Luto para el periodismo, alivio para los políticos: se fue “Chaque” Mauriño

Luto para el periodismo, alivio para los políticos: se fue “Chaque” Mauriño
Era el máximo referente de una raza en extinción: el caricaturismo y humor político en los diarios. Su pluma, implacable, retrató con mordacidad a los actores de la vida institucional, provincial y nacional, en los últimos 50 años. Falleció Chaque Mauriño, el que hacia reflexionar con una sonrisa.
“Con Moyano y con Cristina, qué modelo de Argentina…”, grita desde la ventanilla de un camión con la inscripción de la CGT, justamente Hugo Moyano. El dibujo, toda una editorial, se publicó ayer en El Litoral, su diario de toda la vida, el que vio nacer y que hoy asiste a su partida.

Hasta el último dibujo fue consecuente no sólo con su pensamiento sino con su esencia de analista, indómito, que obligaba reflexionar desde el humor. Como ningún otro por estos lares y como pocos en el país, Mario “Chaque” Mauriño cultivó con excelencia el ejercicio del humor político en medios gráficos y fue durante el último medio siglo un tábano en la vida institucional, partidaria, gremial y social de Corrientes y el país.

Implacable, su pluma ajustició, desde el humor, sobre todo a los políticos y a cuanto personaje fuera protagonista de la actualidad. Ninguno quedó a salvo, ni en tiempos de democracia ni los años de oscuridad, y en esa redistribución equitativa de la mordacidad para todos consolidó su figura de periodista -porque al fin y al cabo era un periodista- sin ataduras.

Aunque se definía como un analista político que dibujaba, “Chaque” era, en los hechos, un singular reportero de la cotidianidad. La caricatura era el vehículo, la ironía el combustible, la reflexión era el destino. Mario Mauriño, un sagaz conductor. Así labró crónicas memorables en recuadritos de dos o tres columnas por 10 centímetros de alto.

“Retratar el ridículo es quizás la manera más fácil de hacer reír, pero no es lo que más me seduce; ante lo evidente, me propongo mirar lo otro, lo que está oculto o pretenden ocultar”, comentó en una de sus tantas entrevistas. Y no faltaba a la verdad, Mauriño aplicaba una técnica sencilla para descubrir el foco de su historia: “Doy vuelta el tapiz para ver el revés de la trama, así quedan expuestos los nudos, los puntos sueltos, las fallas de la urdimbre”.

Y tantas tramas puso a la luz en 50 años que dejó con el cuerpo al aire a más de un personaje. Se ganó enojos, reprimendas y, a veces, hasta descalificaciones, pero mantuvo firme el pulso de buen dibujante hasta el último día.

El jueves, después de varios meses de ausencia por los problemas de salud (mandaba los trabajos desde su casa usando de “chasquí” a cualquiera de su familia), visitó el diario de Yrigoyen 990 para llevar él mismo sus dibujos. Pasó por la redacción, saludó a los muchachos y conversó distendido con su compadre periodístico de varias décadas, Carlos Gelmi, con quien enhebró producciones de antología. Como Farro y Martino de su querido San Lorenzo de Almagro. O como Gorosito y el Beto Acosta. Pase y gol.

Esa visita fue la despedida de su hogar profesional, el que fue su cuna y pedestal. Primero en el diario La Provincia (desde 1958 cuando firmaba como “Youngboy”) y luego en El Litoral (desde 1960 cuando comenzó a ser “Chaque”). Varias camadas de políticos sufrieron sus agudas crónicas y varias generaciones de correntinos comenzaron el día con una sonrisa por sus inefables caricaturas.

Ayer, a los 88 años, se apagó la vida de Mario Augusto Mauriño y la obra de “Chaque” se convirtió en un legado -irreverente y al mismo tiempo veraz- de la historia contemporánea. Una obra que ningún personaje podrá revisar sin ponerse colorado de urticaria antes de soltar una sonrisa.

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