Marcelo Saín, primera espada de la “Seguridad democrática”

Hay una coincidencia general entre todas las encuestas, las que encargan de uno y otro lado del “modelo”, la principal preocupación ciudadana es la inseguridad, casi un tema excluyente de la agenda mediática concentrada, que presenta solo una de las soluciones propuestas, ignorando absolutamente la visión propuesta por una fuerza social también considerable, pero sin el poder de lobby de las empresas de empresas como Global View, frecuente auspiciante de los noticieros de C5N y proveedor de las cámaras que compra el Estado para calmar a los vecinos movilizados, generalmente convocados anónimamente por sectores de la derecha, y con amplia cobertura informativa a pesar de su pequeño número en la mayoría de las ocasiones.
La seguridad ciudadana también muestra un quiebre en el partido de gobierno, ya que mientras CFK crea un ministerio para que se ocupe específicamente del tema, la administración provincial, que ya lo tenía, lo licua en el de Justicia, y mientras el gobierno nacional mantiene a rajatabla su voluntad de no reprimir la protesta social y de actuar con la ley en la mano en el combate contra el delito, diferenciando entre el delito profesional y el generado por causas sociales, el gobierno provincial sigue postulando la mano dura, como si no hubiera pasado nada desde los tiempos de Rukauf.

Los sectores progresistas bonaerenses crearon la llamada “Seguridad democrática” donde el pensamiento de Marcelo Saín, ex viceministro del tema de “Juampi” Cafiero, y ex titular de la Policía de Seguridad Aeroportuaria de Néstor Kirchner, tiene un protagonismo central.

Saín, miembro de la dirección nacional del partido de Sabbatella, brindó una charla para militantes, abierta al público, en la sede de “Tiempos Modenos” el centro cultural de Aristóbulo del Valle y Caseros, en Vicente López, InfoBAn extrajo de su intervención los pasajes más significativos, como aporte a la discusión sobre un tema en donde participamos todos pero pocos saben.

“No queremos estructurar una propuesta ingenua desde el punto de vista político, cuando digo ingenua digo parcial, si nos preocupamos solo sobre como debe ser la participación del Estado, y no decimos que el delito viola libertades y derechos, sería una propuesta parcial.”

“Existe un contrapunto falaz entre una derecha que solo se preocupa en ofrecer una respuesta punitiva, que casi siempre recae sobre los sectores populares, pero que se olvida de cómo el Estado es hacedor de parte de esa inseguridad por la brutalidad policial, los abusos, por la protección que se proporciona a los delincuentes de cuello blanco, pero tampoco queremos caer en una posición que desde el progresismo solo atiende estos problemas y no se preocupa por construir un sistema institucional de protección pública”.

“No nos interesa una Policía que sea honesta pero estúpida en la prevención del delito, que remos una fuerza honesta pero eficiente en la prevención y en la investigación criminal, porque el delito viola libertades y cercena derechos básicos de la población. Todos los delitos, los que cometen los pibes chorros del conurbano y el que cometen los hermanos Juliá, que viven en el Bajo de San Isidro; no se le ocurre a la Bonaerense hacer razzias masivas en el Bajo de San Isidro, ni a las autoridades municipales construir muros alrededor del Bajo de San Isidro, cuando no me cabe ninguna duda que debe haber mayor concentración de delincuentes en esa zona que en La Cava”.

“Si nosotros propusiéramos implementar en la provincia un modelo como el de la Policía de Montreal, que es la que más nos gusta personalmente, estaríamos planteando una propuesta ilusoria, impracticable, porque no tenemos los recursos financieros, técnicos, de recursos humanos y de infraestructura, no queremos plantear soluciones de este tipo, ideales, sino las practicables, ya que este tipo de dispositivos presentan una enorme inercia institucional, que es muy difícil de cambiar, aunque no imposible si se dan una serie de factores”.

