Ni la llegada del Carnaval salva a Dilma del creciente malhumor social

Ni la llegada del Carnaval salva a Dilma del creciente malhumor social

Esta semana fue abucheada en el Congreso, sufrió un cacerolazo y fue notificada sobre una demanda; no funcionó su estrategia de unir al país contra el zika

Por Alberto Armendariz

RÍO DE JANEIRO.- Silbidos en el Congreso, cacerolazos en medio de un mensaje en cadena nacional, nuevas demandas judiciales... Todavía no pasó el Carnaval en Brasil y el ambiente político ya alcanzó una alta temperatura para la presidenta Dilma Rousseff, que se encamina a tener otro año de parálisis política y recesión económica.

Anteanoche, la presidenta salió a dar un discurso sobre el combate al mosquito Aedes aegypti, responsable por la epidemia de dengue, zika y chikungunya que afecta al país y que ha sido vinculado con el aumento de casos de microcefalia en recién nacidos. Esperaba animar a la población a ser parte de su "ejército de paz y salud" en los esfuerzos del gobierno por reducir los focos de infección, pero despertó un ruidoso brote de protestas con cacerolas, bocinazos y abucheos.

Los cacerolazos se sintieron en barrios de clase media de San Pablo, Río de Janeiro, Brasilia, Belo Horizonte, Curitiba, Florianópolis y Salvador. Tuvieron menos intensidad que otros del año pasado, cuando el proceso de impeachment contra Dilma se había apoderado de la agenda política, pero estas expresiones son indicadores de la mala imagen de la presidenta, aun después de que en diciembre el Supremo Tribunal Federal (STF) intervino en las acciones del Congreso por el juicio político y obligó a la Cámara de Diputados a volver a foja cero.

Ya el martes, cuando acudió al Congreso para abrir el período legislativo de este año, fue recibida por una lluvia de abucheos y silbidos. El peor momento ocurrió cuando Dilma insistió con su propuesta de reinstalar un impuesto a las transacciones financieras (también conocido como "impuesto al cheque"). Hasta antiguos aliados del oficialista Partido de los Trabajadores (PT), como el diputado Paulinho Pereira da Silva, ex líder de Força Sindical y ahora en el opositor partido Solidaridad, levantó un cartel en el que se leía: "Brasil no te aguanta más. Andate".

La presidenta minimizó luego estas reacciones en su contra; apuntó a que son parte del juego democrático. Pero sí debe haberse incomodado y preocupado ayer, cuando el Tribunal Superior Electoral (TSE) la notificó oficialmente sobre una demanda que la acusa de "abusos con cadenas nacionales", "manipulación de datos socioeconómicos", "uso indebido de predios públicos", "propaganda electoral en períodos de veda" y hasta "financiamiento indebido" de su campaña por la reelección en 2014.

La acción había sido presentada por la principal fuerza opositora, el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), encabezado por el senador Aécio Neves, su ex adversario en aquellas elecciones. La cúpula socialdemócrata sospecha que la campaña oficialista utilizó desvíos provenientes del escándalo de corrupción en Petrobras para financiarse y garantizarse la victoria, que resultó la más ajustada en la historia de Brasil.

El TSE aún está investigando el asunto, pero si llegara a encontrar indicios de que esas acusaciones son ciertas, tanto Dilma como su vicepresidente, Michel Temer, podrían ver sus mandatos revocados. Y mientras esas pesquisas continúan, en el Congreso, el archienemigo de la mandataria, Eduardo Cunha, presidente de la Cámara de Diputados, ya adelantó que en marzo volverá a la carga con el proceso de juicio político. La fiebre del impeachment regresará después del Carnaval.

"La presidenta no logró revertir su suerte, la intervención del STF fue una victoria pírrica para ella y el desgaste político es irreversible", afirmó a LA NACION Ricardo Caldas, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Brasilia.

No obstante su responsabilidad en el mal manejo de la crisis provocada por la epidemia de zika, el gobierno había visto en el combate al virus una oportunidad para unificar al país y dejar de lado las rivalidades políticas. "No tuvo el efecto deseado, alimentó las protestas y ahora nuevamente está muy expuesta, atada a una agenda negativa. Su única meta es sobrevivir políticamente, lograr acabar su mandato a fines de 2017 y no pasar a la historia como otro presidente que debe dejar el poder por un impeachment", apuntó Caldas, en referencia a Fernando Collor de Mello, que en 1992 renunció antes de ser juzgado por el Congreso.

Por su parte, la economía no da señales de mejoría y con la parálisis política el panorama no es alentador. Todos los analistas prevén que después de una caída del 3,7% del PBI el año pasado, en 2016 la actividad económica se contraerá más de un 3%, la recesión más larga en Brasil desde los años 30. Frente a este escenario, las principales preocupaciones tanto del gobierno como de la gente son el desempleo, que ya alcanzó el 10%, y la inflación, que trepó al 10,7%.

"Desde que llegó Dilma al poder parece que tenemos las siete plagas del Apocalipsis; lo del mosquito Aedes aegypti ya parece bíblico", comentó a este diario la dentista carioca Karina Brandão, de 46, mientras buscaba el repelente a menor precio en un supermercado de Ipanema.

Río se prepara ante la amenaza terrorista

  • Conmocionado por los atentados del año pasado en París, Brasil se prepara "para el peor escenario", cuando faltan seis meses para los Juegos Olímpicos en Río de Janeiro, aunque nunca sufrió un ataque terrorista.
  • "No podemos quedar indiferentes a la barbarie de París. Estamos en estado de alerta permanente. Nos preparamos para enfrentar el peor escenario", advirtió Andreï Rodrigues, jefe de la secretaría de seguridad para los grandes eventos. Este organismo gubernamental ya tuvo su estreno en la Copa de las Confederaciones de fútbol y la visita del papa Francisco en 2013, y luego, en la Copa del Mundo de fútbol, de 2014.
  • Unos 85.000 integrantes de las fuerzas de seguridad (47.000 policías y 38.000 militares) vigilarán la seguridad de los 10.500 atletas, oficiales, periodistas y turistas del mundo entero a los que se espera en Río del 5 al 21 de agosto. La cantidad de efectivos duplicará a los que hubo para los Juegos de Londres, en 2012.
  • Del editor: qué significa. El crédito parece definitivamente terminado para una presidenta que había llegado con la promesa de limpiar los viejos vicios de la política.

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