Este 7 de junio los trabajadores y trabajadoras de prensa asumen su día con quita de firmas, movilización, asambleas, estado de alerta y paro, por el constante reclamo sin respuesta para que las patronales se sienten a firmar las paritarias de prensa.
Muchos podrán no saber cuál es la realidad laboral de los periodistas porque el perro no come perro y los dueños de diarios no publican notas sobre los derechos que ellos mismos infringen, pero ese fue el escenario gremial en el que se aprobó la “Ley de la Libertad de expresión en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires” antecedida por el DNU de Mauricio Macri.
A mi entender, esta ley de libertad de prensa huele mucho a libertad de empresa. El derecho a la libre expresión de quienes carecen de instrumentos para ejercerlo sólo se contempla en un artículo que omite quién estimulará y fomentará las expresiones de la sociedad civil y cómo.
El resto, sólo protege a los grandes medios y a las sociedades que sean sus propietarias directas o indirectas; llámense Grupo Clarín o Grupo Indalo (léase Cristóbal López) no importa si son financieras, sojeras o maxikioscos. E incluye un resguardo a las empresas que producen insumos necesarios para la actividad periodística.
En cuanto al ejercicio de la Libertad de Expresión por parte de los trabajadores de prensa, la Ley poco agrega. El artículo 11º alude al secreto profesional del periodista que desde 1994 reconoce la Constitución Nacional y el 12º crea un rebuscado mecanismo para que quien escriba, diga o muestre posturas o críticas políticas que no comparte, pueda pedirle a sus patrones que dejen constancia pública de su discrepancia. Mejor hubiese sido que los legisladores incluyeran la cláusula de conciencia tan reclamada por los periodistas para proteger su independencia e integridad moral, deontológica y profesional frente a hechos dispuestos por sus empleadores que los afecten gravemente.
Quiero recordar que el 25 de marzo de 1946, con Juan Domingo Perón en la presidencia, el Congreso Nacional sancionó la Ley Nº 12.908 de Estatuto del Periodista Profesional. Dictadura y menemismo mediante, el Estatuto fue un símbolo de lucha y defensa irrestricta de los trabajadores de prensa. Hubo periodistas encadenados al Parlamento para impedir su derogación, hubo marchas, paros y huelgas de hambre.
Hubo una larga historia de trabajadores en lucha antes de que comience a regir la nueva libertad de expresión de la Ciudad. Y creo que esa lucha es invisible para la Ley. La ausencia del Estatuto en esta Ley es la muestra más clara de a quién se pretende defender. Scalabrini Ortiz decía en 1948 que aquello que no se legisla explícita y axativamente a favor del débil, queda legislado implícitamente a avor del poderoso.
Los periodistas son eso, trabajadores. Son los empleados de empresas que ya no sólo son periodísticas, sino grandes holdings; son quienes debieran ser los sujetos de esta Ley si sinceramente se quisiera defender la libertad de expresión.
Coherente es Macri que siempre fue patrón. Coherente debo ser en la defensa de los trabajadores.
(*) Diputado Nacional - Movimiento Proyecto Sur


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