La crisis brasileña. Será el jefe de Gabinete, un virtual premier. Tendrá fueros, pero no ante la Corte Suprema que ha dicho que será inflexible con el ex mandatario.
Por Eleonora Gosman
El ex presidente Inacio Lula da Silva nunca estuvo ausente del gobierno de su sucesora Dilma Rousseff. Pero ayer las cosas escalaron. Fue incorporado con un cargo que le da un enorme poder: el de ministro jefe de la Casa Civil, similar a jefe de Gabinete en Argentina, lo que lo eleva a la categoría de “premier”.
Su regreso se produjo en medio de fuertes protestas en varias ciudades brasileñas, especialmente en San Pablo, donde la gente marchó por la céntrica Avenida Paulista, un punto característico de encuentro de las marchas opositoras. Los manifestantes, cargados con pancartas y banderas de Brasil, criticaron la incorporación de Lula.
Antes de dar el sí, ayer al mediodía, obtuvo un compromiso clave por parte de la gobernante: la posibilidad de incluir en puestos sensibles a gente de su confianza. La presidenta trató de recuperar algún espacio en este nuevo escenario. En una rueda de prensa destacó “el compromiso de Lula” con el ajuste fiscal y dijo que no están en juego lugares claves como el Ministerio de Hacienda, donde continuará en funciones Nelson Barbosa.
No está claro en cambio qué podría ocurrir con el Banco Central. El ex mandatario y superministro pretende desde hace tiempo que Dilma incorpore al ex presidente mundial del Bank of Boston, Henrique Meirelles, un fuerte mensaje a los mercados. Ella nunca quiso tener entre sus cuadros a este duro economista, pero este debe haber sido uno de los puntos duramente negociados.
En un encuentro con la prensa, luego del nombramiento de su ex jefe, Rousseff declaró: “El presidente Lula tiene una trayectoria que considero muy expresiva, también por su compromiso con la estabilidad fiscal y el control de la inflación”. De acuerdo con la presidenta “ese compromiso no es meramente retórico”. Definió como una de las razones para la inclusión de Lula en el Palacio del Planalto “la inequívoca experiencia política” del ex sindicalista metalúrgico.
Atormentada por las preguntas acerca de si el ex mandatario tendría “super poderes”, respondió: “El ex presidente Lula en mi gobierno tendrá los poderes necesarios para ayudar a Brasil”.
El anuncio colocó un punto final a las incertidumbres generadas desde la semana pasada acerca de su nombramiento. Y a partir de ahora coloca en otras manos judiciales el capítulo de la corrupción que ha sido parte del impacto nacional particularmente en los últimos días. Los medios brasileños afirmaron que la ida de Lula al Ministerio le daría “inmunidad” (establecida por la Constitución) ante la justicia ordinaria. Eso significa que quienes deberán juzgarlo, en adelante, por las sospechas que lo rodean son los miembros de la Corte Suprema. Esos mismos jueces advirtieron que no van a “perdonar” la vida al ex jefe de Estado. Lo irán a juzgar del mismo modo que lo hicieron en el pasado cuando mandaron presos a varios ministros involucrados en el llamado “mensalao”. De modo que el escudo expone fuertes límites.
Esta designación de Lula sobreviene, además, luego de las poderosísimas marchas del domingo 13 de marzo que inundaron las calles del país con la consigna de la anti corrupción y la furia contra los políticos. El objetivo del nombramiento de Lula es, entre otros, dar lugar a un nuevo rediseño ministerial, que imponga figuras de prestigio como podría ser Nelson Jobim al frente del ministerio de Justicia.
La otra función del ex gobernante será la de intentar frenar el proceso de juicio político que propone la oposición y que está interesado en lanzar el actual titular de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha. Acusado por la Corte Suprema de delitos de lavado de dinero y “desvío” de recursos públicos, el legislador pretendía lanzar el proceso a más tardar mañana. El cambio de rumbos en lo político lo deja casi inerme. Lula también deberá intentar mantener en firme la alianza con el poderoso PMDB, el partido del vicepresidente Michel Temer.
En tanto, los mercados dieron su veredicto. El precio del dólar bajó a 3,73 reales. Y la Bolsa de San Pablo subió 1,16%. Los contratos a futuro basados en las tasas de interés apostaron a una baja de ese parámetro de la economía. Desde luego, la sola mención de Meirelles como eventual presidente del Banco Central fue otro condimento que ayudó a estabilizar y mejorar las expectativas de los inversionistas. Este eventual futuro funcionario acompañó a Lula en sus dos gobiernos. Al ser designado en ese entonces por “un presidente izquierdista”, produjo una “confianza” inesperada de los sectores de poder.



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