Un jurado popular comenzó ayer en Azul a juzgar a una joven que mató a su padre

Un jurado popular comenzó ayer en Azul a juzgar a una joven que mató a su padre

Un crimen ocurrido en Olavarría en febrero del año pasado es ahora materia del primer juicio con jurados que se realiza en el Departamento Judicial local. Los ciudadanos que integran el jurado deberán acordar por unanimidad el veredicto, para después declarar “culpable” o “no culpable” a la encausada, que está presa en la Unidad 52, la cárcel de mujeres de Azul.

La imputada había asesinado a su papá de una puñalada luego de una discusión. Según el representante del Ministerio Público Fiscal, lo mató “a sangre fría”. El Defensor Oficial, en cambio, afirmó que la mujer se defendió de un ataque, teniendo en cuenta que su papá había abusado sexualmente de ella durante varios años y que, además, la golpeaba.

Un Fiscal primero y un Defensor Oficial después se paran ante un jurado popular, integrado específicamente en este caso por nueve varones y ocho mujeres.

Micrófono en mano, ambos funcionarios judiciales intentan convencer a ese grupo de ciudadanos -venidos de diferentes ciudades que forman parte del Departamento Judicial Azul- de lo que ellos pretenden en nombre de las partes a las que representan.

El Fiscal lo hace buscando que declaren culpable a esa joven que mató a su papá: una chica de tan sólo 21 años de edad que está presa desde febrero del año pasado. La imputada, que está presa en la Unidad 52, a modo de señal visible tiene algunos pequeños tatuajes en su rostro. Y en varios tramos de lo que fue la audiencia de ayer, se la pudo ver con sus ojos llenos de lágrimas.

Desde un lugar bien distinto al del acusador, el abogado defensor de la encausada habla sobre la trama de lo que fue este homicidio agravado por el vínculo, tal la calificación que tiene la causa penal relacionada con un hecho ocurrido en Olavarría y que desde ayer es materia de un juicio por jurados. Pretende que ese grupo de ciudadanos, metafóricamente hablando, no le baje el pulgar a la joven. De ocurrir eso, sabe que a la autora de matar de una puñalada en el pecho con un cuchillo tipo “Tramontina” a su papá la condenarán a prisión o reclusión perpetua.

La escena es real y sucedió ayer en Azul, en lo que se convirtió en el inicio del primer juicio con jurados que se lleva a cabo en el ámbito del Departamento Judicial local, después de la puesta en vigencia de ese sistema de juzgamiento en la provincia de Buenos Aires en septiembre del año 2013, con la promulgación de una ley.

La experiencia comenzó a desarrollarse en el Palacio de Justicia que tiene sede en la Avenida Perón de esta ciudad. Concretamente, en la sala que la Cámara de Apelación y Garantías en lo Penal posee en el tercer piso, adecuada a tal efecto con, entre otras cosas, una especie de tribuna con sillas en las que ahora se ubican los integrantes del jurado popular, la novedad más saliente y característica de lo que es este tipo de procesos, instrumentado sólo para casos de delitos graves que contemplan penas mayores a los quince años de prisión.

Los jueces de los hechos

Esos ciudadanos ahora son -como los llamó ayer el Dr. Gustavo Borghi, magistrado que está conduciendo el proceso- los jueces de los hechos que se están tratando en este debate.

En ese contexto, al funcionario judicial integrante del Tribunal Oral en lo Criminal número 1 sólo le queda ahora ser un juez del Derecho. Y a diferencia de lo que es un juicio con un cuerpo colegiado como los que habitualmente ese magistrado suele protagonizar, eso le impide, entre otras cosas, preguntar a quienes declararan en carácter de testigos.

Si el jurado, necesariamente por mayoría absoluta teniendo en cuenta el tipo de delito que se está tratando en este proceso, decide declarar “no culpable” a la joven acusada, la labor del juez en este debate finalizará en ese mismo momento.

De lo contrario, cesura del proceso mediante por unos días, deberá reunir en una nueva audiencia a las partes para informar el tipo de delito y el monto de pena por el que la imputada es condenada, como así también las circunstancias -si es que las hay- atenuantes, agravantes y eximentes que contemple para la joven que mató a su papá, autoría que las partes decidieron no discutir y, tácitamente, ya han dado por acreditada.

Con esos y otros detalles relacionados con el perfil propio de un proceso de estas características comenzó ayer este primer juicio por jurados en Azul.

Ahora se ha puesto especial énfasis también en lo que es la cobertura periodística del proceso, sobre todo en lo que tiene que ver con la obtención de fotos o filmaciones del debate.

Con el fin de preservar a los jurados ante situaciones que podrían derivar en una decisión que no sea “justa o imparcial” -según decía una hoja entregada a los representantes de los medios periodísticos que están cubriendo el debate- ahora existe una “normativa para el desempeño de la función de la prensa” en un juicio por jurados.

De esa manera, no se pueden tomar imágenes con ningún tipo de soporte técnico, sea una cámara, un teléfono celular o medios similares, de quienes ejercen el rol de jurados. Y hay para la prensa, además, una absoluta prohibición de mantener contacto con los miembros del jurado mientras el proceso dure.

Por eso sólo fue posible tomar imágenes de la sala antes de que el juicio comenzara y sin que el jurado estuviera presente. Y también, sólo podrán tomarse imágenes cuando se lea el veredicto.

Una jornada que empezó temprano para el jurado

Si bien el proceso se inició minutos después de la hora 13 de ayer, la jornada para los ciudadanos que fueron convocados a formar parte del jurado comenzó mucho antes, cuando el reloj había marcado las ocho.

A esa hora, de las 48 personas que habían sido citadas para formar el jurado popular que está interviniendo en el caso sólo habían asistido a los Tribunales de Azul un total de 31.

