Los administradores aseguraron que no comenzaron las obras anunciadas en febrero. Carecen de respuestas.
Por intervención del subsecretario de Derechos Humanos de la Provincia, Manuel Cuevas, los directivos de la asociación que administra el comedor consiguieron que desde el Gobierno provincial recojan el reclamo para, de una vez, contar con la estructura adecuada para alimentar a las 300 personas que acuden diariamente. Sin embargo, pese a la confirmación dada por el funcionario a este medio y a los vecinos, la presidenta de Las Manitos, Alejandra Morales de Casco, manifestó a EL LIBERTADOR que tras el anuncio no recibieron ninguna visita ni inspección para estudiar el terreno.
"No comenzó la obra", indicó Casco, "pese a que el funcionario aseguró en un pequeño acto en el comedor que en 15 días se empezaría a construir".
La mujer recordó la construcción precaria en la que se brinda el desayuno y el almuerzo a los habitantes del Cichero, ya que el lugar tan sólo cuenta con un tinglado y un contrapiso, además de un baño improvisado por los integrantes de la asociación. En este sentido, recalcó su preocupación, ya que con las últimas lluvias la estructura fue insuficiente para albergar a los comensales que, "de todas formas, vinieron a buscar su comida, y muchos se sentaron a almorzar sobre el agua empapándoles los pies", describió Casco.
Las ansias de la edificación se incrementaron debido al inminente comienzo de la temporada invernal, en la que muchos ancianos del barrio dudan de la posibilidad de acceder a su alimento, ya que se les dificultará soportar las bajas temperaturas como explicó la fuente consultada. Entre algunos de los mayores afectados se encuentran los cuidadores del predio, que duermen allí a cambio de un plato de comida.
"Uno de los ancianos que oficia de sereno advirtió que no aguantará el frío", comentó Casco. "Por lo que está analizando irse a otro lado, y eso perjudica al comedor que necesita de protección a la noche porque si no se roban las mercaderías", añadió.
Tras la concreción de la primera etapa de las obras, que sorpresivamente se detuvo, los vecinos se adaptaron a las condiciones adversas en las que recibieron el desayuno y el almuerzo, entre otras atenciones, por años. La impaciencia los embriagó tras el anuncio de que se retomaría la segunda etapa, que tras dos meses no comenzó, por lo que "hay un malestar y enojo general en los habitantes del barrio, que se sienten engañados", aseguró Casco.
Respecto al diálogo con Cuevas, el encargado de dar la noticia de la construcción, la mujer consultada señaló que ante los interrogantes "sólo da respuesta vagas, asegurando que hablará con otros funcionarios para conseguir la obra".
En paralelo, el comedor sigue funcionando como hace trece años, en el que "la comida no es lo que falta", manifestó Morales. Aún así, la necesidad de una infraestructura acondicionada para los fines del sitio "cada vez se torna más imperiosa", declaró la mujer.
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