Retrata a un hombre abusivo que maltrata a sus empleados; el premier negó la acusación
De esta manera retrató el periodista británico Andrew Rawnsley al premier británico, Gordon Brown, en el libro The End of the Party , cuyos extractos fueron publicados ayer en un extra de ocho páginas en el diario The Observer y que dominó la atención de todos los informativos dominicales.
Aunque los hechos relatados fueron negados por Brown y sus asesores en diversos medios, Rawnsley afirmó que su libro está basado en "miles de conversaciones detalladas con numerosas fuentes impecables".
El relato describe, entre otros, el episodio de furia de Brown cuando un periodista descubrió similitudes entre su discurso en una reunión del Partido Laborista en 2007 y los de Al Gore y Bill Clinton. Bob Shrum, que trabajó para ambos antes de hacerlo para Brown, se mostró impactado por el ataque de ira del primer ministro, lleno de insultos y malas palabras.
En otro episodio, Rawnsley cuenta cómo Brown sacó a los empujones a una secretaria de su silla por escribir a máquina con una lentitud excesiva y se sentó él mismo a terminar el trabajo.
Además, relata que los ataques de rabia del premier británico eran tan frecuentes que una silla cercana de su escritorio estaba repleta de las "puñaladas" que le propinaba en aquellos momentos de completa indignación.
Otro de sus ataques tuvo lugar en su automóvil oficial. Allí, tras recibir una noticia desagradable, Brown empezó a golpear el respaldo de su asiento con tal fuerza que su guardaespaldas, que estaba detrás, se asustó y el asistente que iba a su lado se encogió de miedo, creyendo que le iba a golpear la cara.
Ante la repetición de los maltratos, según el libro, en determinado momento el jefe de Gabinete, Gus O´Donnell, tuvo que intervenir para calmar la situación y pidió a Brown que cambiase de comportamiento, tras haber comprobado que sus excesos aterrorizaban al personal.
Sin embargo, el vocero del primer ministro calificó de "maliciosas" y "totalmente infundadas" esas acusaciones y negó que O´Donnell hubiese solicitado una investigación interna sobre el supuesto comportamiento abusivo de Brown.
La defensa del premier
"Rabia, desesperación e indecisión. Dentro del Número 10 de Gordon Brown´´, titula The Observer la serie, en referencia a la residencia oficial de Brown, en el número 10 de Downing Street.
Por su parte, el primer ministro hizo su descargo a través del diario The Independent, que publicó ayer una entrevista que resume la opinión de Brown en torno al libro: "¡Mentiras!".
Allí, Brown se mostró particularmente molesto ante los rumores de que los extractos publicados relatarían que incluso golpeó a miembros de su personal. No fue así, aunque contienen referencias a presuntos incidentes en los que el primer ministro agarró a un ayudante por las solapas de su saco o que zarandeó a uno de sus asesores.
"Es una mentira decir que en mi vida he golpeado a alguien", dijo Brown al diario. "Puedo haber hecho uno o dos buenos tacles en rugby, pero la idea que se sugiere en este llamado relato es simplemente ridícula", precisó.
Tras reconocer que el carácter del premier ha sido desde hace tiempo tema de conjeturas en los medios informativos, el secretario de Empresas, Peter Mandelson, intentó describirlo como una persona apasionada en lugar de petulante y trató de convertir en positiva esa publicidad negativa.
El primer ministro "se enfada, pero por lo general consigo mismo", declaró el funcionario a la BBC.
El revuelo sobre el carácter de Brown irrumpió en la escena política cuando faltan pocos meses para las elecciones previstas para junio, en las que las encuestas dan como perdedor al Partido Laborista, actualmente en el poder.
Los sondeos sitúan a los conservadores bastante por delante del laborismo, pero en las últimas semanas la brecha se ha reducido. Por ello, Brown está intentando montar un contraataque, aunque las revelaciones de ayer lo dejaron en una posición muy incómoda.

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