Juicio a Payela: "Me puse como loco"

Juicio a Payela: "Me puse como loco"
El acusado llegó a un acuerdo monetario con la víctima para que desista de participar como querellante en el juicio. La acusación contra Gabriel Rolando Payela la realiza el fiscal de la Cámara, Jorge Marcelo Amado. "Le quise pegar en la cabeza y se me escapó el tiro", dijo

Este martes, en la Cámara del Crimen 1, comenzó el juicio contra Gabriel Rolando Payela, el hombre que baleó en la cabeza a un chico de catorce años frente a su casa del barrio Zona Oeste Quintas, de Santa Rosa, el 17 de enero de 2011. Está acusado por intento de homicidio agravado por el uso de arma de fuego y llega al juicio en libertad. Solo estuvo un mes detenido. La víctima, Cristian Ezequiel Saucedo, no se presentó este martes a declarar y fue citado por el tribunal para el próximo 3 de abril, cuando también se escucharán los alegatos.

Payela aceptó hablar en indagatoria. Dijo que es empleado municipal en Santa Rosa desde hace 25 años, actualmente vive en Uriburu y está adscripto como cadete en la legislatura provincial. Tiene una mujer y tres hijas, de 7, 9 y 16 años.

Payela recordó que aquel mediodía entró a su casa, a lavarse las manos, porque la esposa le había avisado que estaba la comida lista. Se dio cuenta que había dejado el portón del taller abierto y salió. En esas circunstanias, observó a dos chicos salir del interior del taller.

Cuando llegó al portón, vio a un tercero, dijo, que le estaba sacando un tacómetro de un Renault 12 de un cliente, estacionado en la vereda. “Les pido que por favor dejen de robar. Y me dicen que la próxima vez me iban a violar a mis hijas y me iban a quemar la casa. Me puse como loco”, relató.

Payela confirmó que ingresó al taller y tomó el revolver Italo, calibre 32, que le había dejado un cuñado hacia dos meses. “No sabía si estaba cargado o si andaba o no andaba. Lo primero que manotié (sic) es eso”, dijo.

Dos de los chicos escaparon corriendo. Pero a Saucedo lo alcanzó en la esquina y lo tomó por la mochila que llevaba en la espalda. Dijo que creyó que tenía alguna herramienta del taller escondida adentro. “Le voy a pegar en la cabeza y se dispara el arma”, afirmó. Y agregó que atinó a entrar a la casa y llamar por teléfono a un ambulancia, para después salir y “asistir” a la víctima. “Yo le quise pegar con el revólver, pero no le quiero disparar. Fue un segundo y sentí la explosión y el chico cae”, insistió.

-¿Por qué tomó el arma de la repisa y no un caño o un fierro? -le preguntó el fiscal Jorge Marcelo Amado.

-Entre a buscar algo, lo ví... mi intención no fue disparar el arma.

-Dice que se le disparó un tiro ¿Su dedo estaba en la cola del disparador?

-No sé señor...

-Usted conoce de caza, de armas. Sino tenía el dedo en el gatillo... ¿Cómo se le escapa el tiro? Es imposible...

-Por eso, no se si estaba montada.

-¿Le dejaron un arma en su casa y no sabía si estaba amartillada?

-No, no la veo.

-¿Por qué se les disparó el arma?

-No se si tenía el dedo en el gatillo o no. Lo único que escuché fue la explosión.

El abogado defensor, Guillermo Barreto, le preguntó si poseía autorización de tenencia de arma. “Sí, se me había vencido hacía tres meses”, respondió. También le preguntó si había reiterados robos en su barrio .“Hay que vivir (ahí), es inseguro”, dijo, suspirando. Y señaló que conocía a Saucedo y a los otros dos chicos porque tenían “muchos antecedentes”.

Un policía y la mujer

Este martes también declaró el oficial de policía Miguel Angel Maldonado, que fue el primero en llegar a la escena del hecho. "Payela tenía el muchacho en brazos. 'Me mandé un cagadón', me decía", contó. "Se me escapó un tiro", le dijo después.

El policía relató que llamaron a la ambulancia y que creyó que a Saucedo le había "rozado" la bala en la cabeza porque no se le veía sangre, estaba lúcido, quería huir y lo insultaba constantemente. Payela, contó, le había echado agua con una botella de sidra. "Lo abracé para retenerlo. Subió a la ambulancia caminando", aseveró.

El defensor le preguntó por qué era "complicado" el barrio de Payela. "Había un grupito que robaba a cualquier hora del día porque sabían que eran menores y tenían beneficios, no los podíamos agarrar. Estaban robando sin escrúpulos", dijo. Y agregó que "de noche no podíamos entrar". Además, ese mismo día, "a un policía que quedó de custodia de la casa le fracturaron la mandíbula de un ladrillazo".

