María Eugenia Vidal comienza a transitar un delicado camino en la provincia de Buenos Aires. Con Cristina de Kirchner al acecho, y arriba en las encuestas de acuerdo a voceros de Cambiemos, la gobernadora entra en un callejón de cara al 22 de octubre. Al día siguiente del comicio, y dependiendo del resultado, la pregunta que obsesionará al círculo rojo y a la que no podrá escapar la dualidad Macri-Vidal será: ¿Ganó Macri o ganó Vidal? Pero: ¿Perdió Macri o perdió Vidal?
Ayer, por primera vez y de manera casi imperceptible, la gobernadora se diferenció de Macri. “Debe hacerse un violento ajuste de la política, no se le puede pedir más a la gente. Tenemos que volver a tomar la confianza de la gente, y la gente tiene que sentir que (los políticos) estamos dispuestos a pagar el costo”, advirtió la mandataria bonaerense en una entrevista de campaña.
La palabra "ajuste" aturdió los pasillos de la Casa Rosada donde se viven momentos de nerviosismo a partir de la presunta superioridad de Cristina de Kirchner en la provincia de Buenos Aires.
En clave, y de manera cifrada para no alterar los ánimos presidenciales, Vidal explicó que “el nivel de obra pública se va a sostener, aunque es necesario producir un fuerte ajuste de la política ajustando la cantidad de cargos, asesores, y el tamaño de las legislaturas”.
La gobernadora es el rostro social de Cambiemos en medio de un gobierno nacional y un gabinete de Marcos Peña comandado por tecnócratas y ex CEOS de empresas, sin embargo cuenta con poco margen para influir en las decisiones presidenciales. Como pudo, ayer sugirió frenar el "ajuste social" y empezar con el "ajuste político".
Macri es consciente de la diferencia de estilos y hasta de extracción social que lo diferencian de la gobernadora y por eso amagó con construirle un/a sucersor/a bonaerense como Elisa Carrió, quien se mudó a Capilla del Señor, y luego con Jorge Macri a quien impulsó como pre candidato a senador.





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