Los uniformados Silva y Scurti escuchan el testimonio de la madre de una víctima: el forense indicó que las lesiones serían producto del forcejeo durante la demora. El juicio culminará el próximo miércoles a las 9 horas con la presentación del último testigo, Gonzalo González.
Este jueves continuó el juicio contra uniformados de la Comisaría Segunda, denunciados por diferentes hechos de apremios ilegales. En particular, en la anteúltima jornada se debatieron dos nuevos casos, en los que son juzgados Sergio Scurti y Diego Silva. Los informes del forense Rubén Bocchio aliviaron la situación de ambos imputados, al considerar que las lesiones que padecieron las víctimas se condecirían con las que puede sufrir alguien cuando es reducido y que si las hechos fueran como relataron los denunciantes existirían otro tipo de heridas.
En primer término se debatió en la Sala Nº 1 del Palacio de Tribunales de General Pico el Legajo Nº 10.882, en el cual solo fue denunciado Scurti. El hecho que se le imputó habría tenido lugar el pasado 18 de junio, en horas de la tarde, cuando luego de una persecución por circular en moto con un televisor robado, logró la captura en barrio Ranqueles de un menor a quien llaman “Popito”.
Según aseguró el chico, tras reducirlo lo pateó en la cabeza y el cuerpo en el piso, mientras que siguió golpeándolo en el móvil policial durante el traslado, junto a otro policía que no pudo identificar. Además, aseguró que en la Comisaría Segunda siguieron los maltratos y que, al ingresarlo a un calabozo, le agarraron adrede los dedos de una mano con la puerta metálica, lo que le produjo una fractura.
En la audiencia de hoy, el menor identificado con las iniciales K.P., reafirmó lo dicho e indicó que fue detenido en varias oportunidades, las cuales eran aprovechadas por los agentes policiales para golpearlo y amenazarlo con que se fuera a Santa Rosa o no lo dejarían en paz.
Versiones diferentes
A su turno, Scurti relató cómo fue la persecución y la captura del chico. Dijo que lo corrió, le realizó un tacle desde atrás y que cayeron pesadamente sobre el asfalto. Luego lo demoró sin que ofreciera resistencia.
El cabo aseveró que él no realizó el traslado del menor y que se quedó custodiando la moto que el denunciante y su cómplice dejaron tirada en la calle, así como el móvil policial que dañaron durante el intento de huida. Contó que, después que Criminalística peritara los rodados, regresó a la Comisaría cuando el adolescente ya había sido trasladado a la Seccional Cuarta, por lo que negó rotundamente haberlo golpeado, ni durante la demora ni en el edificio policial.
La declaración del implicado fue reafirmado por otro agente de apellido Barroso, quien participó de la persecución y regresó a la dependencia policial junto a él.
También el comisario Mauro Bertone, jefe de la Segunda, indicó que en el día y horario precisado el estaba en su oficina, ubicada en cercanías a los calabozos donde presuntamente fue golpeado el chico. Negó tajantemente haber escuchado gritos o cualquier tipo de quejido propio de alguien que es golpeado.
El acusado sostuvo que siempre las miradas se fijan sobre él y sus compañeros de turno, ya que son los únicos que cumplen sus funciones como deben.
Problemas previos
En cuanto a los testigos, declararon la madre y el padre de “Popito”, quienes reconocieron que andaba en cosas raras, que fue demorado en varias oportunidades y que lo vieron en reiteradas ocasiones golpeados. También que, dentro de lo poco que podían sacarle al muchacho, este les contó que quien lo golpeaba siempre era “El Cordobés” –sobrenombre de Scurti-.
Con algunas contradicciones, declaró Brian Moreira, el otro adolescente que fue capturado junto a K.P. tras la persecución. Dejo que mientras corría miró hacia atrás y vio cuando el policía atrapó a su compañero y lo golpeó en el piso.
No pudo confirmar si hubo más maltratos en el auto porque fueron en diferentes móviles, pero si sostuvo que las vejaciones continuaron en la Comisaría Segunda. Por momentos dijo que solo oyó los gritos de “Popito” ya que tenía una campera puesta en la cabeza, y por otros dijo que pudo observar cuando le pegaban.
Informe clave
El testimonio fundamental del caso fue del doctor Rubén Bocchio, quien revisó al denunciante tras la presentación que hizo en Fiscalía. El profesional certificó las diferentes “lesiones leves” que presentaba el chico, las cuales sostuvo fueron provocadas con un objeto romo –sin bordes-, lo que echaría por tierra la tesis de las patadas con los botines y el apretón de dedos con la puerta.
En cambio, el doctor si consideró que las heridas “superficiales”, por su forma, ubicación y gravedad, bien podrían haber sido provocadas por la caída tras el tacle que Scurti realizó para detener al menor.
El otro caso
En el otro Legajo debatido ayer, el 12.446, están imputados tanto Sergio Scurti como Diego Silva. En esta oportunidad Jesús Arguello los denunció por haberlo golpeado estando esposado y dentro del garaje de la Comisaría Segunda, además de pegarle en la celda y arrojarle gas pimienta. Esto ocurrió luego de que lo demoró junto a dos amigos cerca de las 7 horas del 20 de octubre de 2013, en calle 29 bis entre 40 y 38, cuando los uniformados los identificaron y uno de ellos arrojó un cuchillo que tenía entre sus prendas.
Arguello en su declaración relató lo mismo y agregó que en la sede policial Scurti lo amenazó con convertirse en el “nuevo Popito”, ya que cada vez que lo viera le pegaría hasta que abandone la ciudad. Dijo no entender el porqué del maltrato, siendo que inclusive se conocían porque trabajan calle de por medio y que el cabo era amigo de su padre.
Jonathan Correa, quien fue demorado junto a Arguello, reafirmó lo dicho por su primo en todos los términos. Dijo que fue llevado primero a la dependencia, junto al otro demorado, y que escuchó y vio a Scurti pegarle a su amigo, no así a Silva.
Otra versión
Scurti dio una versión diferente, negando los golpes e indicando que las lesiones de Arguello provienen de una lucha que mantuvieron cuando se resistió a la demora. Aseguró que el chico lo provocó en todo momento, tanto en ese momento como previamente, cuando fueron a una presencia por ruidos molestos en una fiesta de la que el denunciante era parte.
Los uniformados Tisera y Barroso reafirmaron lo dicho por su compañero, ya que al llegar como refuerzos al lugar de la demora vieron como denunciante y denunciado forcejeaban y caían suelo.
Nuevamente fue vital el informe del doctor Bocchio, quien volvió a considerar que las lesiones pudieron ser producto de la caída. Además negó que los derrames que tenía Arguello en uno de sus ojos fuera producto de gas pimienta, sino más bien de un golpe, por ejemplo contra el suelo. También indicó que no presentaba marcas en el cuello, pese a que el chico dijo que Silva lo estrangulo con sus brazos.
El juicio culminará el próximo miércoles a las 9 horas con la presentación del último testigo, Gonzalo González, quien fue el tercer demorado junto a Arguello y Correa, por lo que se lo considera fundamental ya que pudo ver y oír lo que ocurrió. Luego se producirán los alegatos y pedidos de las partes.
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