La mujer de Payela no aportó muchos datos. Olga Alicia Paul, de 35 años, contó que no escuchó el disparo porque estaba en la mesa con las nenas y tenían el televisor prendido. Luego él le pidió que llame a la policía, pero cuando salió afuera con las hijas, que se largaron a llorar, se descompuso y no pudo hacerlo.

Al rato, cuando ya Payela estaba detenido y el chico grave en el hospital, los vecinos del barrio "comenzaron a agredir" la casa. La mujer dijo que Payela tenía un fusil para cazar pero no sabía del revóvler. "De esta arma me entero después", dijo.

El cuñado

Payela mencionó durante su indagatoria que el revólver se lo había dado su cuñado, Adrián Ordoñez, dos meses antes del hecho, para que lo limpiara. El tribunal decidió citar a esta persona para que declare el próximo 3 de abril.

Acuerdo civil

La semana pasada, El Diario adelantó que la familia de la víctima desistió del juicio. No serán querellantes después de llegar a un acuerdo extrajudicial con el acusado. El acuerdo incluiría el pago de una suma mensual, unos 1.000 pesos, para que el joven realice un curso de chef durante tres años.

La víctima, Cristhian “Chanchi” Saucedo, recibió un balazo en la cabeza en la esquina de Posta de Yatasto y Tartaglia. Salvó la vida de milagro: la bala quedó alojada a centímetros de su cerebro.

El acuerdo se hizo en el plano civil. La familia Saucedo no informó del arreglo. El abogado Eduardo Fernández -quien era el patrocinante hasta la actualidad- al ser consultado por El Diario dijo: “No tengo conocimiento. No vi a la familia, algo puede haber por la postergación. Pero lo van a hacer sin mí”.

Lo cierto es que hoy inició el juicio oral y público que tiene programadas dos audiencias.

El hecho

Payela baleó al “Chanchi” Saucedo en la cabeza el 17 de enero de 2011. El juicio se postergó el pasado 3 de diciembre a último momento por la asunción como jueza de Alejandra Ongaro, que había sido la fiscala del caso.

Saucedo tenía catorce años cuando Payela le disparó frente a su casa del barrio Zona Oeste Quintas, en Santa Rosa. Está acusado por intento de homicidio agravado y llega al juicio en libertad. Solo estuvo un mes detenido.

El año pasado, la Cámara del Crimen Nº 1 suspendió el debate casi tres años después del hecho. Es porque asumió como jueza de ese tribunal Alejandra Ongaro, la funcionaria judicial que intervino en el caso. Ongaro deberá ser reemplazada.

La víctima, Cristhian “Chanchi” Saucedo, recibió un balazo en la cabeza en la esquina de Posta de Yatasto y Tartaglia. Salvó la vida de milagro: la bala quedó alojada a centímetros de su cerebro.

Payela, de 39 años, contará con la defensa del abogado Guillermo Barretto, mientras que el abogado José Eduardo Fernández revistaba como patrocinante de la familia.

Al momento de su indagatoria, y durante la reconstrucción del hecho que se realizó en el lugar, Payela dijo que Cristhian, junto a otro chico más, estaba robando un velocímetro de un auto que tenía para arreglar. Cuando los vio, los menores escaparon, él tomó un revólver calibre 32 y comenzó a perseguir a Cristhian. Lo tomó de la mochila al llegar a la esquina y en el forcejeo, alegó, se le escapó el tiro.

En la causa, dos testigos contradijeron esa versión. Sin embargo, como la querrella se bajó, también cayeron esos testigos. Un amigo del chico, Abraham, y la tía de este declararon que Cristhian y Abraham caminaban por la calle Tartaglia y al llegar al domicilio de Payela vieron a este salir en persecución de un menor. El hombre no les dijo nada y los chicos siguieron caminando hasta llegar a la casa de la tía de Abraham, quien se quedó con ellos en la vereda. Minutos después, llegó Payela en moto y a punta de revólver obligó a Cristhian a subir al vehículo y partieron hacia la casa de Posta de Yatasto y Tartaglia. Allí dentro, el hombre le disparó al muchacho en la cabeza a sangre fría y luego lo arrastró hasta la vereda, donde lo roció con una botella de una bebida alcohólica.

El chico permaneció varios días en estado crítico, con la bala alojada en su cabeza, cerca del ojo izquierdo, aunque finalmente pudo recuperarse. De todos modos, aún hoy sufre las secuelas del disparo.

El acusado llega al juicio en libertad. La fiscala del caso, Alejandra Ongaro, en su momento se había quejado por esa resolución porque no recordaba “un caso en el que alguien procesado por un (intento de) homicidio pueda estar en libertad, mucho menos siendo una persona con antecedentes que tiene una condena penal: salió con un revólver a matar y gracias a Dios el chico se salvó”.

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