Se trata del oficial Jonathan Ansaloni, quien dentro de una peluquería golpeó y amenazó con su arma reglamentaria a su ex pareja, en una discusión por la visita del hijo de ambos. El fiscal Gilardenghi pidió 1 año y medio de prisión en suspenso, mientras que la defensa solicitó la absolución.
Con la declaración de los últimos testigos presenciales del hecho, mujeres que se atendían en ese momento en la peluquería de calles 30 y 15, y la de uniformados que intervinieron en el violento episodio, se desarrolló hoy a la mañana la segunda y última jornada del juicio oral y público contra el uniformado de la Comisaría Segunda, que en la actualidad se encuentra en situación de pasiva.
El desarrollo del juicio dejó instalado en quienes siguieron todas sus alternativas la sensación de no haberse profundizado, al menos desde las figuras acusatorias aplicables y eventual condena, en quién llevó adelante la acción violenta, que no es un vecino común con una crisis de nervios temporal, sino un uniformado –con la responsabilidad que su cargo representa- que utilizó el arma reglamentaria que el Estado le entregó para brindar seguridad a la ciudadanía, para amenazar a una ex pareja.
Dicha sensación se profundiza cuando tampoco la Justicia accionó contra la liviandad y protección que el resto de sus compañeros de fuerza intervino en el caso, quienes no solo dejaron que Ansaloni exhibiera en todo momento su arma hasta llevarse a su hijo, sino que también algunos –en el mismo episodio- fueron más allá y hasta deslizaron comentarios machistas ante las mujeres presentes, en clara defensa del accionar del policía exaltado.
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