El kirchnerismo abrió la caja de Pandora

El kirchnerismo abrió la caja de Pandora
Impulsaron un candidato opositor light, como Sergio Massa, y ahora se le viene un vendaval de votos en contra. El intendente de Tigre está lejos de poder constituir una alternativa presidenciable. Preocupación por la economía
La estrategia fue clara: inventar un candidato, un tibio, que divida a la oposición y que le permita a la presidenta Cristina Fernández salvarse de la debacle electoral, en momentos en que la sociedad le dio la espalda al kirchnerismo.

El objetivo era robarle la mayor cantidad de votos posibles a Francisco de Narváez, que ganó las elecciones de 2009 pero que luego se desinfló, demostrando ser más de lo mismo. Con el invento Massa, los K también buscaron neutralizar la alternativa no peronista representada por Margarita Stolbizer en la Provincia. Pero las elecciones primarias sobrepasaron cualquier cálculo del kirchnerismo. Si bien los resultados pusieron a De Narváez al borde del retiro político, los K perdieron por paliza en la provincia de Buenos Aires y todo indica que la derrota será mucho más pronunciada en octubre. De esta manera, lo que aparecía como una estrategia electoral, terminó siendo una caja de Pandora abierta que puede significar que el kirchnerismo se agote en 2015.

Ahora bien, el hecho de que los votos, circunstancialmente vayan a Sergio Massa, no significa que el intendente de Tigre sea un presidenciable. Por el momento, es tan solo un jefe comunal que, por más propaganda que le hagan algunos monopolios mediáticos, tiene una gestión llena de claroscuros. Concretamente, pese a que en el municipio de Tigre, hay barrios privados que alojan a sectores socialmente acomodados, la realidad del distrito no escapa a lo que se puede ver en cualquier distrito del Conurbano profundo: apenas el 17% de los hogares tiene cloacas y sólo la mitad cuenta con gas red. A su vez, existe un marcado problema con el narcotráfico al punto que en el departamento judicial que incluye a Tigre se registra la mayor incidencia de este tipo de delitos respecto a la totalidad de las denuncias penales que se tramitan en esa región.

A nivel de equipos es todo muy improvisado en el massismo, y la gran mayoría de los personajes que forman parte de ese armado están asociados a las peores prácticas políticas de los últimos 20 años en la Provincia. Sólo basta ver las listas basta para demostrar esta afirmación: en la nómina conviven candidatos que responden al sindicalista Luis Barrionuevo (famoso por haber dicho que “hay que dejar de robar por dos años”), pasando por Adrián Pérez (que traicionó a Elisa Carrió y a los dirigentes de la Coalición Cívica bonaerense), José Ignacio de Mendiguren (un dirigente que se dice industrial, pero que no tiene industria y que fue artífice de la pesificación asi­mé­trica en el gobierno duhaldista) y algunos dirigentes macristas relacionados con el negocio del juego.

En La Plata, incluso, Massa lleva como segundo candidato a diputado provincial a un personaje oscuro como Juan Amondarain, que fue senador bonaerense hasta el año 2007 y terminó salpicado por numerosos escándalos. Estuvo sindicado, por ejemplo, de ser uno de los principales promotores de la renovación automática, por decreto, de las licencias de los bingos (tragamonedas) en la Provincia. A cambio de un canon irrisorio, le terminaron extendiendo las licencias hasta por 15 años. Esto ocurrió durante el gobierno de Felipe Solá que, no por casualidad, también forma parte de la lista del intendente de Tigre como candidato a diputado nacional.

Solá, además, de servirle en bandeja un negocio millonario a los bingueros, tiene antecedentes más oscuros ya que, como funcionario menemista, habría distribuido discrecionalmente licencias de pesca, que terminaron saqueando los recursos de nuestros mares. Y cuyas consecuencias aún se sienten.

A su vez, los suegros de Massa, Fernando Galmarini y Marcela Durrieu, que son dos sus principales operadores políticos, son dos menemistas de pura cepa que en 1998, mientras el país comenzaba a incendiarse, salieron a plantear la re reelección del patilludo riojano, intentando manipular la Constitución.

Solamente Jorge Sar­ghini, candidato a diputado provincial, parece ser uno de los pocos candidatos potables que tiene el massismo. Fue ministro de Economía en la crisis más profunda que tuvo la Provincia de Buenos Aires, en el año 2001, cuando instrumentó una serie de medidas que evitaron que el Estado bonaerense quebrara y miles de trabajadores públicos quedarán en la calle. En definitiva, la excepción termina confirmando la regla.

Sin respuestas

Lo mas grave de todo este panorama, es que ninguno de los principales candidatos está planteando qué lo que se va a hacer ante una situación económica agobiante, producto de una inflación que no da tregua y una recesión que parece haber llegado para quedarse. Producto de esta situación, el empleo genuino en el sector privado cae en picada, las reservas del Banco Central se desangran (se encuentran en niveles más bajo que hace seis años) para poder cumplir con los pagos de una deuda fraudulenta y hasta se están dilapidando los recursos de la Anses, lo que pone en riesgo las jubilaciones presentes y futuras.

Cristina, Massa y Scioli, pese a las rencillas de campaña, pertenecen a un mismo tronco. Ni siquiera plantean una idea clara de que harán, después de las elecciones, para evitar que el dólar se dispare, para ponerle un freno al incremento del costo de vida que ya se ha comido los aumentos salariales acordados en paritarias, y combatir una crisis energética que se ha profundizado a límites intolerables. En un año, la nafta ha aumentado casi un 30% y podría haber otros importantes incrementos en los próximos meses, lo que recalentará aún más las expectativas inflacionarias.

Ni siquiera figura en la agenda electoral que es lo que harán para que las economías regionales, a pocos kilómetros de La Plata y Capital Federal, ya no tengan en el cuello la soga que estrangula a los productores y los pone al borde de la parálisis total. Se trata de temas ausentes en un país que tiene todo para ponerse de pie, y que sólo requiere de una dirigencia política lúcida -tanto en el oficialismo como en la oposición- para plantear un camino diferente. Toda crisis constituye, al mismo tiempo, una oportunidad. La cuestión es tener la capacidad de aprovecharla.

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