Aunque un reciente mensaje publicitario muestra que la atención en la Dirección provincial de Rentas es rápida y diligente, la realidad tiene otra cara y las demoras para pagar los impuestos en la sucursal del Banco Macro dependiente del organismo pueden ser de más de una hora, tras padecerse largas filas.
A pesar de la gran cantidad de contribuyentes que concurrieron a la repartición para abonar sus obligaciones, solamente dos cajeros estaban afectados a la atención al público.
Aunque no se puede ignorar que el organismo recaudador mejoró su atención en algunos aspectos, de poco sirve si el tiempo ahorrado –o más de él- tiene que ser sacrificado en virtud de las conveniencias del Banco Macro, entidad que persiste en la postura de no invertir en mejoras para sus clientes.
Aún con los señalados avances, existen áreas dentro de la Dirección de Rentas que son un dolor de cabeza para los contribuyentes. Un caso puntual es la Mesa de Informes donde el público debe esperar que un empleado le entregue el “numerito” para seguir esperando, un absurdo que el uso de tecnología muy simple podría abreviar.
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