PARÍS.- Frente a un bloque cada vez más dividido, el presidente de la Comisión Europea (CE), Jean-Claude Juncker, apeló ayer a los 28 países miembros para actuar con solidaridad frente ante el flujo de refugiados que llegan huyendo de la guerra, la intolerancia y las persecuciones. Los miembros de la UE tienen obligación de defender los valores fundadores de Europa, dijo en términos vibrantes al invitarlos a recibir a los refugiados "sin miedos inoportunos".
Por Luisa Corradini
"No es hora de tener miedo. Es el momento de dar pruebas de dignidad humana", afirmó al comenzar un discurso de una hora y media ante el Parlamento Europeo.
"Son 160.000 personas las que debemos acoger con los brazos abiertos, y espero que, esta vez, todo el mundo estará de acuerdo", dijo, despertando una salva de aplausos que se detenían en la extrema derecha del hemiciclo.
Esa cifra es cuatro veces superior a los 40.000 propuestos por la Comisión en mayo, cuando, ya entonces, había sido fríamente recibida por ciertos países. Hoy, tanto Alemania como Francia apoyan la propuesta de Juncker y solicitan incluso un mecanismo permanente de repartición obligatoria.
En resumen, una gran parte de los refugiados presentes en Hungría, Grecia e Italia -países por donde entraron a la UE- deberán ser recibidos por otros Estados.
"El mecanismo deberá ser obligatorio", dijo Juncker, a pesar de la resistencia de países como Hungría, Polonia, la República Checa o Eslovaquia, opuestos a todo tipo de cuota.
Al mismo tiempo, la CE ratificó su intención de establecer una lista de "países seguros", cuyos nacionales serán considerados refugiados económicos y podrían ser expulsados rápidamente cada vez que ingresen en forma ilegal al territorio de la UE. Así lo reclaman tanto Berlín como París.
El presidente de la CE recordó a Europa su propia historia y los éxodos protagonizados por sus pueblos: gitanos y judíos antes y durante la Segunda Guerra Mundial, húngaros después de la insurrección de 1956, checos de la Primavera de Praga, en 1968, e irlandeses se lanzaron a Estados Unidos para huir de la miseria, así como los italianos y españoles que emigraron a América.
"Veinte millones de polacos viven fuera de Polonia", agregó, aludiendo veladamente a la actitud de la mayoría de países de Europa central, que manifiestan las mayores resistencias.
"Como europeos, jamás debemos olvidar por qué el asilo es uno de los derechos más fundamentales del hombre", afirmó. A su juicio, Europa no puede recibir toda la miseria del mundo, pero agregó: "Seamos honestos: aun cuando se trata de un flujo sin precedente de refugiados, sólo representan el 0,11% de la población de la UE".
Según diferentes organismos oficiales, entre 365.000 y 500.000 candidatos al asilo habrían ingresado desde comienzos de año. Juncker subrayó que los países vecinos de Irak y Siria -Turquía, Jordania, el Líbano y Egipto-, que son mucho más pobres que los Estados europeos, acogen en este momento cerca de cuatro millones de refugiados.
Pero el vibrante alegato de Jean-Claude Juncker, que deberá ser adoptado por los ministros de Interior y de Justicia de la Unión Europea (UE) el lunes 14 en Bruselas, no parece conmover a los países del bloque que siguen viendo como una amenaza la llegada de esos migrantes, mayoritariamente musulmanes.
Dinamarca dio ayer un nuevo paso en ese sentido al decidir la suspensión de los servicios ferroviarios con Alemania, después de que centenares de personas en tránsito hacia Suecia se negaron a bajar de dos trenes a su arribo a la ciudad danesa de Rodby.
La policía exigía, en efecto, que descendieran para llenar una solicitud de asilo en territorio danés. Bien informados, los migrantes saben que -contrariamente a Suecia y Alemania- Dinamarca no es el más acogedor de los destinos.
Estos últimos meses, el gobierno minoritario del primer ministro conservador Lars Lokke Rasmussen endureció sensiblemente las condiciones para el asilo, obligado a satisfacer las exigencias del Partido del Pueblo Danés, formación de extrema derecha y xenófoba.
Francia recibió ayer, por su parte, un grupo de 200 refugiados enviados desde Alemania. Todos procedentes del norte de Irak y de Siria, fueron alojados provisoriamente en comunas de la región parisiense.
Sin embargo, en un país económicamente paralizado, sometido a la creciente influencia del ultraderechista Frente Nacional y afligido por 10% de desocupación, muchos franceses asimilan esos arribos a una "invasión" y algunos alcaldes querrían recibir "sólo cristianos".
"Nadie discriminará en función de la religión. El derecho de asilo es universal", advirtió el primer ministro Manuel Valls, condenando la "funesta" distinción de los refugiados según sus creencias religiosas.
EE.UU. PODRÍA ABRIR LA PUERTA
Estados Unidos quiere recibir a más refugiados sirios, anunció ayer el secretario de Estado, John Kerry, en diálogo con legisladores, pero evitó dar cifras concretas. La Casa Blanca fue criticada en los últimos días porque en comparación con sus aliados en Europa aceptó a relativamente pocos sirios. En lo que va del año presupuestario (que va hasta fines de septiembre), poco menos de 1300 refugiados de Siria recibieron permiso para ingresar..

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