El portazo de Felipe Solá y los intentos de De Narváez por construir un espacio sólido. El oficialismo apunta al crecimiento de la oposición dentro del Partido Justicialista. Fugas peronistas y distancias irreconciliables.
El diputado sciolista, Lorenzino, señaló que “no es positivo cuando algunos dirigentes, que disienten con aspectos de las políticas que llevan adelante las autoridades partidarias, deciden pegar el portazo en busca de candidaturas personales, en vez de dar el debate de sus ideas dentro de los marcos que dicta la política partidaria”.
La respuesta no tardó en llegar desde el felipismo. Quién lanzó el primer misil fue el concejal de San Fernando, Gastón Esquivel que tildó de “señalado” a Lorenzino. “Estos dirigentes de la dedocracia que son elegidos con el dedo de uno de arriba salen a criticar acciones como las de Felipe no representan a nadie”.
Por su parte, Lorenzino consideró que esos políticos como Solá y De Narváez “estarían privilegiando intereses de candidaturas personales por encima de las posiciones ideológicas que dicen defender”.
En cambio, Esquivel analizó que “Lorenzino también pegó el portazo. Él formó parte de la Alianza, estuvo con todos”. Y se preguntó: “¿Cómo va a criticar de esa manera?”
Ahora, las huestes del oficialismo y de la oposición se perfilan para las elecciones que decidirán el rumbo del gobierno durante los próximos dos años. Octubre será el mes en donde se pondrán a prueba las fuerzas bonaerenses. La sombra de Eduardo Duhalde y el papel de los viejos punteros. Las especulaciones de los candidatos K a pleno en un escenario incierto que sólo promete más fragmentaciones y uniones impensadas.




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