado no soy de nadie”.
- ¿Por dentro o por fuera del peronismo?
- Elegimos construir una fuerza superadora. El PJ es una cáscara vacía. Es una estructura de dirigentes que juegan a la supervivencia. En las reuniones se discuten cargos y no de seguridad, de inflación, ni del desarrollo de economías regionales.
Entonces se le pregunta por Alejandro Cazabán, quien ha hecho pública inclinación al massismo. Massa sonríe y responde: “Me están esperando para comer...”.



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