De esa manera, hombres y mujeres de Azul, Olavarría, Tandil, Bolívar, Las Flores, Tapalqué y General Alvear, entre otras ciudades que forman parte del Departamento Judicial local, comenzaron a dar sus primeros pasos en esta nueva experiencia.

En la sala del Tribunal 1, donde está radicada la causa penal de lo que ahora es este juicio, todos los convocados tuvieron que llenar un formulario con sus datos personales y después contestar una encuesta confeccionada desde el Ministerio de Justicia de la Provincia.

Luego de eso, a media mañana, ya en la misma sala que más tarde sería escenario del debate, se hizo la audiencia donde las partes seleccionaron al jurado que ahora está interviniendo en el juicio.

Sin la presencia de quienes fueron elegidos y los que no, ese jurado popular integrado por nueve varones y nueve mujeres, entre titulares y suplentes, quedó conformado.

Entre quienes quedaron afuera de esa selección hubo un hombre que informó que padecía un problema que le impedía escuchar con normalidad y una mujer que señaló que tenía inconvenientes psicológicos. Tampoco fue tenido en cuenta por las partes un estudiante de Derecho.

Y ya con el jurado integrado, ni bien el debate empezó hubo una nueva exclusión.

Se trató de una persona que falseó esa declaración previa. En la misma, no informó que figuraba como encausada, y a la vez como denunciante, en varios expedientes penales relacionados con hechos de violencia familiar que todavía son materia de instrucción desde una fiscalía azuleña.

Al detectarse esa anormalidad por parte del fiscal Martín Pizzolo, el propio funcionario judicial pidió que esa persona -identificada en el jurado con el número 54- no formara parte del mismo, algo a lo que adhirió Martín Marcelli, defensor Oficial de la joven que mató a su papá.

Después, ya con los jurados instalados en sus lugares y con una silla vacía por esa exclusión que obligó a un suplente a ingresar en reemplazo de esa persona que fuera recusada, se inició el proceso.

El primero en tomar la palabra fue el juez Borghi, quien dedicó varios minutos a instruir al jurado sobre esa trama de la que ahora están formando parte.

Después, ya transitando por un argumento más conocido en lo que es un juicio, le tocó primero al fiscal Pizzolo y luego al defensor Oficial Marcelli dar a conocer sus respectivos lineamientos.

Parados y micrófono en mano, ambos les hablaron a ese grupo de ciudadanos que ahora tienen en sus manos decidir qué será en los próximos días de la vida de esa joven que hoy está presa por haber matado a su papá.

Una enorme responsabilidad que ahora ya no es sólo facultad de los jueces, sino también de cualquier ciudadano común que resulte elegido para formar parte de un jurado popular.

 El dato

El debate continuará hoy. La segunda de las audiencias de este juicio por jurados se perfila como la más extensa. El jurado y las partes han sido citados para la hora 8.30. De finalizar con la recepción de la prueba testimonial, en esta jornada los integrantes del jurado ya estarían en condiciones de pasar a deliberar para anunciar, posteriormente, el veredicto de “culpable” o “no culpable” para la encausada.

DOS ENFOQUES BIEN DIFERENTES Y TRES TESTIGOS QUE DECLARARON

 

Los hechos que desde ayer son materia del primer juicio con jurados que se realiza en el Departamento Judicial Azul se remontan al 1 de febrero del año pasado.

Aquel día, en Olavarría, una casa situada en la calle Guisasola del Barrio Alberdi fue el lugar donde Jennifer Ayelén Kysilka mató a su papá.

La víctima se llamaba Juan Carlos Kysilka y tenía 39 años de edad. Según lo señalado en el debate, la joven le asestó una puñalada en el pecho, utilizando para eso un cuchillo tipo “Tramontina”.

Kysilka padre alcanzó a ser trasladado al Hospital Cura de la vecina ciudad, el centro asistencial municipal donde se produjo su deceso al tiempo que su hija era detenida y quedaba acusada de ser la autora del crimen.

Entre los tres testigos que ayer declararon en la primera de las audiencias de este juicio estuvo un policía al que le tocó intervenir en la investigación del hecho.

Según su testimonio, la propia acusada le dijo a él que ella había sido la que apuñaló a su padre.

Un perito de Policía Científica que tuvo a su cargo tomar diferentes rastros en la escena del crimen también compareció ayer en el proceso, al igual que lo hizo el hombre que era el empleador de Kysilka, que trabajaba en el rubro de la construcción.

Según el fiscal Pizzolo les dijo a los miembros del jurado, la acusada “mató a su padre a sangre fría”. Y les aclaró que probará que en el hecho no hubo “ninguna justificación” ni “causal de legítima defensa” que pueda excusar a la joven de ese reproche penal que le endilga, el mismo por el que pretende que el jurado la declare “culpable”.

Pero para el defensor Oficial Martín Marcelli el enfoque de lo que pasó aquella madrugada en la casa de los Kysilka fue otro.

Así, ubicó a su defendida como víctima de constantes agresiones por parte de su padre, el mismo que también reiteraba esa conducta con los demás integrantes de su familia, compuesta en su mayoría por mujeres.

El funcionario judicial definió al hombre que murió tras recibir una puñalada como alguien “violento y abusador”, de quien esa noche la joven “se defendió de una manera legítima”, después de que su padre la había agredido una vez más.

Y en su misión de conseguir que el jurado declare “no culpable” a Kysilka del crimen de su padre, habló de que tanto ella -a quien el funcionario judicial  considera “inocente”– como sus hermanas fueron víctimas de abuso sexual en esa casa donde todos vivían. En el caso de la imputada, desde que era una adolescente de 15 años.

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