Se mueven por las calles internas para llevar a los vecinos hasta las paradas formales o los límites del barrio. El viaje cuesta $ 3. No tienen regulación pero ayudan a conectar hasta 20 cuadras.
Cuentan los habitantes más antiguos de la Villa 31 que en los 80, cuando resistieron el desalojo de las tierras en Retiro, no eran más de 40 familias. Desde aquellas épocas hasta estos días el barrio no para de crecer: a lo largo, a lo ancho y a lo alto. Es una ciudad que late en paralelo a las vías del tren, a la autopista Illia y al Puerto de Buenos Aires. Y aunque no hay datos oficiales, se estima que viven allí 30 mil personas. En los últimos años la movilidad se transformó en un problema para los vecinos, porque para llegar hasta las paradas de colectivos de Retiro o la estación del subte hay que caminar 10, 15 o hasta 20 cuadras. Por eso, desde hace un tiempo, funcionan dos vehículos –un minibús y una combi– que se meten en la villa y hacen un recorrido como si fueran un colectivo de línea.
El boleto les cuesta a los vecinos $ 3 para viajar en vehículos que no cuentan con ningún tipo de habilitación. El minibús tiene una deuda de patentes de más de $ 20.000 y la combi, de casi $ 6.000.
Cualquier día de la semana en los horarios picos, los ingresos a la villa hierven de gente yendo y viniendo: a trabajar, a estudiar, a llevar a los chicos a la escuela, a hacer las compras; lo usual en cualquier otro barrio de la Ciudad. Frente al supermercado Coto de Retiro, sentada en el cordón de la vereda junto a su nieto, Carmen espera el minibús que le ahorrará caminar una decena de cuadras: “Tengo un almacén, así que salgo temprano a hacer las compras. Además me encargo de mi nieto, a quien dejo y retiro del colegio. Antes estos traslados me demandaban horas de caminata durante el día, ahora es cuestión de minutos”, cuenta a Clarín. Es vecina del barrio Güemes y llegó a la villa desde Lima (Perú) hace 18 años.
La combi y el minibús hacen recorridos diferentes. El minibús –con 21 asientos– se mete en el asentamiento por una entrada que está detrás del galpón de la empresa Flecha Bus, cerca de la terminal: pasa por debajo de la autopista, en un tramo transita junto a la Illia y llega hasta el barrio Cristo Obrero, a una plaza seca en donde hay canchas de fútbol y voley. Allí pega la vuelta: “Arrancamos a las 4.10 de la mañana cuando la gente sale a trabajar. También tenemos horario fijo a las 7.15 y 7.30 para llevar a los chicos que se van a la escuela. Y después vamos y venimos todo el día, sin horarios fijos”, contó el conductor del minibús. “Este es un servicio vital para los vecinos y para nosotros, es una salida laboral”, cuenta el hombre, que prefiere no revelar su nombre.
El minibús transita sobre las calles asfaltadas por la Ciudad: “Por eso también hay vecinos que no están de acuerdo, porque están rompiendo las calles que son de cemento. Hace poco tuvimos un conflicto porque se rompió la tapa de una cloaca”, contó un delegado.
El otro recorrido se hace en combi, por la calle Padre Carlos Mugica, que corre entre las vías del Belgrano Norte y el tren Mitre, y une Retiro con Salguero. Aquí la situación es más peligrosa: porque los cercos de protección están rotos y la gente cruza sobre las vía s para llegar a la parada informal de la combi, que está ubicada a la altura de la Facultad de Derecho.
En enero la Justicia ordenó a UGOFE (la Unidad de Gestión Operativa Ferroviaria de Emergencia) que repare los muros y cercos, pero cuando los vecinos tomaron conocimiento de la obra que se iba a realizarcortaron las vías del tren. Así es que finalmente se suspendió la orden hasta que los vecinos tengan otras alternativas de paso.
La villa quedó “encerrada” entre las vías, los depósitos de contenedores y el puerto. Tiene buen acceso desde la estación de ómnibus de Retiro, pero transversalmente es intransitable. De allí la razón de ser del minibús y la combi.
Si bien se trata de vehículos inseguros, lo cierto es que los vecinosconviven con la precariedad: en edificios habitados por decenas de familias, y con servicios que en muchos casos llegan de manera muy irregular. Aún pese a la gran cantidad de obras que la Ciudad lleva a cabo en la villa (ver Las obras que se hacen...), los vecinos piden laurbanización urgente y definitiva; que además debería realizarse por ley, la 3.343. “Si nuestras calles fueran anchas como las de cualquier barrio de la Ciudad, podrían entrar todas las líneas de colectivos. Lo que soluciona este problema es que los políticos, de Nación y Ciudad, se hagan cargo de nosotros, también somos ciudadanos”, se quejó Guadalupe Noriega, vecina del barrio YPF.
En relación a la regulación del transporte, ambos gobiernos se pasan la pelota: Nación dice que es responsabilidad de Ciudad porque tiene lugar en territorio porteño, y Ciudad afirma que el tema es órbita de la Comisión Nacional de Regulación de Transporte.

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