“No podemos tener un proyecto para la provincia si no tenemos conciencia de la envergadura de la problemática criminal y de su enorme diversidad y complejidad, 310.000 kilómetros cuadrados, 15 millones de habitantes, 10 millones en el conurbano, una de las áreas de mayor densidad poblacional del país. A fines de los 90 un 25% o 30% de la población en situación de pobreza extrema, con estas características: desocupación estructural, sin relación laboral ni posibilidades de lograrla. Lo vimos en el último fusilamiento de José León Suárez, sectores de población sin acceso ni siquiera al trabajo precario, en negro o los llamados contratos basuras, ni posibilidades de changas. Donde la cana entró a los tiros vimos un barrio enorme, con cientos y cientos de personas que viven del cirujeo de las plantas del Ceamse. Eso es alta marginalidad, viven en lugares indignos de la condición humana degradados medioambientalmente, sin las condiciones mínimas de habitabilidad. No es lo mismo el asentamiento precario actual que las villas de emergencia que conocimos en las décadas del 60 y 70, al costado de Atanor tenían un barrio pobre donde vivían los más pobres que tenían una relación con la empresa o sus empleados, los ferroviarios en Boulogne, donde habitaban los empleados menos calificados, eran lugares donde el colectivo pasaba cerca, donde tenían acceso a la sala de Salud, había escuela cerca, estaban cerca de la ciudad, hoy estamos hablando, en términos sociológicos, de segregación espacial, viven allá en el fondo, lejos. Un fenómeno que una socióloga de la UNTREF llama insularización, con absoluta imposibilidad de acceder a los servicios mínimos, además de la estigmatización social. 25% de la población viviendo en estos lugares. Esto hasta el 2002, después se redujo mucho la pobreza y la indigencia, pero sigue existiendo un núcleo duro, que hace que entre el año 2002 y el 2008 se pasara de 370 a 670 asentamientos altamente precarizados. Al mismo tiempo que la pobreza se reducía, la indigencia extrema se consolidaba. Esta realidad demuestra que el desarrollo económico de pos sí no garantiza la eliminación de la marginalidad, donde existen parámetros de violencia, debido a que allí ya casi no existe la familia nuclear, ni los roles tienen la significación que afuera, ni las relaciones sociales, y donde existe una economía de subsistencia. El 90%% de las mujeres presas tienen un promedio de 50 años de edad, sin antecedentes penales, detenidas por tráfico de drogas ilícitas, eso se llama economía de sustitución. En los barrios donde todavía existes lazos de solidaridad y de intercambio, aún cuando respondan al clientelismo político, hay niveles de violencia mucho menores, y en muchos casos el dominio de esos lugares está dado por redes criminales. La posibilidad de ser victimizado en relación a la propiedad o al cuerpo en esos barrios es 34% más posible que fuera de esos lugares. Que los sectores medios son las principales víctimas del delito no es cierto. Allí la única acción del estado que esas personas ven es a la Policía regulando la actividad delictiva, la peor cara de la institución. Señalo esto para ejemplificar que las transformaciones en el mundo de la violencia no son casuales”.

La ruptura del sistema productivo hizo que, 40 años después, los chicos de los barrios pobres, que antes estaban en la escuela y tenían una expectativa, hoy pueden formar banditas de delincuencia no profesionalizada y altamente violenta. Estamos hablando de cuatro pibes de La Matanza, de alrededor de 16 años, que van hasta el Bajo de San Isidro, entran a una casa para robar y no tienen otra forma de controlar a los mayores que a través de la violencia, y terminan matando al dueño.

A esos chicos alguien los trajo desde La Matanza, los puso ahí, liberó la zona, fíjense usted que a los dos días la Policía llegó hasta la banda, a una villa en La Matanza, cuando no habían dejado rastros, ¡Qué nivel de inteligencia de la Policía! A uno de los chicos, participante secundario, lo detienen en el colegio, ese es otro fenómeno estudiado por la sociología, la escolarización y la precarización laboral destruyen el delito, hoy el menor delincuente amateur, no sofisticado, alterna escuela y/o trabajo con actividad delictiva. Esto es lo que hay que analizar y desentrañar y que hoy está en el fondo de los conflictos sociales”.

Desde los 90 hasta el 2002-2003 los delitos contra la propiedad van aumentando, a partir de esa fecha comienzan a descender, ahora hay un amesetamiento, pero en niveles bastante más bajos que los del 98, la crisis económica acompaña el aumento del delito contra las personas y la propiedad, pero no es la única explicación.

¿Cómo se transforma el delito? Antes las franjas sociales más expuestas al delito eran los sectores medios bajos y los sectores populares, pobres, hoy las franjas media alta y alta también son víctimas del delito, por ejemplo en countries, en barrios muy selectos con vigilancia privada, empiezan a ser vulnerables y eso produce alarmismo social, porque cuando el delito estaba allá abajo no era noticia, pero cuando el delito producido por los “Negros” victimiza a las clases altas, se prenden todas las alarmas, porque son sectores con capacidad para generar agenda mediática. Si el secuestro o el robo se produce en los Bajos de zona norte, es un escándalo, si se produce en las barriadas populares es intrascendente”.

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