Que sí, que no.Se puede.
Denuncias.
Un día hace saber que va por un nuevo periodo, otro día quiere ser vicegobernador, y alguno que otro día comenta que ya fue suficiente y se va a tejer y bordar a su casa. Con habilidad digna de mejor causa, juega a “todas las encuestas me dicen que voy bien, por encima de cualquiera”. Así cavila el intendente Gustavo Arnaldo Pulti, que no se anda con chiquitas a la hora de pretender. Nos cuenta en sordina una fuente muy calificada: “Perogrullo lo encaró a Scioli y le espetó: “mirá, Daniel, yo quiero ser tu vice”. Así de humilde, fue por fruta y le mandaron un cajón de verdura por la cabeza. Nones, muchacho loco, el vice será peronista o no será nada. Así que está en esta situación, dando a entender que candidato a Intendente no será. ¿Nos libraremos, al fin?
Se puede.
El pope de la Comisaría Primera José María Acosta -más conocido en el barrio como “el Pipi”- está dando la nota: única jurisdicción en la que se erradicaron los privados, así se asegura. Lo que no se puede discutir es que le está dando batalla frontal al robo y venta de celulares en Mar del Plata. Barrió la Galería 2001: al parecer, durante los días en que la galería estuvo clausurada, no se robó un solo estéreo ni en jurisdicción Casino ni en la de la Primera, ¡oh casualidad!
Esta semana arremetió contra otra cueva de venta de celulares irregulares, y allanó y decomisó celulares con IMEI alterados. El comercio en cuestión está ubicado en Santiago del Estero 1844, entre Rivadavia y Belgrano, funciona con el nombre de fantasía “Flomar”, y su propietario es Fernando Alfredo Gianfrini, de 49 años de edad. Luego de una exhaustiva labor desarrollada en el lugar con lectora láser de código de barras, microscopio digital y una PC, se inspeccionaron cientos de celulares, constatándose la numeración de IMEI y el número de serie, ambos impresos en la etiqueta, comparándose con el que en realidad tenía registrado internamente cada una de las terminales móviles. Ahí quedó claro que el local se dedica a comercializar productos robados. De ahora en más, la fiscalía actuante y la justicia de garantías tienen responsabilidades concretas para que estas acciones no queden en aspavientos.
Denuncias.
La carga de “La Alameda” para terminar con el negocio de trata de personas en la ciudad consiste en denunciar al abogado Roberto Montecchia, letrado del privado “La Posada”. Todo porque don Roberto cometió el error del que ya hablaba don Julio Argentino Roca: “el que habla, se jode”. Montecchia, en entrevista con el diario El Atlántico, reconoció que hacía gestiones de naturalización para las mujeres de nacionalidad paraguaya que laboran sexualmente por estas pampas aguadas. Todo bien, pero en tren de denunciar y aguzar el ingenio para dar con los culpables de tan horroroso asunto, qué curioso que no denuncien a Florencio Aldrey Iglesias, que promociona el negocio a cambio de dinero. O a los dueños del exitosísimo negocio de relaciones impropias lindero al Hotel Sheraton de esta ciudad, especializado en “alta prostitución”.


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