Fernando GonzalezUna de las discusiones preferidas por los dirigentes políticos de este tiempo, por los kirchneristas y por muchos opositores también, es la disputa en torno a una aparente batalla cultural que estaría sucediendo en la Argentina. Los más cercanos a Cristina se pavonean y juran que la victoria estará consumada cuando la Presidenta acceda a su reelección en octubre. La oposición le teme a esa misma imagen pero hace poco para modificarla o presentar alternativas más interesantes.
Aterrizados sorpresivamente en el poder a partir de 2003, Néstor y sobre todo Cristina Kirchner iniciaron un operativo de seducción sobre los referentes culturales que comenzó con los grupos de derechos humanos, siguió con los intelectuales de Carta Abierta y terminó con una buena cantidad de artistas atraídos por el discurso progre del Gobierno pero desinteresados de los aspectos más cuestionados como ciertas iniciativas autoritarias o el nivel de corrupción en algunos de sus protagonistas. El martes último, la profesora Beatriz Sarlo fue invitada a la televisión pública para debatir con funcionarios, intelectuales y periodistas alineados con el oficialismo. Lo que debe ser una práctica común (la de la discusión de ideas diferentes en un medio de comunicación estatal que pagamos todos) se transformó en una pequeña batalla en la que una intelectual de mucho talento y perfil crítico expuso las contradicciones de un kirchnerismo que se siente mucho más cómodo en la manipulación solitaria que en la polémica enriquecedora con los que piensan distinto (ver pág. 27).
En el ADN intelectual de Sarlo, como en el de los científicos, los artistas o los periodistas inquietos por lo que sucede en su tiempo, es natural el pensamiento crítico. Ha cuestionado aspectos del alfonsinismo, del menemismo y ha sido autocrítica con los peores errores de su generación, como es el caso de la lucha armada en los años setenta. Fue Sarlo quien le marcó a los Kirchner la desmesura de comparar el genocidio nazi con la barbarie del terrorismo de Estado en la Argentina, luego de la visita de la pareja presidencial al campo de concentración de Dachau en las afueras de Munich, Alemania.
Es necesario rescatar la tolerancia, un bien que pierde terreno día a día en la Argentina y que debemos recuperar a menos de seis meses de las elecciones presidenciales. Sarlo no sólo le dio una lección democrática al kirchnerismo sino que también le dio una lección de valentía a aquellos dirigentes opositores que temen confrontar por sus ideas sólo porque las encuestas les arrojan números dudosos y desfavorables.



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