Los líderes de las tomas descreen de las promesas del Gobierno y la Ciudad

PERFIL reunió a siete de los principales referentes de los ocupantes de predios. Dicen que las tomas están manipuladas políticamente y que Alejandro Salvatierra recibió dinero.

Pobreza, especulación política, inescrupulosos punteros, venta de tierras, narcotráfico y la inigualable viveza criolla, son algunos de los condimentos que hay detrás de la crisis habitacional que padecen miles de familias de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y el conurbano bonaerense. PERFIL reunió a los principales referentes de las nuevas tomas de terrenos que desencadenó la sangrienta usurpación del parque Indoamericano.

Los referentes de las diferentes tomas intercambian opiniones a metros de una de las villas más importantes de Flores, la 1.11.14. Todos coinciden en que al instalarse una nueva villa los problemas llegan cuando se instala la droga.

Laura Forno, delegada de una de las tomas del bajo Flores bautizada como La Veredita, corré el velo sin eufemismos: “Los punteros de Macri nos dicen que vayamos a la provincia porque hay terrenos de sobra. Y los del kirchnerismo nos mandan a meternos por acá porque dicen que el Gobierno de Macri nos va a dar los títulos. Pero nosotros ya no le creemos a nadie”.

El curriculum de Forno impresionaría a la flamante ministra de Seguridad, Nilda Garré. Lo haría a tal punto de que hasta podría convertirse en su asesora. Cuenta el número de terrenos que ocupó durante los últimos tres años como si fueran verdaderas batallas, y su repertorio verbal podría servir de base para el armado del manual de procedimiento en el arte okupa.

María Mancuello, de La Matanza, se queja de la falta de control de las villas. “Los políticos especulan con los planes. Yo soy paraguaya y no tengo documentos, pero igual trabajé en la campaña de Cristina Kirchner”. Y es en ese momento cuando Laura se lanza a dar un nombre: “Pablo Díaz, del Ministerio de Desarrollo Social, le ofreció a mi mamá plata para que deje un terreno. Pero lo que pasa es que ellos se quedan con parte de esa plata”.

Nadie parece asombrarse cuando se habla de venta de terrenos. “Todos necesitamos, pero algunos agarran una parcela para después venderla. Eso es algo común y los punteros lo saben. Lo que pasa es que recién ahora la prensa se viene a dar cuenta de esta problemática que ya tiene muchos años”, explica María.

Ninguno de ellos cree en el acuerdo al que arribó el Gobierno nacional con el porteño para el desalojo del Indoamericano, y todos señalan a Alejandro Salvatierra, el líder de la toma en el Indoamericano, como un “transa que arregló con el Gobierno en nombre de la gente”. “Te juego lo que quieras que se vendió”, remató Laura.

Su compañera María Rodríguez no se queda atrás. Pasó por diferentes villas y parece una avezada estratega en planificación de ocupar terrenos sin previo aviso. “Lo del Indoamericano fue planificado, no fue como pasó en otros lados. Las cosas primero se arman. Hay transa de funcionarios, de los punteros, y de algunos giles que viven de los terrenos que toman porque después venden la tierra. Pero hay gente que necesita posta. Acá hay de todo”, comentó quien es una de las líderes de las ocho calles tomadas en la zona de bajo Flores.

Unas 300 familias se encuentran ocupando tierras en González Catán, en la zona oeste del partido bonaerense de La Matanza. Otras 500 avanzaron esta semana sobre diferentes predios privados y públicos en la localidad de Quilmes. Y en el bajo Flores unas mil familias construyeron improvisadas viviendas de madera, chapa y cartón, sobre las veredas.

Sin un censo oficial, los números tal vez no dejan de ser una evaluación parcial de los principales referentes de esa tomas. Pero esas cifras se elevan por las nubes si se contabilizan los “okupas” que esperan soluciones en la otra media docena de espacios tomados, como es el caso de los terrenos del Club Albariño de Villa Lugano (ver página 7).

Beatríz Flores no para de fumar. Lleva en su vientre a su séptimo hijo y al momento de esta entrevista esperaba bajo una improvisada carpa, montada en un terreno de González Catán, que llegue una orden de desalojo. “Yo tengo mi casa, pero estoy acá peleando por un terreno para mi hijo mayor y su hijo”. Bety es de Paraguay, pero hace años que vive en el país.

Una situación similar vive Florencio Aquino, también de La Matanza. Tiene una humilde vivienda en un barrio lindero a la ocupación de tierras y explica que “son muchos los que viven en mi casa, y mi hija necesita un terreno”. Desde que Aníbal Fernández, dijo que quienes ocupen un terreno pueden perder sus planes sociales, pocos se animan a dar sus nombres y envían a un familiar para que haga guardia en su lote tomado.

En Quilmes esperan que el intendente Francisco “Barba” Gutiérrez llegue a un acuerdo con el Gobierno nacional. “Algunos vecinos dijeron que el intendente les dijo que se queden para ver qué pasa. El tema es que cada vez son más las personas que se meten en los predios. Acá somos todos de la zona, la mayoría nos conocemos”, se queja Marcelo Maidana, delegado de la toma de Quilmes.

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