El Presidente visitó el obrador de la autopista 19 y una planta depuradora de líquidos cloacales cerca de San Francisco. Se mostró en total sintonía con el gobernador y habló de la necesidad de aprobar las reformas.
Ariel Rodríguez contaba que en septiembre, junto a su congregación (Los Pescadores de Hombres, de la Iglesia Evangélica), había ayunado durante 40 días. “Pedimos por el país y para que al Presidente le vaya bien”, recordaba ayer al rayo del sol. Lo decía metido en una caja de cemento a medio terminar, en la planta de tratamiento de líquidos cloacales que se construye en las afueras de San Francisco.
Eran las 10.30 y el calor abrumaba. En pocos minutos, llegarían el gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, y el presidente Mauricio Macri. “Si puedo, los voy a saludar”, se entusiasmaba el albañil.
Ayer se produjo la 11ª visita de Macri a la provincia. Fueron más de tres horas de recorrida por obras: la mencionada planta cloacal (financiada entre ambos gobiernos) y la autopista que unirá la capital del departamento San Justo con Córdoba (con fondos de la Nación). Una puesta en escena que buscó mostrar al Presidente cerca del “Gringo” (así lo llamó a Schiaretti tres veces) y una muestra más de cómo Cambiemos comunica su gestión.
Rodríguez es uno de los tantos obreros que trabaja en la planta de San Francisco. Hace unas dos semanas que ingresó, y se entusiasma: “Esto va para largo”. A su lado, Mario Juárez también hablaba de Dios. Decía que logró el ingreso por un capataz que conoció en la iglesia. “Esas cosas no son casualidad”, decía.
Obrador
Macri había pasado primero por el obrador de la autopista. Un centro de trabajo cercano a la comuna de San Bartolomé, a ocho kilómetros de la ruta 19. Allí no entró la prensa, pero por las imágenes que difundió el Gobierno nacional el Presidente tomó mate con los obreros, se sacó fotos con alumnos de un colegio rural y después sobrevoló la traza del camino.
Voló en helicóptero hacia San Francisco y llegó a la planta (lo esperaban unas 70 personas, entre periodistas, funcionarios y militantes) a las 11.58. Bajó de una camioneta junto a Schiaretti y, juntos, se pararon frente al público. Primero habló el gobernador, que agradeció la visita y enfatizó la importancia de las obras llevadas a cabo en conjunto. Luego, Macri.
“Buen día, ¿cómo andan? Feliz de estar en Córdoba”, dijo Macri. “Es mi provincia, Gringo”, agregó, y rápido mencionó que se estaba haciendo una obra que esperó 60 años. “¿60 me dijiste?”, le preguntó al intendente. “Esperemos que esta obra se termine a mediados de 2019”, pidió.
El intendente era el peronista Ignacio García Aresca, que miró pasar el micrófono y soportó estoico los casi 40 grados, el viento infernal y la tierra. Siempre con una sonrisa.
Luego, de nuevo con Schiaretti. “Como dijo el Gringo: Córdoba es el gran motor de la Argentina”, remarcó Macri. Y destacó la importancia de que la gente tenga cloacas en su ciudad.
Al final, envió un mensaje a Buenos Aires, donde se debaten las reformas que quiere el Gobierno. “Vamos a aprobar leyes que den previsibilidad. Vamos a decir la verdad y cuidar a todos”, dijo Macri, en respaldo a las reformas previsional, tributaria y laboral.


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