Advertencia de la ONU por Misurata, sitiada desde hace seis semanas por las fuerzas de Khadafy
TRIPOLI.- Sin avances en el frente militar, donde combaten tropas de Muammar Khadafy y milicianos rebeldes, la crisis humanitaria se agravaba ayer en Misurata, en el oeste de Libia, sitiada desde hace seis semanas por fuerzas de Trípoli, que ya han causado cerca de 1000 muertos, la mayoría civiles.
Las unidades de artillería continuaron ayer el bombardeo con cohetes y disparos de morteros sobre las posiciones rebeldes desplegadas en Misurata, la tercera ciudad de Libia y único bastión rebelde en el Oeste, donde organizaciones internacionales y grupos de refugiados denuncian las condiciones desesperantes en el lugar y la muerte de centenares de civiles.
"El 80% de los muertos son civiles", declaró el administrador del hospital de Misurata, Khaled Abu Falgha. Según Human Rights Watch (HRW), que citó fuentes médicas de la ciudad, hasta el 15 de este mes, 267 cuerpos habían sido ingresados en las morgues de la ciudad, pero "la cantidad de muertos es más elevada, ya que algunas familias no llevaron los cadáveres de sus allegados".
Los médicos de los centros hospitalarios coincidieron en que la mayoría de los muertos o heridos sufrieron impactos de balas de alta velocidad de francotiradores o esquirlas de bombas racimo.
Representantes de alto rango de las Naciones Unidas se reunieron a última hora del domingo con el primer ministro libio, Al-Baghdadi Ali Al-Mahmudi, y le exigieron el fin "inmediato" de los ataques contra el bastión rebelde para permitir la evacuación de civiles y la llegada de ayuda humanitaria.
Luego del encuentro, Trípoli autorizó el ingreso de personal de la ONU para asistir a la población cercana a la capital mientras analizaba extender el permiso de los cooperantes para Misurata.
En este contexto, Gran Bretaña preparaba la evacuación por barco de 5000 trabajadores extranjeros atrapados en Misurata con embarcaciones de la Organización Internacional de la Migración (OIM), que ayer evacuó a 1000 refugiados.
Presionado por la comunidad internacional, que teme un baño de sangre en la sitiada Misurata, el régimen libio defendió ayer el asedio y negó el asesinato de civiles.
Saif al-Islam Khadafy, considerado hasta ahora el sucesor del líder libio, afirmó en una entrevista exclusiva con el diario The Washington Post que el gobierno nunca tuvo intención de matar civiles y que sólo está persiguiendo a "terroristas".
"Hay una gran diferencia entre dos o tres y 2000 o 3000" personas muertas, destacó Saif, que reveló que el asedio sobre Misurata no tiene como fin atacar a los civiles, sino "perseguir a terroristas".
Para el hijo de Khadafy, no es el momento de hablar de reformas y de una nueva Constitución en Libia porque el país se encuentra ahora sumido en una guerra.
Saif al-Islam indicó que si su padre abandonara ahora Libia, se produciría la "secuela de Somalia". "La principal cuestión son los terroristas y las milicias armadas. Una vez que nos deshagamos de ellos, todo se resolverá en una hora en todo el país", sostuvo.
Sobre la participación de Estados Unidos en los ataques a Libia, Saif se mostró sorprendido de que el presidente Barack Obama diera el visto bueno a una intervención militar.
"Fue un gran shock, al principio, cuando los norteamericanos atacaron Libia. Nadie en Medio Oriente, y menos en Libia, pensaba que un día Obama atacaría Libia o un país árabe", señaló. "Fue un gran shock para todos, incluso para mi padre", agregó.

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