Por Daniel Lozano |CARACAS.- No le recomiendo a nadie que sea vicepresidente de la República, no es cosa fácil aguantarme." A Hugo Chávez no le hizo falta deshojar ninguna margarita criolla en La Habana: la decisión ya estaba tomada. El elegido, que ya lo aguanta hace tiempo, es el vicepresidente Nicolás Maduro (50 años).
El antiguo chofer de ómnibus de la red de transporte público de Caracas tuvo tiempo suficiente en los últimos días para repasar su historia común con el comandante rebelde que lo asombró durante el golpe de Estado de 1992. Su líder le ordenó el jueves que viajara de inmediato a La Habana para comunicarle su decisión, irrevocable, largamente reflexionada. Los dos retornaron a Caracas, tal como han hecho varias veces desde la primera crisis de salud en junio de 2011.
Una prueba más de su confianza, de las que Maduro vivió varias. Y algunas tan exóticas como la acaecida seis días antes de las elecciones presidenciales de octubre. El líder bolivariano tiene tanta confianza en su mano derecha que le ordenó conducir la carroza-vehículo que los trasladaba por las calles de Barinas. Maduro no frunció el ceño. Incluso para eso sirve también un hombre de confianza.
La escena define el grado de connivencia alcanzado por estos dos hombres, primero gracias a las giras antiimperialistas por medio mundo y después durante la enfermedad en La Habana. En aquella época, el canciller ya barruntaba que la designación de Elías Jaua como candidato a la gobernación de Miranda le abría las puertas para convertirse en el número dos del oficialismo. El antiguo sindicalista también contaba con el visto bueno de los hermanos Castro, una ventaja definitiva sobre el otro delfín, Diosdado Cabello.
La historia de amor político entre los dos personajes no nace como un romance a primera vista. Maduro no participó en ninguna de las intentonas golpistas ni pertenece al círculo militar que rodea al mandatario. Ambos se conocieron en Yare, el penal donde Chávez cumplía condena. Cilia Flores, la mujer de Maduro, participaba como abogada en la defensa del rebelde.
Desde entonces, el sindicalista, que apenas contaba con un título de bachillerato, unió su causa a la bolivariana, convencido de que Venezuela necesitaba una revolución. Veinte años después, se convirtió en el heredero de uno de los presidentes más poderosos y controvertidos de América latina, un puesto ganado a golpe de fidelidad durante más de una década.
"Mira dónde va Nicolás, el autobusero. Nicolás era chofer de autobús en el metro y cómo se han burlado de él, la burguesía se burla." Así defendió Chávez la esperada designación de Maduro como su octavo vicepresidente, lo que hacía entrever que se trataba del delfín elegido.
Mientras llegaba el dedazo, Maduro supo cuidarse dentro y fuera de casa. En el exterior se ganó su lugar negociando los encargos de Chávez. Las antiguas peleas sindicales le sirvieron para moverse con agilidad en los conflictos del continente. Polémica fue su reunión con militares durante la defenestración de Fernando Lugo en Paraguay y controvertidas sus actuaciones en la Honduras del golpe a Manuel Zelaya.
Y en el interior lideró, junto con su mujer, procuradora general de la República, uno de los grupos más poderosos del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). Con su presencia en el aeropuerto de Maiquetía el viernes, Flores recuperó su lugar en la corte bolivariana. La pareja, que sufrió etapas de alejamiento, unió fuerzas en los últimos meses. Incluso elevaron su perfil social.
El inimitable Chávez lo será aún más si su heredero lidera al PSUV en unas hipotéticas elecciones. Maduro se destaca más en el cara a cara que en los discursos, donde su voz plomiza aburre al más exaltado de los chavistas.
Cuando arranca con sus arengas populistas, es famoso por sus meteduras de pata. Incluso tuvo que pedir disculpas en abril tras llamar "mariconsón" a Henrique Capriles, el candidato opositor.
Resbalones que no resquebrajaron la confianza de Chávez, que también supo perdonar las ambiciones de su colaborador favorito.
A finales del año pasado, Chávez "le cortó las alas al delfín [nombrándolo candidato en Carabobo]", reveló entonces Heinz Dieterich, el pensador izquierdista que inventó el concepto del "socialismo del siglo XXI". Para Dieterich, Maduro es un "trepador y un golpista sindical". Tras la nueva recaída de febrero, el líder de la revolución se topó con la realidad de su estado de salud y decidió aliviar al canciller de la pesada carga de los comicios regionales.
Ni siquiera durante esos meses Maduro perdió la sonrisa, la misma que exhibe cada vez que su jefe le juega una broma, ya sea por su excesivo peso o por sus habilidades al volante. Bromas que anteayer Chávez intercambió por loas.
"Es un hombre revolucionario a carta cabal, un hombre de una gran experiencia a pesar de su juventud, de una gran dedicación al trabajo, [ideal] para manejar las situaciones más difíciles. Lo he visto, lo hemos visto", dijo Chávez. Y Maduro, al escucharlas, por primera vez no sonrió.
NICOLÁS MADURO
Vicepresidente y Canciller
Profesión: sindicalista
Edad: 50 años
Origen: Caracas
Acercamiento
Es uno de los dirigentes que no forman parte del entorno militar de Chávez. Tampoco participó o apoyó el golpe de Estado fallido de 1992. Su esposa fue abogada de Chávez
Diplomacia
Chofer de ómnibus y sindicalista, fue nombrado por Chávez canciller en 2006, cargo que aún ejerce y que lo llevó a tener polémicas intervenciones en la diplomacia regional
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