Llegar a la complejidad, desde la simpleza

El propietario de "El Fortín" creció desde abajo. La convicción de sus valores lo llevó a convertirse en un trabajador
fundamental para particulares e industrias. El 90 por ciento de sus productos se venden a casi todas las provincias del país.

Quizás pocos imaginen que una persona desarrolle elementos de trabajo tan grandes y complejos. Tal vez pocos crean

que la fusión entre la fuerza física e intelectual de un trabajador culmine en un producto final de innumerable utilidad para toda una sociedad. Esa escéptica mayoría desconoce la certera convicción de valores que define a Ariel Solaro, un industrial de Santa Rosa, que actualmente vende sus creaciones a particulares y empresas de todo el país.

Alto, de pelo castaño, casi rubio, ojos grandes, voz grave y nítida, Ariel es el propietario de "El Fortín Metalúrgica", un taller con 17 empleados, ubicado en el Parque Industrial de esta ciudad, dedicado a la fabricación de silos, galpones y acoplados, entre otros objetos para la industria agropecuaria y petrolera. Pampeano de raíz, cuenta que nació el 6 de agosto de 1960 en la localidad de Colonia Barón y cuatro años después, sus padres se trasladaron a la ciudad capital de esta provincia donde se dedicaron a la tarea agropecuaria ya que trabajaban en los campos que tenían en la zona.

Ariel conversa, entre máquinas de distinto porte, chapas, vehículos, y una gran cantidad de perros y gatos que merodean su galpón, de paredes amarillas, y vista reluciente. El hombre recorre los espacios vacíos, recuerda sus días de infancia pueblerina y ahonda en su adolescencia y juventud."A los 20 años, salí a buscar mi horizonte ya que comencé trabajando en una metalúrgica donde vendía y acompañaba al propietario en el armado de silos y tareas similares", dice.

Despegue.

Con 23 años, Ariel se independizó. Vislumbró en su destino las puertas dirigidas a los senderos de la incertidumbre cotidiana. "En el 83' empecé solo, puse un taller muy humilde sobre la calle México donde no había nada sino que todo era desierto, campo", grafica. Y detalla: "Era un taller de diez metros por veinte, y que estaba orientado a la fabricación de galpones".

Los comienzos, para la mayoría de los trabajadores de la industria, suelen ser arduos y dificultosos. Solaro no fue la excepción y debió construir, de a poco, su propia historia. Pero algo tuvo claro, desde sus inicios, y fueron aquellos valores que lo sustentaron como persona. "A base de sacrificio, perseverancia, y constancia, fue haciendo los primeros clientes", agrega.

En esos años, Ariel, y sus cinco empleados, empezaron a trabajar para las empresas constructoras nacionales de barrios. "Hacíamos las partes de los techos, trabajábamos las 24 horas del día, y como no nos daba la capacidad del taller, para tener más personas, lo articulé en tres horarios diferentes de ocho horas para poder estar las 24 horas", especifica.

Según el fabricante, "estuvimos mucho tiempo trabajando en esta rama lo que nos permitió afianzarnos y realizar un despegue hacia delante". Tras el inminente crecimiento laboral de "El Fortín", Solaro construyó su primera fabrica sobre la avenida Circunvalación, con mucho esfuerzo, y recuerda que en ese momento las calles carecían de nombres.

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