El jefe comunal y el legislador de Nuevo Encuentro convocaron a una conferencia de prensa en la cual apuntaron contra efectivos de la Comisaría Sexta. Alexander Zarcovich, de 16 años, murió en un supuesto enfrentamiento en las cercanías del barrio Carlos Gardel. Los testigos desmienten la versión oficial. Irregularidades de la investigación. La puja por la Policía Municipal.
“Más que un caso de gatillo fácil –denunció Saín–, fue una ejecución, fueron a matar al pibe, una ejecución sumaria”. El intendente al igual que el legislador remarcó que estos hechos no ocurrirían si se creara la policía municipal, campaña que está en pleno desarrollo.
El barrio Carlos Gardel es la ex villa. A espaldas del Hospital Posadas, el nuevo barrio surgió tras un proceso de urbanización entre 2005 y 2010, efectuado en conjunto entre el gobierno nacional y la Municipalidad. Alexander vivía en los monoblocks, y hasta allí intentaba llegar perseguido por un patrullero ocupado por el sargento Pablo Carballo, conductor del vehículo, y su acompañante, la sargento Noelia Aquilino.
La versión policial informada en el parte que al día siguiente fue elevado a la jefatura y la Justicia, indica que el jueves 27, alrededor de las cinco de la tarde, los sargentos detectaron a dos muchachos que forcejeaban con dos motoqueros con la intención de robarles las motos, en la intersección de Marconi y Namuncurá. El parte indica que al ver al móvil policial, los asaltantes soltaron a sus víctimas y corrieron mientras que los motociclistas se esfumaron.
Zarcovich y su “compinche” corrieron unos 100 metros en dirección del Posadas y entraron al barrio por la calle Catriel. El patrullero los siguió cien metros más, siempre según el relato de la comisaría sexta. Y casi llegando sobre los monoblocks, el socio de Alexander escapó mientras que él decidió levantar sus manos y detenerse. Pero, cuando se detuvo el patrullero –dijeron los uniformados–, el chico corrió de nuevo, disparando con un arma. Entonces, el sargento Carballo gatilló desde dentro del vehículo un tiro certero que dio en la cabeza del joven y lo mató.
La versión policial no explica por qué Carballo disparó con la zurda siendo diestro. Mucho menos explica por qué los testigos aseguran que sólo disparó la mujer policía. El arma disparada, fue entregada a la fiscal de Morón Claudia Fernández.
Los vecinos avanzaron arrojando piedras y palos contra el patrullero, lo que obligó a ambos sargentos a colocar a Alexander en la parte trasera y huir hacia el Posadas. Antes, siempre según el informe, recogieron el arma con que disparó Alexander, un revólver 32 largo Ranger, con numeración suprimida, con dos balas servidas.
Entre la tarde y la noche, el jefe de la Sexta, el comisario Alberto Reynoso, apareció por la central de monitoreo del municipio para pedir los videos de las cámaras de la calle Marconi. Le respondieron que no se entregaría el material. “Si no me lo dan vengo mañana con una orden de allanamiento y te rompo todo”, amenazó según los empleados. No se lo dieron.
Durante la noche, un curioso asalto a la casa que la Dirección de la Juventud tiene en el barrio terminó con el interior revuelto y destrozado. Unos días después, asaltaron un camión del municipio que trasladaba comida a la zona.
Durante la noche, Reynoso apareció por el Posadas. Allí se encontró con la madre de Alexander, quien comentó que el policía confundió a la víctima con su hermano José Luis “Coche” Zacovich. La confusión de Reynoso estaba basada en la equivocación inicial, cuando los dos sargentos habían asegurado que el caído era “Coche” y el prófugo su hermano “Lelo”, informe que al día siguiente debieron corregir cuando la madre desmintió una y otra vez que el muerto no era uno sino otro.
En el velorio, después de hablar con vecinos y escuchar la otra versión, la del fusilamiento, la madre empezó a caer en la cuenta de que no hubo tiroteo, su hijo no estaba armado, el arma la plantaron, y no hubo ningún asalto, cuestión que quedó confirmada en los videos en los que no se ve nada. Lo que justifica el interés del comisario por saber lo que se grabó. En el barrio sabían que Alexander formaba parte de una bandita que robaba para la policía y que algo debe haber interrumpido esos vínculos.
Al día siguiente, de todos modos, Reynoso consiguió la orden y obtuvo los videos. La orden la extendió la fiscal Fernández, quien concedió permiso a los bonaerenses para investigar las imágenes donde los mismos investigadores policiales aparecían grabados.


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