Marplatense procesado por llevar mujeres a Madrid para explotarlas en un prostíbulo

Marplatense procesado por llevar mujeres a Madrid para explotarlas en un prostíbulo
Lo dispuso el juez federal Santiago Inchausti. El hombre estaba prófugo y lo localizaron en una carrera de perros galgos en Córdoba. Se investiga a una organización creada para captar jóvenes en la ciudad y trasladarlas a España

Un hombre, que sería el líder de una organización dedicada a captar mujeres en situación de vulnerabilidad evidente y trasladarlas a Madrid para explotarlas sexualmente, fue procesado por el delito de trata. El juez federal Santiago Inchausti le dictó la prisión preventiva -por lo que quedó detenido en Marcos Paz- y trabó embargos sobre sus bienes por quinientos mil pesos.

El sujeto, cuyas iniciales son L.G.I., estaba prófugo de la Justicia, pero las tareas de inteligencia montadas dieron con él: lo encontraron en Córdoba en una carrera de perros galgos.

A su vez, el titular del Juzgado Federal en lo Criminal y Correccional N° 3, dictó la falta de mérito sobre esta misma persona, con respecto a los sucesos relacionados a otras dos presuntas damnificadas, y con relación a otro imputado.

En este mismo expediente, oportunamente, se habían dictado autos de procesamiento a dos personas coimputadas. De hecho, una mujer de 31 años -pareja del hombre procesado- cumple actualmente prisión domiciliaria. La investigación de la causa estuvo a cargo del fiscal Federal Pablo Larriera.

LA CAPTACIÓN

La causa se inició cuando llegaron a Argentina seis víctimas que concurrieron al Consulado argentino en Madrid, en busca de ayuda. Algunas semanas antes, una a una, habían sido contactadas. Si bien algunas eran hermanas o amigas desde hacía un tiempo, todas compartían una misma situación de vulnerabilidad. La selección de estas víctimas, según deja en claro el juez Inchausti, se da en base a sus características de vida. “Es claro que las mujeres que no poseen trabajo, con escasa instrucción educacional, con necesidades económicas por sí mismas y por personas que están bajo su tutela como ser hijos menores de edad, resultan potenciales víctimas de este delito de trata de personas, pues cuentan con escasas o nulas condiciones para obtener un puesto laboral que se ajuste a tales necesidades”, expresó.

La oferta laboral que se le hizo a cada una de las víctimas fue idéntica: se prometía vivienda en un lujoso hotel situado en Madrid, comida a la carta, ganancias económicas exorbitantes -se hablaba de 70 mil pesos en tres meses-, gastos de traslado, alojamiento y comida a cargo de quienes serían sus empleadores y el 50 por ciento del dinero habido en virtud de las copas y pases en el club El Mirador. Si bien se les estaba ofreciendo una situación de prostitución, aprovechándose de su situación de vulnerabilidad, las condiciones en las que se encontraron fueron diferentes por completo.

“Sus expresiones y el consentimiento que han prestado deben ser analizados en un contexto donde tal ‘voluntad’ no implica la ausencia de indicadores de trata, sino la presencia de otros elementos, como las carencias sufridas, y una situación de vulnerabilidad y desamparo extremos que viene a robustecer, en la víctima, la percepción de ausencia de mejores condiciones de vida a las ofrecidas por sus captores”, determinó el magistrado.

Las víctimas fueron llevadas, desde un departamento céntrico de Mar del Plata, propiedad del hombre procesado, en autos particulares hasta el aeropuerto local. De allí viajaron hasta la ciudad de Buenos Aires y en Ezeiza abordaron distintos aviones hasta Europa.

Una vez en el Club El Mirador, las condiciones de vida distaban mucho de aquellas promesas que habían quedado a miles de kilómetros. Allí se les dijo que debían abonar -además de la deuda multiplicada varias veces de pasaporte y pasajes- cincuenta euros por día en concepto de vivienda y comida. Incluso, debían pagar euros extra si querían tener en las precarias habitaciones calefacción, electricidad o el control remoto del televisor.

LA FUGA

Ninguna de ellas jamás recibió un peso. Y dentro del lugar donde vivían y eran explotadas, sufrieron maltratos psicológicos y físicos y tenían prohibido salir sin ser acompañadas por el dueño.

Algunas estuvieron cinco días y otras veinte, allí cautivas. Una madrugada la pelea de una de ellas con el encargado del lugar, desató la fuga. Le habían pedido salir, luego del horario del club, a tomar algo para celebrar el cumpleaños de una de ellas. El hombre se negó y maltrató a la interlocutora. La idea de escapar terminó de tomar forma y salieron corriendo hasta la ruta. Luego de pedir ayuda a la Guardia Civil Española, fueron llevadas hasta el Consulado argentino en Madrid, donde se les brindó auxilio y costeó el retorno a Mar del Plata.

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